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Historias de mi mundo.

Gusanillos.

El señor Lucas, sentado en la terraza de su casa, parecía estar ausente, sin embargo en su mente se proyectaba una película de larga duración, eso sí, en blanco y negro, porque él era mayor y en su juventud no existía tanto color como ahora.

Aquel día le había visitado su nieto Alfonsín y le contó que pretendía marcharse a trabajar a España, concretamente a una ciudad llamada Zaragoza, la empresa donde trabajaba le brindaba la oportunidad, ofreciéndole además un buen sueldo durante ese año que iba a durar el traslado.

¡Zaragoza, que recuerdos! Cuando estuvo por allí tenía 25 años, quizás fue una de las pocas personas que en aquella época realizara un viaje de placer, nunca en su casa tuvieron problemas monetarios y a él lo bautizaron como niño bien, mas conocido hoy por niño pijo, su misión era con su dinero disfrutar y a la vez si podía conseguir mas dinero y lo había logrado, bueno hasta cierto punto.

Una señora de unos 50 años, salio y le dijo a Lucas

- Papá, ya está la cena.
- Hija, no tengo ganas de cenar.
- Aunque sea un poquito de sopa para que tomes tus pastillas.
- Déjalo María, siéntate aquí a mi lado, quiero contarte una historia...

María entra a la casa y vuelve con una silla en la que se sienta, bueno tendré que escuchar otra vez alguna batallita, pero resignada piensa, a mí también me gustara contarlas y no tardando mucho.

- Dime, papá, te escucho.
- Verás tu hijo Alfonsín me ha contado lo de España.
- ¿y?
- Me gustaría marcharme con él.
- ¿Que dices?
- Si, dejé cosas pendientes por allí.
- Papa, no sé si te das cuenta que has cumplido los 75, y hace 50 años que regresaste de allí, cualquier cosa que dejaras pendiente ya poca importancia podrá tener hoy.
- Pues tu creerás que no, pero la tiene y mucho más para vosotros dos que para mí.
- Venga, vamos a cenar, mañana ya se te habrá pasado.
- Crees que me comporto como un niño, pero te vas a sorprender cuando lo oigas.
- Esta bien, adelante...

Año 1.955, Zaragoza, España; había un tranvía que llamaba la atención a Lucas, siempre que podía subía a él, le suena que le llamaban el tranvía con jardinera, se componía de dos cuerpos que no se comunicaban entre sí, elegía la parte de atrás y en esta los últimos asientos, no sabía por qué pero le atraía, era la línea 33 y su cartel de recorrido anunciaba Torrero - Delicias.

Se sentía en la gloria en aquel tranvía, era como si viera pasar la vida desde lejos, contemplaba desde allí a los transeúntes y a los viajeros, aunque no era un lobo solitario, le gustaba estar solo en aquella parte, claro que no en todas las ocasiones lo conseguía.

Un día que iba muy lleno se sentó a su lado una chica muy mona, abrió un periódico y se puso a leer, llevaba una cartera de mano, como le molestaba, la colocó en el asiento a su derecha, Lucas estaba a su izquierda, así trascurrió el viaje Lucas seguía absorto contemplando la vida desde lejos, María leía el Noticiero, levantó la vista y comprobó que debía de apearse en la próxima parada al lado de la Iglesia de San Antonio en el barrio de Torrero, dobló su periódico, tomo la cartera y se dirigió hacia la puerta de salida, paró el tranvía, bajo y este continuo su recorrido.

Lucas bajó en la parada siguiente, vivía en una pensión al lado del Cine Venecia, entró en casa y saludo a Laura, era la dueña de la pensión, el trato que le daban era muy familiar y el se sentía allí como en su propia casa.

Entró en su habitación, tenía una mesita que le hacia las veces de escritorio, dejó la cartera encima de ella, se quitó los zapatos y cuando se estaba poniendo las zapatillas, se dio cuenta de algo que no le cuadraba, la cartera que había dejado en la mesa no era la suya.

Se sentó y se quedo mirando la cartera con atención, pensó:

- Es de la chica que se sentó a mi lado, se llevó sin darse cuenta la mía en lugar de la suya, veamos dentro llevará algún dato con su dirección y las cambiaremos de nuevo.

Lucas al abrirla se llevó una sorpresa, dentro encontró una caja de cartón rectangular que llevaba en la tapa perforados unos orificios, abrió la caja y Dios mío lo que encontró, una docena de gusanos de seda, grandísimos que estaban poniendo a buen recaudo unas hermosas hojas de morera. Conclusión, si no conseguia su cartera habría perdido bastante, pues casualmente él llevaba unas escrituras de unos Montes que había comprado en Torrero y trescientas mil pesetas. Las escrituras podrían rehacerse pero las trescientas mil pesetas lo veía un poquito mas dificil de recuperar, era una fortuna en aquellos tiempos, pero Lucas podía permitirse el lujo de llevar encima ese dinero y mucho mas, lo que no le agradaba era que le hubieran tomado el pelo de aquella manera, cambiándole su cartera por otra con doce gusanos. A ver, le salía cada uno a veinticinco mil pesetas, algo caros, a pesar de ser un buen comerciante, esta vez tenía sus dudas en poder conseguir por ellos tan siquiera una simple peseta.

Dejó la caja sobre la mesa y al ir a colocar la tapa vió debajo de ella la siguiente frase:

Lucas, TRECE no son doce mas uno.

- No entiendo nada, quien me ha cambiado la cartera sabía mi nombre y mis supersticiones.

Vocación de torero no tenía, pero supersticiones como ellos sí. Discurria, hay doce gusanos de seda y TRECE sí son doce mas uno, lo cual quiere decir, que doce son los gusanos y mas uno no hace trece, porque el correspondiente a ese número no es un gusano, ¿que significado tenía todo aquello?. ¡Ya!, lo acababa de comprender todo de golpe, cuando él era pequeño le gustaba criar gusanos de seda y decía que cuando fuera mayor, iba a comprar un mundo para poder criar millones de gusanos, esto debía tener algo que ver con aquello, pero no terminaba de encajarle, ¿por que le habían estafado de aquella manera?

Andaba en estos pensamientos, cuando oyó un ruido sordo dentro de la caja, como cuando algo pesado se cae desde una altura considrable, la volvió a abrir y...

Se quedo completamente fuera de sí, habían desaparecido los doce gusanos de seda de dentro de la caja y ahora solamente contenía un lingote de oro que bien pesaría diez kilos, de nuevo se fijó en la nota, había cambiado su contenido, esto se leía:

Lucas, las matemáticas son un fraude, UNO vale más que DOCE, sin embargo aprovecha el DOCE.

¿Estaba empezando a ver visiones?, primero 12 gusanos, ahora 1 lingote de oro, ¿que valor podía tener eso? no alcanzaba a imaginarlo, ¿estaba bebido? ni siquiera le había podido hacer daño el agua, no había bebido ni agua. Entonces... ahora le salía el kilo de oro a 30.000 pesetas, ¿cual era su precio oficial?, ¿que iba a hacer con eso?, ¿era definitivamente suyo?, ¿no se lo reclamaría alguien?, ¿la chica del autobús era su hada madrina? ¿debía de acudir a la policia y contar toda esa absurda historia?, no le iban a creer y le podian incluso a decomisar el oro por sospecha.

Así que decició solucionar el problema el solo, escondería ese oro en uno de los Montes de Torrero que había comprado y luego ya pensaría mas despacio. Pero por que correr el riesgo de esconderlo en un solo sitio, lo escondería en 12 Montes distintos, por eso le habían proporcionado la pista con los 12 gusanos. Debería de cortarlo, para ello necesitaria una vidia muy especial de diamante, pero creía que no iba a ser dificil conseguirla, seguro que en la Droga Ildefonso...

Continuará...

21/05/2007 11:54.

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