Moncayo

La temperatura, agradable, al menos en la zona del bosque, con una sombra continua; la vista de los pueblos del valle, cuando llegabas a alguna atalaya, esplendida; el silencio total; un par de gusanos y alguna lagartija, los únicos indígenas del hábitat.
Los bordes de la cumbre del Pico San Miguel, todavía blancos, con la última nieve caída a primeros de mayo. Las florecillas, en la parte baja del circo, lo llenan de colorido y esplendor. A la vuelta,  un grupo de tres y otro de dos personas, subían. En los alrededores del Santuario, una pareja de extranjeros iban con un trípode y una máquina de fotografías.
10/06/2010 23:54 Enlace permanente.

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