Escrito en 1917 - El año del hambre(1)

 

"Contaba mi padre, generoso y humano, que en la vida no hay que dejar morir de hambre a la gente, porque así ocurre que el hambriento se defiende, destrozando las riquezas del poderoso. El año del hambre (1917), la gente ansiosa de venganza contra los que acaparaban el pan tiraba el trigo por la barandilla del puente al rio. El recuerdo de esta dolorosa realidad viene a mi memoria porque quien quiera ponerse en contacto con la vida puede ver que nos acercamos a un contraste de realidades opuestas: el hambre de la mano de la riqueza. Hablan los periódicos de la existencia de cantidades fabulosas en las cuentas corrientes de los bancos, de cotizaciones fantásticas de productos; del alza inverosímil de acciones navieras y mineras, de ganancias, de reparto de dividendos, que tocan en el límite de lo absurdo, de lo inverosímil. El mundo del dinero, los que suscriben los balances, los grandes empréstitos, por el afán de enriquecerse pierde el concepto de la dignidad, la idea de los sentimientos, porque con tal de ganar lo mismo les importa comerciar con lo lícito que con lo prohibido, con el extranjero que con la Patria. La cosa es enriquecerse. No piensan que todo el dinero que, puñado a puñado va a sus manos, fue antes en partes ínfimas al bolso de los que van dejando un pedazo de su vida en cada hora del cuotidiano trabajo y que ellos luego lo sueltan en montón por mal comer, para enriquecer a los que comercian con la vida de los hombres. Unos viven en continua sucesión de fiestas, en disfrute continuo de la vida placida; otros viven atados siempre al carro del Dolor: el hambre y el frio”.

Publicado en un periódico local de un pequeño pueblo, el día  27/12/1917

09/01/2011 20:44 Enlace permanente.

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