LA AMENAZA QUE NO DESPARECE

Hasta la vicepresidenta Fernández de la Vega, candidata del PSOE por Valencia, ha calificado la sentencia del Tribunal Constitucional contra el recurso de Aragón como una buena noticia.
Bizén Fuster, Presidente Nazional de CHA.
El Periódico de Aragón (21/12/07)
Como si del Ave Fénix se tratara, el fantasma del trasvase del Ebro renace de sus cenizas, especialmente en vísperas de elecciones. A pesar de la derogación del trasvase del Ebro, formalizada en 2005, se han seguido sucediendo los pronunciamientos y las declaraciones y --lo que es peor-- las acciones a favor del mismo, tanto de personas como de instituciones. Y ello, tanto desde el Partido Popular como desde el PSOE, y tanto desde las comunidades del Levante --Valencia y Murcia-- como desde ámbitos estatales.
De los últimos meses hay una extensa nómina de hechos en ese sentido. Así, en el debate de investidura del Parlamento valenciano, el candidato, Francesc Camps (PP), y el líder de la oposición, Joan Ignasi Plá (PSOE) rivalizaron en trasvasismo, bien parapetados en la reforma del Estatuto Valenciano (apoyado por PSOE y PP tanto en Valencia como en Madrid) por el que se arrogan el derecho a captar aguas de cuencas "sobrantes" que consideran excedentarias.
EN SEPTIEMBRE era el exministro y expresidente de Castilla-La Mancha, José Bono (PSOE), quien defendía en Burjassot el trasvase del Ebro para Valencia y Murcia "por solidaridad" (Bono ha sido, prematuramente, designado como futuro presidente del Congreso de los Diputados). En octubre, el PP retiraba en el Senado una iniciativa a favor de un minitrasvase del Ebro a Castellón, activando el Canal Xerta-Càlig. Un minitrasvase a favor del que se ha pronunciado reiteradamente el diputado del PSOE y exministro, Jordi Sevilla, sin ser desmentido por su partido.
La presentación de varias enmiendas, por parte del PP en el Congreso, para incorporar cifras multimillonarias para el trasvase en los Presupuestos Generales del Estado para el 2008, con sus desmentidos y rectificaciones, no hizo sino coincidir con la pretensión de Mariano Rajoy, de retomar el proyecto si accedía a la presidencia del Gobierno. En noviembre, el PP valenciano aseguró que el trasvase del Ebro estaría en el programa electoral de su partido, y Rajoy afirmó en un mitin en Murcia que "tiene que haber trasvases".
AHORA, en diciembre, el Tribunal Constitucional acaba de rechazar los recursos de inconstitucionalidad interpuestos por los Gobiernos de Aragón y de Castilla-La Mancha contra el Estatuto valenciano. El PP de esa comunidad ya se ha apresurado a confirmar que "este fallo abre el camino al trasvase" y hasta Aznar se ha animado a pedir que se retome.
Lo curioso es que también la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, ya candidata del PSOE por Valencia (pudo serlo por Zaragoza), ha calificado esa sentencia como una buena noticia (no para Aragón, claro). Preguntada la ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona (PSOE), por todas estas declaraciones, se limitó a decir que los que opinan no tienen competencias en materia de aguas.
Junto a los pronunciamientos, los hechos no se quedan cortos: el Real Decreto 907/2007, de 6 de julio, por el que se aprueba el Reglamento de la Planificación Hidrológica, deja la puerta abierta a futuros trasvases. Así, en su capítulo II, que regula el contenido del Plan Hidrológico Nacional (PHN), en el artículo 67.1 c) dispone que contendrá en todo caso "la previsión y las condiciones de las transferencias de recursos hidráulicos entre ámbitos territoriales de distintos planes hidrológicos de cuenca".
Y en términos similares se expresa en los artículos 67.3 y 69.1 y 2 del referido reglamento (BOE de 7 de julio de 2007). Es decir: todo un "manual de instrucciones" administrativas (elaborado y aprobado por un gobierno PSOE) para incluir un trasvase en el Plan Hidrológico Nacional. ¿Qué más necesitamos ver o escuchar? La conclusión parece evidente: si en las próximas elecciones generales se da una situación de mayoría absoluta (del PP, por supuesto, pero también del PSOE) los aragoneses podemos ponernos a temblar. Los tres proyectos del trasvase del Ebro han venido con mayorías absolutas. El primero, en 1973 (con la del tardofranquismo); el segundo, en 1992 (con la del PSOE de Felipe González) y el tercero, en 2000 (con la del PP de José María Aznar).
¿Seremos los aragoneses lo suficientemente inteligentes --electoralmente hablando-- como para evitar un cuarto proyecto de trasvase del Ebro con otra mayoría absoluta?

