ÁNGELA LABORDETA: "A VECES ME DIGO: ¿QUÉ HAGO YO AQUÍ?"

POR JOAQUÍN CARBONELL
La historia de Matilde y Catalina, dos amigas, es la mirada al universo femenino más íntimo y cerrado. Una novela dura, sin concesiones, que supone la presencia de esta escritora tras ocho años sin publicar.
--Una novela dura.
--Durita...
--¿De dónde sale eso?
--La verdad es que todas mis novelas son duras. En esta ocasión es mayor porque la historia en sí habla de unos personajes duros. La historia de la literatura está repleta de este tipo de historias al límite.
--No son sus vivencias...
--No. Yo creo que en casi todos los personajes hay algo tuyo, pero la historia en sí no tiene nada que ver con mi vida. Habla de la infancia, de la adolescencia o de la madurez.
--¿Necesitaba escribirla?
--Después de escribir Bombones de licor, novela saga, muy larga, uno acaba cansado y prefiere contar algo más breve. Esta historia surge porque yo me encuentro a una persona de mi adolescencia, y al charlar con ella, comienza a surgir la novela.
--¿Las novelas te llaman o se buscan?
--Yo creo que te llaman al principio, pero luego la novela se busca más a sí misma. De todas formas en esta ocasión tenía muy claros los personajes y los tiempos, porque yo quería contar esa historia concreta.
--¿Es para usted un gozo o un sufrimiento la escritura?
--Yo me lo ha pasado siempre bien escribiendo. De repente tienes momentos de parón, en donde no avanza la historia, pero en general disfruto escribiendo.
--¿Se plantea su posición en la literatura, un qué hago yo aquí?
--La verdad es que sí; con este libro más, porque no pensaba ni publicarlo. La novela tiene cinco o seis años y estaba en un cajón abandonada. Ten en cuenta que la última, Bombones de licor, es del 2000, mucho tiempo. De vez en cuando cogía la novela y le metía mano, pero sin ánimo de publicar. Hasta que Xordica me la pidió y la he publicado. Y me dije: ¿qué hago yo aquí otra vez?
--¿Entiende entonces la literatura como un entretenimiento?
--No es un entretenimiento aunque no me lo planteo para vender cien mil ejemplares. Es algo muy vital.
--¿No deberíamos ser más ambiciosos?
--Si pasa, bienvenido sea. Uno escribe para ser leído...
--Pero da la impresión de que somos muy modestos, sin ánimo de lucro...
--Hombre, la verdad es que no pongo mucho de mi parte. Me tiene que venir de sopetón y sin incomodarme. El éxito no depende tanto de las obras, como de unas cuestiones de mercado y de coincidencias.
--¿Le deja leer sus novedades a sus padres?
--Sí, mis padres son mis críticos más feroces.

