Una vez la raíz tuviera ese "ingrediente", podía utilizarse para los hechizos. Por esta causa, era habitual que los patíbulos donde se iba a ajusticiar a un hombre estuvieran plagados de raíces de mandrágora, con la esperanza de que el pobre ahorcado eyaculara al sentir la asfixia, como, según la creencia popular, suele suceder. Si se lograba el objetivo, se podían crear con la raíz poderosos bebedizos que lograban ampliar la potencia sexual del hombre, aumentar la fertilidad de la mujer, encontrar tesoros ocultos...
Otra de las peculiaridades de la mandrágora era la dificultad a la hora de cosecharla, ya que se decía que la persona que la arrancaba moría fulminada. Así pues, se solía atar una cuerda a la raíz y poner el otro extremo en torno al cuello de un perro, que tras recibir un aguijonazo, salía despavorido arrancando la planta. Otra de las "lindezas" de la cultura