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CUENTOS DEL CAMINO. "SAN BOAL"

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No todo son ventajas de hacer el Camino uno solo. También conlleva sus peligros. Hoy os quiero contar lo que le sucedió a Lis el año 1993.

Esta danesa es una mujer extraordinaria en todos los sentidos. Habla por lo menos siete idiomas y ha recorrido medio mundo. Después de hacer el Camino de Santiago, dejando todo: su casa, su trabajo de profesora y su hijo en su ciudad, Rudkobing, marchó a Nueva Zelanda para trabajar por las mujeres del mundo.

Este Año Sano Compostelano hacía la peregrinación a Santiago sola, pues le gustaba ir a su ritmo, cantando salmos y rezando a sus Ángeles, a los que tenía mucha devoción. En la etapa de Tardajos a Catrojeriz, al pasar por el arroyo Sambol, se acercó a visitar la reciente construcción de un elemental refugio –sólo hay un techo y un hogar donde encender lumbre y ni siquiera los ventanales están cubiertos- que el pueblo de Iglesias tuvo la atención de llevar a cabo en un sitio privilegiado del Camino, donde no falta el agua ni la sombra, y el silencio y la soledad protegen al peregrino. Mas no siempre lo protegen, pues el anterior año santo, por estos mismos parajes, una peregrina inglesa sufrió el expolio, la violación y la muerte. Nuestra Lis del cuento sabía esto y por eso su temor se acrecentó sobremanera cuando un hombre gordo con un palo en la mano se le acercó a la entrada del refugio y le comenzó a hablar. Lis se percató enseguida de que aquel individuo no era ningún peregrino y que en sus ojillos porcinos brillaba una peligrosa luz de concupiscencia carnal. Le comenzó a decir que por qué iba sola, que si no había oído lo que le había pasado a la inglesa. La danesa se defendía diciéndole que no iba sola, que unos compañeros venían por detrás. Pero el gordo, asomándose al ventanal, le contestaba que él no veía a nadie. Lis, encomendándose a sus Ángeles y sin parar de hablar, pues sabía que en estas situaciones el hablar distrae momentáneamente las malas intenciones, salió del refugio todo lo deprisa que pudo, y el “gordo” tras ella. Al llegar al camino principal se encontraron con un tractorista joven que venía conduciendo su tractor. Nuestra peregrina respiró aliviada; pero poco le duró su tranquilidad, pues el joven del tractor, a penas vislumbró al “gordo”, sin parar siquiera la máquina, se abalanzó sobre él y mientras le golpeaba, lo increpaba gritándole:

-Ya estoy harto de que vayas diciendo por ahí que yo tuve que ver en el caso de la inglesa. Tú si que demuestras que eres capaz de esos crímenes y por eso sales al encuentro de las peregrinas solitarias. ¡Te voy a romper esa cabeza de cerdo que tienes!

Y a fuer que lo hubiese conseguido si no llega a ser porque el tractor, todavía en marcha, subió por el margen de piedras y volcó en medio del camino; sus ruedas quedaron girando al aire hasta que el tractorista, desentendiéndose del “gordo”, se acercó al tractor y paró el motor.

Lis, aterrorizada, echó camino adelante, todo lo deprisa que le permitían sus temblorosas piernas, dando gracias al Apóstol y a sus queridos Ángeles por haberla librado de un trance tan peligroso. Y decidió que, aunque tuviese que madrugar, saldría a caminar en las próximas etapas acompañada.



Zaragoza, 2006

26/11/2008 13:43 Enlace permanente.

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