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CUENTOS DEL CAMINO. "LA PUERTA DEL PERDÓN"

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¡Con cuánta ilusión y entusiasmo había comenzado Agustín la peregrinación a Compostela! Se había preparado a conciencia para afrontar con éxito las largas etapas que pensaba llevar a cabo. En el rito del envío, en la iglesia de Santiago de Jaca, ya soñaba con el abrazo al Apóstol. Agustín tenía un carácter impulsivo e impaciente que no le dejaba sosegar cuando tenía algo que hacer. Y el Camino, su primer camino, era muy importante para él. Por eso quemaba etapas en su imaginación para llegar cuanto antes al final de su meta.

Mas el hombre propone y Dios dispone, como dice el refrán. Hasta Astorga todo fue rápido y bien; pero en la bajada a Molinaseca resbaló en un tramo de escurridizo barrillo, cayó y se lesionó una rodilla. Echándole coraje pudo llegar hasta Ponferrada. Allá se compró en la farmacia una rodillera y pensó que con el descanso de la noche se le pasaría el dolor. Al levantarse a la mañana siguiente comprobó que la lesión seguía y también el dolor, aunque no tan agudo. Este pequeño dolorcito, pensó, no iba a poder más que su espíritu deportivo y su gran ilusión por llegar hasta Santiago. Así que se colocó la rodillera, cargó con la mochila y, asiendo el bordón con fuerza, comenzó a caminar. Al menos, llegar hasta Villafranca del Bierzo. Sabía que en la Edad Media los peregrinos que se veían imposibilitados para continuar el Camino, ganaban las indulgencias entrando a la iglesia de Santiago por la Puerta del Perdón, que es la que da al Norte y tiene esos bellos capiteles historiados (hoy en día cerrada). Hasta esta puerta llegó nuestro Agustín arrastrando su dolorida pierna, que con el ejercicio de la caminata había empeorado, pese a la rodillera. Allí lo encontró Jesús Jato y lo llevó a su cercano albergue, el Ave Fénix, que en aquellos años consistía en un desvencijado cobertizo recubierto con plásticos. Lo acostó en una miserable colchoneta de espuma y se dispuso a aliviar el dolor del magullado peregrino con sus acostumbrados pases mágicos de manos. Pero lo de Agustín era mucho más grave que un simple cansancio muscular o una, tan frecuente en el Camino, tendinitis. En lugar de sentir alivio, cada vez empeoraba y no sólo su rodilla, sino también su estado general: le brillaban sus ojos febriles y un sudor frío le perlaba su frente; entre tiritones causados por la fiebre, balbuceaba en su delirio:

-No me apartéis de la Puerta del Perdón. Llamad al Párroco de Santa María, que quiero confesarme. Si está ocupado con los ingleses, que los deje, pues lo mío corre más prisa.

Jato no entendía esto de los ingleses. No sabía que a Agustín le había contado un amigo lo que le había pasado con el Párroco, que lo requirió para confesarse y le contestó que ahora no podía porque estaba explicando las características de la iglesia a unos turistas ingleses. Jato estaba intrigado; pero, sobre todo, asustado por el estado del peregrino, llamó a un médico que, después de reconocerlo, diagnosticó una posible pulmonía, además de la lesión de la rodilla de la que no podía opinar hasta que no se le practicasen las pruebas pertinentes. Pero ahora lo importante era la pulmonía; había que bajarle la fiebre y medicarlo, pues peligraba la vida del joven. El mismo médico lo ingresó en el Hospital de Vilafranca.

Jesús Jato iba a visitarlo todos los días. Cuando el enfermo hubo salido del peligro le preguntó Jato si aún quería ver al Párroco. Agustín dijo que sí, que lo deseaba tanto como curarse, pues la salud del espíritu era para él más importante que la del cuerpo. Llamaron al Párroco, que acudió en seguida. Esa vez no tenía turistas ingleses. Cuando Agustín le contó el incidente con su amigo, el bueno del cura dijo no acordarse de nada, pero le hizo gracia. Agustín se confesó y recibió la comunión. Ya había conseguido ganar todas las indulgencias que se dispensan en la Catedral compostelana. Pero, además, había conseguido tres nuevos amigos a los que nunca olvidaría: Jesús Jato, el médico que lo atendió primero y el Párroco de la Colegiata de Santa María.


Zaragoza, 2006







26/11/2008 14:09 Enlace permanente.

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