El cóctel universitario de baja natalidad y alto abandono es explosivo

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La caída demográfica, los desajustes oferta-demanda y la baja fidelidad y alto abandono de los usuarios no haría de la universidad pública una empresa muy rentable. Los hijos de la nueva inmigración, los estudiantes extranjeros y los cambios de regulación, más el apoyo presupuestario público a las instalaciones y a la actividad científica van ha hacer que la situación sea menos dramática y evidente, en apariencia.


 
El cóctel universitario de una baja natalidad con un alto abandono es explosivo. Si la institución pública responsable de la educación superior fuese una empresa privada tendría muchos números para la quiebra. Por tres razones.

Primera. El mercado se empequeñece por qué las cohortes locales, a las que correspondería entrar, son las más reducidas de la historia.

Segunda. Se mantienen los desajustes entre la oferta y la demanda, es decir, las solicitudes de los “clientes” pre-universitarios y los clientes “empresas” que “comprarán” el out-put salido de la universidad no se corresponden con la oferta que la institución académica propone. Los estudiantes piden cursar periodismo o veterinaria y la universidad propone una carrera de humanidades. El mercado de trabajo querría nuevos ingenieros y médicos y la universidad ofrece biólogos.

Tercera. Si una empresa perdiese, durante más de 10 años, entre un 30 y un 40% de sus clientes, la mayoría de ellos el primer año, el consejo de administración no mantendría ni la misma estrategia ni al mismo director general.

Por suerte para la universidad pública, nuevas oportunidades le permiten parar los golpes. Los estudiantes hijos de la nueva inmigración, el interés de estudiantes extranjeros de cursar algunas asignaturas y vivir la experiencia de la formación en España y las modificaciones de la reglamentación educativa que fomentan las pasarelas entre la Formación Profesional y la universidad van a frenar el batacazo que se avecinaba.

Las nuevas inversiones públicas, el fomento también público de la investigación científica desde y para la universidad y el hecho que muchos de los docentes universitarios son funcionarios públicos, suscita que “la quiebra” no se producirá.

De todos modos, debería aprovecharse la excusa de la convergencia europea que la Declaración de Bologna exige para hacer los cambios estructurales necesarios. Al contrario, me da la sensación que estos cambios indispensables, según mi visión, no sólo no se van a producir, sino que, en el último lustro, la Universidad y sus miembros componentes, con el beneplácito de los gobernantes, se ha cerrado más en si misma, autoprotegiéndose, de forma corporativa y desaprovechando algunas claras oportunidades.
 

13/12/2006 08:29.

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