Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2011.

* Imagen de una de las obras expuestas en el Centro, Taller de Pintura en Óleo.
Un abuelo muy sabio estaba hablando con su nieto. Le decía:
- "Me siento como si tuviera dos lobos peleando en mi corazón. Uno de los dos, es un lobo enojado, violento y vengador. El otro, está lleno de amor y compasión"
El nieto preguntó:
- "Abuelo, díme, ¿cuál de los dos lobos ganará la pelea en tu corazón?"
El abuelo contestö:
- "Aquél que yo alimente"





Como las costumbres y el léxico de ahora, o de hoy, son distintas, comienzo diciendo que un requiebro o requebrar es lisonjear a una mujer, alabar su atractivo; es decir, piropearla, echarle flores o halagar sus encantos.
A mí, no sé si es porque soy un seductor o un tipo jacarandoso, me place, me chifla, piropear a las mujeres. Me parece hasta castizo, y ser castizo es practicar, usar el lenguaje o quehacer, costumbrista, tradicional o verdadero del país, región o pueblo del que se es nativo, residente o simpatizante.
Castizo, o castiza también, se aplica a la persona que tiene cualidades, aptitudes o atributos para, con desenfado, desparpajo y graciosa desenvoltura, representar, decir o hacer todo aquello inculcado o aprendido de su raza, estirpe, linaje, prosapia o abolengo.
Ahora ningún hombre suele decirle a una dama: "Señorita, a pesar de la sequía que hay, cuando la veo, se me hace la boca agua". O "Búsqueme en el manicomio, que sus ojos me vuelven loco". O .. "Te voy a regalar un letrero que diga: no hay mujer más guapa en el mundo entero".
Recuerdo que una vez mi señora vino contentísima a casa. Tan contenta que hasta yo se lo noté, y muy osado, le pregunté, "¿Te ha tocado la lotería?, te noto dichosa, eufórica...". "Motivos tengo", me contestó, "Hoy me ha ocurrido una cosa muy bonita. Fuera de lo común. Me han piropeado. Me han dicho... ¡Morena!, ¡si naces más guapa te tienen que encerrar!... ¡Figúrate!"
Cuando me narró lo acontecido, casi me fastidió..., me sentí molesto. Pero, más tarde, me alegré de lo sucedido, porque el que se aprovechó y disfrutó de ese estado de ánimo o euforia fui yo.
He dicho antes que me gusta piropear a las mujeres, y me ratifico en lo dicho. Cuando lo hago, la mayoría de los veces, la oyente o interfecta me sonrie, me da las gracias, creo que agradeciéndome el cumplido. Hecho o motivo, que me hace pensar... "Con que poco se puede hacer a una persona, en este caso femenina, feliz, o alegrarle su cotidiana labor, o el improbo trabajo". Como igualmente hizo el dandi, el Don Juan. O el hidalgo caballero que piropeó a mi querida damisela o consorte. Ahora está de moda decir "la adosada".
Según me consta, el piropo es un ejercicio o ritual genuino, típico español, para gloriar y enaltecer a la mujer española, y por dicha razón, es digno de que superviva por los siglos de los siglos.
Hagamos del piropo un bastión, estrato o doctrina, para que a través de él o con él, la vida sea más pintoresca, más atractiva, más humana o agradable. Qué nos disuada de cualquier venganza o violencia de género, tan en uso o practicada actualmente.
Piropeemos a las mujeres. Vitoreémoslas. Yo soy hijo de una de ellas, y es mucho lo que le debo.
Carlos Alentorn
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* Imagen de una de las obras realizadas en el Centro
En el sofá de mi casa me puse a leer un rato; pronto me venció la somnolencia, y en esa media horita tuve un sueño.
Me encontraba en un salón de grandes dimensiones; las paredes eran archivos, todo cajoncitos, y cada uno tenía un número. La curiosidad me llevó hasta uno de ellos, lo abrí y dentro había unas cuantas tarjetas: todas tenían mi nombre. Una ponía el tiempo que yo había pasado de vacaciones, otra las horas de trabajo, otra el tiempo que dediqué a la familia, las distracciones, el ocio, algunas cosas que ni yo recordaba. Todo estaba al detalle. Al final, en una decía: Conciencia.
Yo pensé: ¡Ajá!, ésta será bonita, yo tengo la conciencia tranquila.
Cuando empecé a leer ví todo lo que pude hacer y no hice: ayudar a compañeros, amigos, familiares, vecinos..., siempre puse pequeñas justificaciones.
Unas tímidas lágrimas corrieron por mis mejillas, y desperté entristecida. Pronto brotó una suave sonrisa. Mi conciencia había despertado conmigo.
Milagros Barco


Nuevas muestras de la Exposición.






Cantarico que en la balsa
y a la fuente te llevaba
todos los días del año,
hiciera sol o nevara.
Éste fue nuestro trabajo,
el llevar a casa el agua
en invierno, a mediodía,
en verano con el alba.
Pero tengo que contarte
que por fin llegó el descanso,
tenemos agua corriente,
eso sí que fue un milagro.
Hoy te tengo en mi granero
como a un privilegiado,
entre todos mis recuerdos
eres tú el más preciado.
Al contemplarte de nuevo
y verte ahí tan lozano,
me han venido mil recuerdos
que los tenía aparcados.
Mas, no quiero entristecerme
con los recuerdos amargos,
sólo quiero recordar
a mi cántaro de barro.
Asunción Hombria Casas
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