
El campo se afligía viéndose vacio, empezaba a desertizarse. Tiempo atrás, el capital, asesorado por sus socios, lo había trabajado con paciencia. Cuando estvo convencido y lo vio útil, él y sus socios lo sembraron de tarjetas de crédito, depósitos multi-renta, inversiones a plazos, fondos, hipotecas, créditos, préstamos y otras semillas de dudoso crecimiento.
Diciéndole que estaban haciendo lo mejor para él, lo abonaron con productos tóxicos. Hacía tiempo que el campo no se sentía tan próspero y joven. Los tallos crecían con un verde lustroso, se sentían fuertes y lozanos. toda la superficie era prosperidad. Pensaba que se mantendría siempre así.
Un día, el capital metió la guadaña y cortó toda aquella ilusión de frescura y lozanía. Más tarde, pasaron los asesores y terminaron con lo poco que había quedado. Volvían a recoger los beneficios.
El campo, con sus innumerables terrones, quedó a merced de que el capital lo volviera a sembrar con efimeras promesas de riqueza y prosperidad. Una vez más, lo habían engañado. Por largo tiempo sería un erial.
Fácilmente olvidaba que una vez más lo usaba en su propio beneficio, sin acordarse de que él lo había trabajado para que creciera.
Para el capital, era sustituible -pensó-. Se marcharían a otro lugar.
Emilio Cazcarra
Autor: pilar cortes moliner
Fecha: 04/09/2012 19:46.
Autor: Juan
Fecha: 25/09/2012 14:53.
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