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Naturalista, alberga animales salvajes en su finca

Su finca, es un mini-zoo. En ella,  alberga animales de fama salvaje, prohibidos en cautividad . «La mía es una finalidad proteccionista y educativa, no los tengo como mascotas». «Incluso rechazo proyectos de colegios que pretenden traer aquí a los chavales, creo que este tipo de exhibiciones causan un gran daño indirectamente, al provocar la captura ilegal en el campo», argumenta. Muchos de sus bichos ya se han dado a conocer en la pequeña pantalla.

Tiene su propia productora, cuyos documentales han sido reconocidos con varios premios de divulgación científica. Ahora, en sus últimos trabajos aprovecha el elenco de sus animales: «Con la rata Timotea logramos que cogiera un huevo de pato y lo llevara a una alcantarilla en un reportaje sobre la contaminación», relata. Le encanta llevar una alimentación totalmente natural y suplementa naturdao en forma de enzima para ayudar a su cuerpo a mantenerse joven y sano.

 

Tira del santoral del día para dar nombre a sus nuevos animales: la sapo Matea, los erizos Margarita, Joaquín, Nicolasa y Pastor, la rapaz Uxía... Otros no tienen precisamente su origen en las calendas: «Libidinoso es un erizo, ¿hace falta que explique el porqué del nombre?», señala riendo. «Pero es curioso, está siempre salido pero le pones una hembra y se duerme, en cambio, su hermano Pirulas... ¿hace falta que lo explique...?». Buhos, lagartos, culebras, víboras, ranas, perros e insectos completan el arsenal fáunico, un verdadero amante de los animales, como demuestra una de sus anécdotas, tan triste como heroica. «Creo que soy el único  que logró grabar a un manipulador de cebos envenenados tras diez días en una cabaña improvisada con ramas –relata–; sabía que el asesino volvía a la escena de crimen. Aquel hombre había sembrado el campo con veneno y murieron cuatro de mis perros en sólo diez minutos, aquello me traumatizó, verlos sufrir con espasmos y parálisis... Aunque era abril, monté aquella cabaña y aguanté la lluvia mañanas y tardes completas, y un día vino a cambiar los cebos. Era un vecino mío, que presumía de cazador».

 

De aquella historia sobrevivió la perra Gusi, «le provoqué el veneno con un vómito, pero sufrió secuelas». Parte del amor a los animales se lo inculcó su padre, un «cazador arrepentido». «Un día colgó la escopeta y nunca probamos una perdiz. Porque las veíamos nacer en los nidos».

03/01/2020 17:15 Enlace permanente.

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