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EL REGRESO DE LAS LEGIONES A LECHAGO (Teruel)

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     EL REGRESO DE LAS LEGIONES A LECHAGO . Legionarios italianos durante la guerra civil en Lechago. (Publicado en la revista “El Pairón”)

Siempre se ha pensado que cuando  las legiones   del Imperio romano  invadieron la península ibérica, y a través de  la Via Laminium , desde la Puerta Cinegia de Caesaraugsta, recorrieron el valle del Pancrudo en dirección hacia Cella, nunca más volvieron a pisar por estas tierras de Lechago  tras la caída del Imperio. Pero no. Dos mil años después estas legiones romanas regresaron  de nuevo a este valle y a Lechago, también como un ejército mercenario de ocupación. Esta vez serían los legionarios italianos de Mussolini, el C.T.V.

El C.T.V. - Corpo di Truppe Volontarie- fue el ejército de intervención fascista por el que pasaron unos 75.000 legionarios y  que el Duce creó para participar en la guerra civil española al lado del general Franco. Colaboraron muy activamente en la mayoría de las batallas contra el ejército de la República, resultando su intervención una de las claves para la victoria final del general sublevado.

Su paso y estancia en Lechago se produce cuando el general Franco  decide romper el Frente de Aragón, iniciándose en esos momentos  la gran Batalla de Aragón, la más importante en la contienda civil, y que precedería a la Batalla del Ebro. La estrategia de los nacionales pasó por fijar al enemigo al norte del río Ebro con acciones militares menores, mientras que  por el sur del río colocaría al Ejército Marroquí, al C.T.V. italiano y al Cuerpo del Ejército de Galicia con el objetivo de romper el frente aragonés por tres zonas: Villanueva de Huerva y Herrera; Rudilla, Fonfría  y Muniesa; y en Vivel del Río. Roto el frente avanzarían en cuña irrumpiendo en dirección Alcañiz-Caspe.

Unos 35.000 legionario del C.T.V. italiano, bajo las órdenes de Berti, serían concentrados en las proximidades de la sierra de Cucalón, en un polígono comprendido entre Daroca, Barrueco, Tornos, El Poyo, Barrachina, Allueva, Lagueruela, Ferreruela, Lechón y Nombrevilla. La gran ofensiva la inicia el C.T.V. italiano el 9 de marzo de 1938 a las 9,30 horas, tal y como estaba previsto, tras una enorme y precisa preparación inicial artillera de los italianos que fueron concentrando el tiro y las explosiones de su artillería sobre objetivos republicanos, provocando la desmoralización del enemigo y dando paso a la intervención de la aviación nacional con los durísimos ataques aéreos de la Legión Condor, la Aviazione Legionaria italiana y la Brigada Hispana. Posteriormente un avance  de los tres ejércitos citados, rompiendo el frente entre Rudilla y Salcedillo.

Para llevar a cabo esta acción con éxito los italianos disponían de muy buenos informes sobre la orografía, la situación del enemigo, la posición de las trincheras y parapetos republicanos, sobre sus unidades militares y los emplazamientos que ocupaban, sobre sus aeródromos y los lugares de abastecimiento en retaguardia.  Disponían, además, de abundante y buen material de guerra de todo tipo, incluidos carros de combate y tanquetas ligeras, enorme potencial artillero y la inestimable y contundente colaboración de su aviación.

 Las tropas italianas fueron distribuidas en tres líneas. En una primera línea estaba la División de Flechas, Azules y Negras, en la zona donde se produciría el avance más rápido, por la carretera de Fonfría a Huesa el Común y Segura de Baños. Su objetivo era Muniesa. En una segunda línea permaneció la División de Flechas Negras XXIII de Marzo, que actuaría sobre Rudilla hacia Segura de Baños. Y en una tercera línea, en la reserva, la División Littorio y el grupo de carros. Atravesadas las defensas republicanas de la División de Lister con bastante facilidad, los Flechas Azules avanzaban por Rudilla, Anadón, posición de La Muletilla, Huesa del Común y Blesa hacia Muniesa, que sería ocupada al sería ocupada al día siguiente  al igual que Oliete, para abrir paso a las otras dos divisiones del general Berti. El 11 de marzo el conde Ciano dice  en Italia sobre el avance de las legiones italianas: “España marcha viento en popa Los partes confirman un avance arrollador. Hasta el momento pocas bajas y una sola División empleada”. Pero a partir del día 20  la División de Lister sería reforzada con varias brigadas más, endureciéndose considerablemente el frente y transformando la batalla en un duro calvario para los legionarios italianos, siendo el avance más penoso y difícil. A finales de marzo el C.T.V. comienza un vigoroso ataque contra las defensas republicanas próximas a Alcañiz hasta conseguir conquistarla a primeros de Abril, tras un cruento bombardeo aéreo sobre la población civil.

Por la situación de Lechago respecto al plan estratégico de intervención italiana y a los lugares de combate, en su entorno y en el mismo pueblo permanecerían unidades de apoyo logístico y abastecimiento para el frente, no interviniendo de una manera directa en la lucha, así como un lugar utilizado para el descanso o paso de tropas antes de ir al frente. Testimonios de su paso por Lechago y de personas que convivieron con ellos  así nos lo confirman y recuerdan. Es el caso del señor José Soriano, con una memoria muy fresca y una conversación muy locuaz y amena sobre aquellos días, recuerda como aquel niño, con once años que tenía, vivió y sintió el paso de estos legionarios italianos por su pueblo.  Y como también sucedió en otros pueblos de Aragón, los jefes y oficiales estuvieron alojados en casas particulares así como en la Casa del Cura, lugar de encuentro de oficiales  y de  algunas de las fiestas que  hacían. El resto de los legionarios  permanecieron en las escuelas, pajares y graneros, así como en tiendas de campaña en la zona de Balsaín, junto a la presa, donde tenían asentada la zona sanitaria con un grupo de ambulancias. A buen seguro que si hoy día aún viviera alguno de ellos y visitara Lechago, para nada reconocería el lugar, frondoso y verde de entonces encontrándose con un triste espacio muerto, hueco y vacío hoy.  En esta zona también asentaron a una unidad de castigo, a la que los recuerdos de infancia del señor José Soriano le traen la clara imagen de verles bajar a oír misa al pueblo en estricta formación, marcando  con los clavos de sus botas  la marcha militar.

La otra zona de asentamiento de los italianos fue la partida de La Caseta, donde tenían su cuartel General, una emisora de radio cubierta con ramas de árboles para su camuflaje y el lugar de estacionamiento de coches y camiones. Posiblemente fuera una compañía motorizada para transporte, “grupo carristi”, y de  “motos Gilera”, - “que hacían maniobras por La Rambla y por los cerros cercanos, atravesando con los vehículos por todo el pueblo- nos recuerda el señor José. Desde La Caseta era desde donde suministraban el combustible para los vehículos del frente. -“Había un surtidor y siempre tenían almacenados entre 200 y 300 bidones de gasoil para los vehículos”. Hasta su derribo, se pudo contemplar en sus paredes algunas de las pintadas y grafitis que allí dejaron. Estos vehículos realizaban labores de apoyo al frente, llevando, además de combustible, munición desde el polvorín de Calamocha hasta la zona de combate, y trasportaban el agua llenando los vehículos cisterna en la fuente de Lechago: -“En la fuente llenaban el camión cisterna y los niños les ayudábamos a bombear el agua. Luego nos daban dos o tres pastillas de chocolate por nuestra colaboración-.

Los recuerdos el señor José sobre los italianos en Lechago son lejanos pero recordados con una memoria muy fresca, como si  estuviera volviendo a vivir aquellos momentos: -“Vivían muy bien, y  compraban el pan para toda la tropa aquí  en el pueblo. Gente muy correcta y educada, que  mantenían una cordial relación con sus habitantes y a los que no dudaban en prestar su ayuda o colaboración cuando la precisaban. Recuerdo sus pequeños paquetes de tabaco con sólo seis cigarros. Su botiquín de campaña y su médico siempre lo pusieron a disposición de los lechaguinos para cualquier tipo de ayuda sanitaria que alguien pudiera precisa. Lo instalaron en la casa del Angel-.

 Los italianos solían traer sus propios capellanes militares, pero desde Lechago enviaban  a Calamocha un Fiat para buscar  a mosén Antonio, con el tío Pelaire, el sacristán, para celebrar la misa de campaña en el barranco de Las Conejeras: -“Cuando se pedía durante la misa echaban muchas perras estos italianos”-, nos dice el señor José. La imagen de ver corriendo a los niños y a los monaguillos detrás del coche italiano que traía o llevaba al cura es un recuerdo aún muy vivo en él.

La vida de Lechago trascurría con total normalidad, asumiendo perfectamente  la presencia de los legionarios entre ellos y que para nada interferían en sus quehaceres cotidianos. Además de los testimonios de los que vivieron aquellos días, también  se aprecia en alguna foto de la
Rambla e iglesia  con presencia de italianos, realizada en Lechago por el oficial Michelle Francone, del arma de ingenieros, buen fotógrafo y un gran músico en el cuerpo expedicionario italiano y que nos muestra uno de los momentos de la vida en el pueblo durante su estancia.

 De este quehacer cotidiano, de unos y de otros, nos vuelve a recordar José Soriano cómo él y otros niños veían pasar los camiones por todo el pueblo, unas veces transportando munición desde el polvorín de Calamocha, otras para llevar el almuerzo y comida al puente de los Cuatro Ojos, donde había una garita de vigilancia debajo del cerro, o a los de aquel nido de ametralladora que colocaron encima de la era del tío Losilla. La cocina para los soldados la tenían instalada en una paridera del barrio bajo, y sus macarrones y café no dudaron en compartirlo en numerosas ocasiones con los vecinos de Lechago. Era muy normal ver  a los jefes y oficiales italianos pasear y moverse por todo el pueblo y sus alrededores, impecables, presumidos y bien perfumados, contrastando con los españoles más desarrapados y peor pertrechados.

Causó sensación y fue bastante conocida la presencia en Lechago de dos legionarias pero del amor, dos mercenarias del sexo, prostitutas que trajeron los italianos para satisfacer los deseos de la tropa, acomodándolas y prestando sus servicios en la bodega que había en la era del tío Raimundo y de la tía Consuelo. Fue tal el revuelo que causaron entre la tropa que su presencia fue inmediatamente vetada y sacadas del pueblo.

Se hicieron muy populares entre los lechaguinos algunas de las canciones y burlas que sobre los italianos se hacían, criticando siempre su papel en la Batalla de Guadalajara o haciendo las advertencias oportunas a las jóvenes sobre su espíritu enamoradizo. Y sobre esto José Soriano nos recuerda:

-“Guadalajara no es Abisinia,
   allí los rojos tiran con balas explosivas”.
-“Niña española no te enamores
que en España mandarán los españoles.
Los italianos se marcharán
 y como recuerdo un bebé te dejarán”.

Pero como niño que entonces era, lo que más vivo permanece en la memoria de José Soriano son los juegos y las pillerías que hacían con motivo de la presencia de los italianos. Hoy diríamos que peligrosos “juegos bélicos” y que más de un disgusto provocaron en algunas de las familias de Lechago: - “Rompíamos y abríamos las cajas de munición para coger las balas cuando no nos veían….Les quitábamos el balín y echábamos la pólvora de su interior en las manos”. En estas  actividades peligrosas eran muchas veces sorprendidos por la presencia de algún italiano que inmediatamente les llamaba la atención y les regañaba con el juramento de “porca madonna”,  provocando la salida en estampida de los zagales al ser sorprendidos.

 Cuenta igualmente José cómo en una ocasión cogieron espoletas del interior de una de las tanquetas y posteriormente las rompieron para sacarles la pólvora, con el enorme riesgo para su integridad física que ello entrañaba. Esta obsesión de los niños  por hacerse con la pólvora iría cada vez a más, llegando a quitarles pequeños saquetes para luego hacer sus arriesgados juegos. Uno de ellos consistía en hacer en el suelo círculos con la pólvora colocando en su interior piojos y luego encenderla. La diversión estaba en comprobar qué piojo era el más valiente y conseguía salir del círculo de fuego o cuáles de los del interior se salvaba.

Otra actividad que solían hacer los niños era realizar pequeños recados a los italianos, como el de mandarles a comprar tabaco, dándoles una pequeña propina por el favor. Pero en más de una ocasión se quedaron con el tabaco y con el dinero del tabaco. También eran generosos con éstos y con algunos habitantes regalándoles  pasta italiana, un gran regalo, pues era bastante desconocida por aquellos tiempos en España.

Muchos fueron los pueblos en Aragón en los que su presencia aún se recuerda, con testimonios orales como en Lechago, con monumentos funerarios a los legionarios italianos caídos y la presencia de sus tumbas, o con los restos de sus grafitis. Los lechaguinos fueron y supieron ser hospitalarios con ellos, y la cordial convivencia que mantuvieron forma  también parte de su historia y de su pasado[1].

DIMAS VAQUERO PELÁEZ
Historiador

Foto de Michelle Francone
1] Muchas gracias a los testimonios orales del señor José Soriano.

24/08/2008 18:39.

Comentarios » Ir a formulario

gravatar.comAutor: Javier Martínez

Estimado amigo:
He leído los testimonios sobre la presencia de los legionarios italianos del CTV en Lechago. Son los mismos que pasaron por Huesa y cuya fotografía de una misa de campaña fue realizada por Giuglielmo Sandri (de quien se han hecho diversas exposiciones de las más de 4.000 fotografías que tomó a lo largo de toda la guerra.
Mi pregunta es si esa foto de Lechago no será de este. ¿Tienes seguro que se debe a Michelle Francone?
Saludos: Javier Martínez

Fecha: 22/09/2009 20:51.


gravatar.comAutor: giancarlo francone

La fotografia è certamente di Michele Francone. io sono suo figlio e posseggo anche il negativo originale della foto.
Un saluto da
Giancarlo Francone

Fecha: 04/12/2009 15:35.


gravatar.comAutor: Giancarlo Francone

Desideravo dire al Sig. Javier Martinez che questa fotografia compare anche nel recente libro che raccoglie le migliori fotografie di Michele Francone e che ha titolo : " Michele Francone, el camino en la guerra civil "
Il libro può essere richiesto a : giancarlo.francone@libero.it
Un saluto ed un apprezzamento all'amico Dimas Vaquero, autore di questo speciale e prezioso Blog sulla Guerra Civile Spagnola,
Giancarlo Francone

Fecha: 17/02/2010 19:31.


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