CREDERE, OBBEDIRE, COMBATTERE

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CREDERE, OBBEDIRE, COMBATTERE

Fascistas italianos en la guerra civil española.


Autor Dimas Vaquero Peláez
 

Mira Editores. Zaragoza 2007. ESPAÑA

 

El Fascismo no fue un fenómeno estrictamente italiano, tampoco fue una doctrina que llevara al pueblo de Italia a unirse en torno a una idea. Fue una forma de actuar más que una ideología,  unida al gran “condottiero” del siglo XX que muchos italianos buscaban para elevar su moral tras la Primera Guerra mundial. Fue un camino por el que caminaron muchos italianos y cuyo rumbo era la agresión y la belicosidad  de la guerra. El `populismo de su Duce, unido a su carácter violento, provocador, fanfarrón y de miedo, se sumergió en hacer una revolución donde la única razón que predominó fue la dela fuerza y los puños, sustituyendo a la fuerza de la razón y de los derechos y libertades, siempre apoyado en la “acción” de sus “fascios” (chi si ferma e perduto).

 

Mussolini supo encajar perfectamente sus ansias expansionistas y de dominio del Mediterráneo en los  anhelos de un pueblo italiano que no dejó nunca de soñar cuando se dirigía a ellos con su brazo amenazante, sus gestos, su estudiada teatralidad y su entrega personal en lo que les prometía. Italia entera se rindió a sus pies, y las pocas voces disonantes con sus ideales y sus actuaciones fueron duramente silenciadas. La Monarquía y el  Ejército también fueron sometidos y  se arrodillaron igualmente bajo sus pies. La admiración por su Duce y por lo que les prometía les llevó a entrar directamente en la acción encaminada a luchar y a agredir, pues la vías democráticas y civilizadas nunca le fueron ni útiles ni suficientes.

Cerca de 80.000 legionarios italianos creyeron, obedecieron y combatieron en España, y casi 4.000 los que aquí murieron, movidos unos por sentimientos plenamente fascistas y otros por diversos motivos que nada tenían que ver con el fascismo al que representaban. Las claras simpatías de Mussolini por los sublevados españoles y el odio al comunismo, junto con intereses geopolíticos, fueron las principales razones para Mostar su incondicional apoyo al general Franco, muchas  veces más de lo que Franco le había pedido.

Su intervención en España fue mucho más dura y larga de lo que se esperaba y había pensado el mismo Mussolini. Le fallaron los cálculos y el modo de hacer la guerra Franco, provocando una desconfianza entre ambos. Mussolini actuó en España con total impunidad, sin escatimar ningún medio y pensando en una victoria rápida. Su Corppo di Truppe  Volontarie (C.T.V.) y su Aviazione Legionaria participaron en las principales acciones bélicas (Málaga, Extremadura, Santander, Frente del Ebro, Levante, Cataluña) que paulatinamente iban dando la victoria al ejército sublevado, a los “nacionales”, acompañando cada victoria con una amplia diseminación de tumbas y de cementerios a lo largo de la geografía española, con 60 cementerios militares, 18 cementerios de guerra y numerosas tumbas aisladas en 236 localidades que recogieron sus cuerpos muertos en combate.

 Su punto negro estuvo en la batalla de Guadalajara, en donde el anuncio pretencioso  y fanfarrón del general Roatta de “domani a Guadalajara, dopodomani ad Alcala de Henares e fra tre giorne a Madrid” resultó ser el principal motivo de burla de los “nacionales” y de los republicanos tra su escandalosa desbandada, motivada por diversos factores que se dieron en contra de los italianos, siendo uno de ellos la falta de apoyo militar del mismo Franco. El orgullo y la prepotencia del fascismo italiano fue derrotado por vez primera y el Duce humillado. Una victoria demasiado fácil sobre Málaga le había llevado a infravalorar la resistencia dela República y a llenarse de orgullo. Fue en Málaga donde las actuaciones del cónsul fascista italiano Bianchi salvaría la vida de centenares  de ciudadanos acusados de izquierdistas y que gracias a su mediación pudieron salvar la vida de la inmediata represión franquista.

Agredieron a la República española para vencerla y por ello envió Mussolini sus máquinas militares y sus legionarios, pero simultáneamente también dio su apoyo clandestino al gobierno de la República con el envío de víveres y material para la industria bélica republicana en barcos italianos, en un comercio de contrabando, desarrollando grandes negocios de guerra también sin escrúpulos ni respeto a los italianos que él había enviado y que se encontraban en el bando contrario. Numerosos barcos italianos estuvieron implicados en este negocio de contrabando, el Franca Fasio, el Silvia Tripcovich, Capo Faro, Capo Mele, entre otros muchos, realizando sus transportes desde puertos italianos o europeos con destino al puerto de Marsella, o a puertos de la República como Palamós o Palafrugell.

Eso sí, el fascismo italiano mostró un gran interés por sus caídos en España. El rosario de cementerios y tumbas que siguieron a sus batallas fue acompañado de de cruces, monumentos funerarios y ceremonias fascistas que siempre procuraron mostrar el agradecimiento por su entrega a la causa fascista y a Italia con su propia vida. Cementerios, monumentos y ceremonias funerarias que siempre mantuvieron unido el carácter religioso, el político y el militar, el mismo que había mantenido durante la “cruzada” la unión del fascio, el sable y la cruz y que les había llevado hasta ese trágico final. Estos cementerios y monumentos italianos en España fueron sabiamente utilizados por el franquismo par anclar en ellos y mantener viva la memoria histórica de la victoria franquista, un recuerdo y una memoria que interesaba recordar y mantener. Capillas votivas, grandes epitafios, pinturas, cipos funerarios, cruces y símbolos fascistas iban a servir para perpetuar la memoria del triunfo del fascismo y que no cayera nunca en el olvido. Frases de fuerte contenido fascista que trataban de adoctrinar y de ensalzar y justificar el sacrificio de los legionarios italianos por la causa española, creando espacios de muerte y de memoria.

Las sucesivas agrupaciones de tumbas en cementerios más grandes han ido dejando vacías sus tumbas, manteniéndose aún numerosos monumentos funerarios italianos que dan prueba de su presencia allí. Actualmente sólo el Sacrario Militare de Zaragoza y los cementerios de las Baleares recogen los restos de sus caídos, habiendo sido llevados un buen número a Italia mientras se realizaban los traslados.

 De entre todos los cementerios con legionarios italianos, dos son los que mayor trascendencia tuvieron, el Mausoleo del Puerto del Escudo y el Sacrario Militare de Zaragoza. El primero sobre el  monte de los caídos, entre Burgos y Cantabria, en el que fueron agrupados los restos de los caídos en la batalla del Norte y tras haber pasado anteriormente por los cementerios y tumbas de localidades del País Vasco y de Cantabria. Una enorme pirámide presidía el lugar creado para sus mártires, 372, que habían muerto creyendo obedeciendo y combatiendo por el fascismo, mostrándose “presentes” a los ojos de los visitantes y compañeros de batalla. Mausoleo actualmente vacío pero que aún muestra el fuerte carácter simbólico que tuvo, presidiendo la entrada a la cripta un gran arco con la forma de la “M” de Mussolini. Un auténtico símbolo de la muerte y del fascismo italiano, donde los muertos se convirtieron en mártires y en trofeos de la causa, y el lugar en un espacio de memoria, de conmemoraciones y de homenajes.

Pero el gran mausoleo italiano es el Sacrario Militare de Zaragoza, ciudad que por su historia, por su situación geográfica y por su significado religioso reunía las  condiciones que Mussolini buscaba para juntar a todos sus caídos en España. Allí construyó una gran Torre-osario para que diera cabida a los cuerpos de los casi cuatro mil legionarios italianos dispersos por los diferentes cementerios de la geografía española. Un conjunto funerario compuesto por la torre cementerio, la iglesia y el convento. El proyecto inicial no puedo ser terminado, teniéndose que detener su construcción cuando Mussolini es detenido y pierde la guerra mundial y debiéndose reducir las dimensiones en la altura de la torre  casi a la mitad de la altura original. En este Sacrario fueron reunidos todos los caídos fascistas italianos a partir del año 1945, enterrados a lo largo del cuerpo de la torre. Con posterioridad se han incorporado los restos de algún brigadista garibaldino italiano, y en ella son recordados los nombres de los “otros” italianos que también murieron en España defendiendo la República.

            Creyeron, obedecieron, combatieron y murieron por Mussolini y por Italia, y su intervención militar fue una de las causas y motivos de la victoria final franquista, resultando decisivos para el triunfo. Pero esta agresión de Mussolini a la República española aún continuó al finalizar la guerra civil, sirviendo el suelo y el aire español para las operaciones marítimas y aéreas del ejército del Duce durante la contienda mundial, utilizando sus bases, aeropuertos y el servicio de espionaje con total impunidad para luchar contra el ejército de los aliados.

DIMAS VAQUERO PELÁEZ

 

 

 

27/05/2012 19:30.

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gravatar.comAutor: lourdes Nieto Díaz

He leído su libro sobre la participación italiana en la guerra civil. En la página 101, cuando se habla de la venta de azucar que la Italia de Mussolini a la República, menciona a un tal Moradell como director de la Fábrica de corcho Armstrong que era el encargado de decidir los puntos a donde se debia mandar la mercancia. Desde hace casi un año, estoy realizando u n trabajo de investigación sobre José Moradell Payet y por la documentación encontrada hasta el momento, tengo la casi total certezade que el Moradell al que usted se refiere es el mismo. Por este motivo, le agradecería enormemente que me indicara donde se puede hallar la documentación que me permita localizarlo.

Fecha: 15/02/2014 18:34.


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