CONDE ROSSI, el mensajero de Mussolini en las Baleares

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Conde Rossi: el mensajero de Mussolini en las Baleares

Mussolini agredió y venció en España[1], siendo las islas Baleares el lugar donde comenzó a poner en práctica esta agresión con el personaje de conde Rossi y donde empiezan los primeros roces con los nacionales de Franco a lo largo de la contienda bélica.

El día 26 de agosto aparece en un hidroavión el personaje italiano por excelencia en las Baleares durante la guerra civil, Arconovaldo Bonacorsi , Conde Rossi[2], el extravagante fascista italino que fascinó a los mallorquines con la misión de ejercer de  líder y fomentar el entusiasmo entre los falangistas de Mallorca, formando junto con el Marqués de Zayas un grupo de cincuenta hombres que se agrupan bajo sus órdenes en los “Dragones de la muerte”,  prodigándose en duros excesos, ejerciendo con sus milicias una dura represión sobre los mallorquines y controlando la vida laboral y local :

 “Mussolini me dio órdenes de que saliera por las Islas Baleares y me pusiera a las órdenes del general Goded, comandante de la guarnición militar de Palma de Mallorca. Sus palabras textuales fueron: “Mañana sales para Palma y estoy seguro de que vas a quedar muy bien. El conde Ciano te dará las disposiciones detalladas. Cuento contigo. La tarea que te encomienda Italia es difícil, pero estoy seguro de que superarás todos los obstáculos. La labor que inicias tiene importancia capital para el triunfo de la civilización latina y cristiana, amenazada por la horda internacional a las orden es de Moscú, que quiere bolchevizar a los pueblos de la cuenca del Mediterráneo”, Este fue mi viático, administrado lentamente y con tajante precisión. Escuché con gran emoción y aprensión, porque no sabía nada ni se me había dicho nada acerca de los motivos de la entrevista[3]. 

                Vestido con el uniforme negro fascista, con botas altas negras y una gran cruz blanca al cuello, caminaba con pistolas, granadas de mano, dagas y cananas cargadas de munición, fascinando a los mallorquines. Se lanzó apasionadamente a desarrollar La Falange y a reprimir toda resistencia republicana que pudiera surgir contra los sublevados. Sus abusos provocaron el resentimiento en otros grupos insurgentes y que entre las relaciones de los consejeros militares italianos y las autoridades civiles y militares de las islas empezaron a surgir roces y diferencias, motivados, entre otras cosas, por conflictos de competencias y por la dureza empleada por Conde Rossi con los republicanos. Fueron los primeros momentos de tensión y de discrepancia entre Mussolini y los sublevados, el primer encontronazo en lo que habría de suponer una larga y estrecha relación durante los años sucesivos entre dos amigos que tan pronto se querían como discutían por asuntos propios de la guerra y de su manera de llevarla. Una relación que como dice Morten Heiberg  “seguían cimentadas en la traición y la desconfianza”.

 

Georges Bernanos[4] definió así su presencia en la isla:

 “El recién llegado no era, naturalmente, ni general, ni conde, ni Rossi, sino un funcionario italiano, perteneciente a las Camisas Negras. Vestido de un mono negro, adornado su pecho de una cruz blanca enorme, recorrió las aldeas...”,

“Bajo la dirección de un aventurero italiano, llamado Rossi, la Falange se convirtió en la policía auxiliar del ejército, encargada sistemáticamente de los trabajos sucios”,

”Cada noche, a partir de entonces, los equipos reclutados por él, operaban en las aldeas y en las barriadas de Palma”,.

”La primera fase de depuración duró cuatro meses... y el extranjero, primer responsable de esas matanzas, figuró siempre en la plaza de honor de todas las manifestaciones religiosas”.

“Fusiló hasta los heridos refugiados en un convento, a la vista de la superiora”.

 Otros escritores y autores lo definieron como un loco exhibicionista, sádico y cruel. H. Thomas   afirma[5]:

 “Iba siempre acompañado de un cura, pistola al cinto, que compartía sus fechorías”.

                El conde Rossi, firme creyente y practicante del más puro fascismo italiano, dejó clara huella de esa acción fascista en España, de lo que se puede llegar a ser amparado en la imposición autoritaria de un régimen donde todo vale con tal de conseguir los fines. Los camiones repletos de hombres, “… grises del polvo de los caminos, grises también los hombres..... Y que todas las tardes, a la hora que volvían del campo, los sacaban de sus caseríos perdidos para llevarlos a la muerte; partían para el último viaje con la camisa pegada al cuerpo por el sudor, los brazos cansados del trabajo del día, dejando la sopa servida sobre la mesa y una mujer...”[6] . Lo que este escritor católico nos relató con tanto detalle y sentimiento de  injusticia no eran ni más ni menos que los camiones de la muerte que el propio Conde Rossi llenaba en colaboración con “las fuerzas del orden y religiosas” nacionales  de la isla, y el incondicional apoyo  y participación en la fuerte represión que la Falange llevó a cabo en la isla, y, que como dice Bernanos[7], “no arrancó una palabra de censura, ni la más mínima reserva, a las autoridades eclesiásticas, las cuales se conformaron con realizar procesiones en acción de gracias”.

                La imposición de un régimen de terror en la isla fue una labor desarrollada por este  fascista italiano, en el que la vida o la muerte de cualquier ciudadano estuvo sustraída de las leyes establecidas y al arbitrio de cualquier fanático falangista, de cualquier denuncia o venganza personal. A la presencia de este personaje singular hay que añadir el que día a día  los mallorquines  veían cómo iban aumentando el número de aviones italianos en la isla, punto de partida de muchos de los bombarderos que masacraban a la población civil y ciudades españolas de muchos puntos de la península, y, cómo no,  “bendecidos por el Arzobispo de Palma”.

Volviendo al escritor Bernanos[8], amigo e invitado del marqués de Zayas, jefe de Falange de Mallorca, en su obra citada recoge que en el plazo de siete meses, entre italianos y falangistas mataron  a 3.000 personas por considerarlas leales a la República, con una media de quince ejecuciones por día... ” y estas cifras no las ignora monseñor, el obispo de Palma”, al que hace responsable de muchas de las represiones y atrocidades ocurridas en la isla.

A Ciano no le gustaban para nada los informes que le llegaban con lo  que estaba sucediendo en la isla de Mallorca y los desacuerdos que se producían con el hijo de Juan March, y llegó a enviar instrucciones en las que pedía a Bonaccorsi que evitara en lo posible cualquier roce o problema con los mallorquines: “Debes evitar todo conflicto con las personalidades locales, y tu acción debe orientarse ahora a que vuelva a la isla un clima de orden, disciplina y un sentido de solidaridad nacional”[9]. Pero Bonaccorsi no respetaría del todo las instrucciones de Ciano y se propuso invadir la isla de Menorca, con la oposición del mismo gobernador militar y el veto del mismo Ciano, que no quería que este hecho provocara aún más la irritación internacional  de ingleses y franceses. Bonaccorsi volverá a la carga  el 11 de septiembre, pidiendo más autoridad y poder para los falangistas y seguir impartiendo “su justicia” con los opositores.

La presencia italiana en la isla provocaría las protestas de ingleses y franceses, dada la posición estratégica de las islas, sobre todo con el temor  inglés de que Italia intentase debilitar o destruir la posición preponderante de Inglaterra en el Mediterráneo, aunque Ciano negara que Italia tuviera intenciones de aprovecharse de la guerra civil en España para adueñarse de las islas. Los descarados movimientos italianos en la isla de Mallorca no pasaron desapercibidos a ninguna de las potencias extranjeras que también tenían puesto el ojo en las islas y pronto el primer ministro británico Eden lo deja bien claro, “la ocupación por Italia de cualquiera de las islas Baleares, las islas Canarias y/o Río Oro no es nada deseable desde el punto de vista de los intereses británicos, pero no cabe considerarse que se trate de una amenaza vital”.

Dimas Vaquero Peláez



[1] Vaquero Peláez, D.,Credere, obbedire, combattere, fascistas italianos en la guerra civil española. Mira Editores, Zaragoza 2007, p. 20

[2] Cónsul de la milicia que se distinguió como jefe de las escuadras de Emilia y Romagna (Bolonia) durante los años de 1.920 a 1.922. Creó un grupo de voluntarios mallorquines al que dio el nombre de “los dragones de la muerte”. Hombre espectacular como corresponde al buen fascista italiano. La  consigna de su grupo era “antes morir que retroceder” y él mismo era llamado  “el león de Son Servera”. En realidad no fue más que un fanático jefe de milicias , aunque es cierto que intervino en algunas de las reuniones en momentos cruciales de la isla.

[3]Recogido de una cita de Coverdale en p. 133, op. cit, y citado en Santamaría , OperazioneSpagna, p. 21

[4]Bernanos, G., Los grandes cementerios bajo la luna. Buenos Aires, Ediciones s. XXI, 1964.

[5] Thomas, H., La guerra civil española. París, Ruedo ibérico, 1967, p. 289

[6]Bernanos, G., Los grandes cementerios bajo la luna. Buenos Aries, 1964,  Ediciones siglo XXI, p. 58

[7]Ibidem, p. 83

[8]Ibidem, p. 98

[9] Telegrama 90952

16/11/2015 19:00.

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