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LA DERROTA ITALIANA EN GUADALAJARA

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LA DERROTA ITALIANA EN GUADALAJARA por  Dimas Vaquero Peláez: Publicado en la Revista DESPERTA FERRO, del mes de Julio 2016

“Domani a Guadalajara, dopodomani ad Alcalá de Henares e fra tre giorne a Madrid” (Mario Roatta)

Mussolini hacía ya años que tenía puestos los ojos en España y que buena parte de su política exterior estaba encaminada a poner también los pies y establecer bases en suelo español, donde el principal objetivo eran las islas Baleares. Esta idea tiene su arranque en los tiempos de la dictadura de Primo de Rivera, para luego apoyar a los conspiradores contra la República con la que no congeniaba, hasta llegar el momento calve del golpe militar de 1936. Mussolini se aprovechó de la guerra civil en España para conseguir el anhelado objetivo y de hacerse con algunas bases en suelo español para dominar el Mediterráneo, su gran objetivo geoestratégico. Se benefició y aprovechó de la debilidad  interna de un país sumido en unas reformas que la República estaba llevando a cabo con acierto pero que entre las derechas y una parte del ejército no estaban encajando,  “fue un error estratégico y político motivado por la hostilidad fascista hacia Francia y el Frente popular español, por imprecisos planes de expansión de la influencia italiana en el Mediterráneo y por temores de una penetración soviética en España”, afirma el historiador Lozano. No tenía como objetivo la creación de un Estado fascista, aunque las misiones de Farinacci o los intentos de Cantalupo[1] fueron en la línea de presionar a Franco para que adoptase el sistema corporativo italiano en el nuevo régimen que habría de salir al finalizar la guerra y de establecer unas sólidas relaciones con la Falange. Era la preparación previa del terreno sobre el que se quería mover con total libertad. La decisión italiana tuvo simultáneamente una parte ideológica que favorecieran más tarde sus pretensiones pero sobre todo  un componente fundamental de política de potencia o imperialista.

Le preocupaba no llegar a adquirir una posición predominante en el equilibrio del  Mediterráneo occidental, y buscaba anticiparse a Francia, su gran enemigo internacional. Tuvo  un gran temor a que un gobierno del Frente Popular se aliara con otro gobierno francés del mismo color y acordaran un pacto hispano-francés antifascista, relegando el papel de Italia. El triunfo de Franco en España sería un instrumento a su favor para lograr el objetivo, fácil de cuajar en un gobierno dictatorial y militarista si contaban con su ayuda.

Para Mussolini la llegada de la República no fue una buena noticia. Desde el mismo 14 de Abril existió una enemistad clara y manifiesta del gobierno italiano hacia la República española. Movimientos golpistas encabezados por monárquicos, carlistas, filo fascistas y militares como Barrera, Sanjurjo, Mola o  Goded, contactaron  en varios momentos con Italia solicitando armas y dinero para una posible sublevación militar. Mussolini, entonces ya se comprometió con pactos a facilitar a los conspiradores una ayuda de material bélico y dinero en metálico  para restaurar el régimen monárquico llegado el momento.

            El ascenso imprevisto a la Jefatura Militar del general Franco  tras la sublevación de 1936 llevó al traste, en parte, los pactos  y negociaciones italianas con los conspiradores durante la República. Franco no estaba entre ellos. La mediación de Mola o la intervención del rey en el exilio fueron determinantes. Factores de prestigio en la política exterior italiana de Mussolini, el propio orgullo del Duce y su necesidad de grandeza y admiración, la credibilidad de su régimen y una política interna subordinada a su éxito en la política exterior habrían de pesar mucho  en el momento de valorar las razones para la intervención en España y ayudar finalmente al general sublevado. El posicionamiento de Mussolini frente la guerra civil española vino determinado sobre todo por sus aspiraciones en los años precedentes a ésta y por consideraciones político-estratégicas, preocupándole sobre todo la posibilidad del equilibrio mediterráneo occidental anticipándose a Francia, su gran enemigo internacional, quien le podría tomar ventaja en las relaciones con África. En esto coincidía en sus planteamientos con la idea de Alemania, viendo positiva su ayuda para adelantarse a los franceses y debilitar sus posiciones políticas y estratégicas. Para Mussolini ayudar a los rebeldes españoles significaba salvaguardar el fascismo italiano  y sus aspiraciones imperiales.

            El momento clave para entender el proceso de ayuda italiana y creer en que su apoyo a Franco podría resultarle beneficioso a él, fue el  día 27 de Julio de 1.936, fecha en la que adoptó de una forma definitiva la decisión de ayudar a los sublevados, siendo el compromiso final el día 28, cuando el Conde Ciano comunicó que los aviones y el barco podían salir en el momento que se indicara desde Tánger[2]. Una decisión del Duce posterior a la tomada por Hitler y posterior también a la que toma Blum de no socorrer finalmente al gobierno de la República. Esta  decisión estuvo más pendiente de lo que hicieran los demás que de una iniciativa propia, y siempre amparada por la debilidad española.

Primero la pasividad  y después el abandono de los países democráticos, unido a los deseos italianos de expansión y el tener el   apoyo de  un país con Alemania con unas pretensiones similares, animó finalmente a Duce a confiar en la sublevación del general Franco y  apoyarla. Estaba convencido de que su actuación española sería breve y fácil,  un pequeño paseo militar  que supondría un gran avance en su camino hacia su objetivo, hacia otras metas más imperiales. Su estrategia para con España era hacer una guerra y una intervención rápida con el envío de mucho armamento y algunas tropas. Será a finales del mes de Noviembre de 1936, tras varios meses de enviar material de guerra, aviones y soldados, cuando  definitivamente se autoriza la apertura en Roma de una oficina española para el alistamiento de voluntarios para España, “L’Ufficio Spagna”, en la sede del Ministerio de Asuntos Exteriores italiano. La presencia masiva de estos voluntarios parece ser que fue una imposición posterior  de Mussolini a la que Franco hubo de resignarse.

            Tras el éxito fácil de la campaña de Málaga, a comienzos de 1937,  dirigida por Roatta, jefe de las tropas italianas en España, y la reiterada negación ante los organismos internacionales de su presencia en la guerra española, el  “Corpo Truppe Volontarie” italiano, formado por legionarios y camisas negras, milicianos del Partido Fascista italiano creado por Mussolini,  se estaba convirtiendo en un gran ejército expedicionario  llamados a ser los dignos sucesores de las legiones romanas en España. Para ello necesitaban una gran acción militar que lo demostrara, una gran ofensiva con la que exhibir al mundo su potencial bélico y demostrar la invencibilidad del fascismo. Faldella propone a Franco una ofensiva italiana contra Sagunto y Valencia, siendo esta propuesta desautorizada por Barroso al ser una acción italiana contra la sede del gobierno republicano, y les ofrece una de las misiones más importantes, participar en la toma de Madrid,  siendo la ocasión Guadalajara. Mussolini, que seguía empeñado en planificar por su cuenta las acciones y acabar cuanto antes la guerra, insistió en utilizar sus tropas como una sola unidad en una acción espectacular, rápida y decisiva. Franco se aprovecha de estas ansias de Mussolini y le engaña con esta operación, que lo  que de verdad pretendía era distraer fuerzas republicanas en este frente y aliviar la presión sobre sus tropas en el Jarama. Para Franco era una acción menor y no puso demasiado interés en ella.

            Mario Roatta, Mancini, hombre de confianza del Duce y partidario de acciones importantes que le dieran prestigio al ejército italiano,  junto a Faldella, ponen en acción la táctica de “guerra celere”, la guerra relámpago que había triunfado en África, para cercar y arrinconar a los republicanos en Madrid y luego tomarla en menos de una semana, y posteriormente emprender la marcha triunfal hacia Valencia : “Domani a Guadalajara, dopodomani  ad Alcalá de Henares e fra tre giorne a Madrid”, palabras que puso de manifiesto el General Roatta en su visión de lo que creía que iba a ser la Batalla de Guadalajara cuando la anunció con gran soberbia  a sus subordinados. No se conforma con ser un apoyo de las tropas nacionales del Jarama. Franco, discrepaba con el plan italiano e insistía en  que el C.T.V. actuara fragmentado adaptándose a los planteamientos de los nacionales, ya que podría restar importancia a la labor de sus tropas y provocar un conflicto internacional al actuar de forma independiente. Finalmente acepta conviniendo montar una acción en el Jarama que no era de su agrado, dado que tendría que sacrificar sus tropas a fin de facilitar una victoria italiana. En este análisis no debemos olvidarnos de que efectivamente en los días anteriores a la batalla de Guadalajara hubo una fuerte reacción republicana en esa zona frenando la ofensiva de los nacionales, pero no queda claro que ésta sea la explicación de la falta de apoyo suficiente de las tropas franquistas a las italianas durante los momentos de mayor presión sobre el C.T.V..

Tras el éxito italiano de los primeros momentos donde rompen la resistencia republicana y se adentran más de treinta kilómetros en terreno enemigo, llegó la derrota. Fueron múltiples las causas, unas internas del propio C.T.V. y de las tropas nacionales y otras por infravalorar al ejército que tenían delante. Primeramente la incapacidad y la escasa preparación de los italianos, que venían de una victoria relativamente fácil como había sido Málaga, con una información equivocada sobre el potencial enemigo,  carencia de datos y de mapas topográficos de la zona, la mala formación y reclutamiento de los legionarios, una falta de entrega en el combate, una mala organización y coordinación de servicios e intendencia. Todo ello unido haría que Guadalajara supusiera el final del sueño italiano por llegar a Madrid y la primera derrota del fascismo.

En frente tenían a las fuerzas de las Brigadas Internacionales que fueron enviadas al contraataque aprovechando la inactividad en el frente del sudeste. Entre ellos muchos antifascistas italianos voluntarios del Batallón Garibaldi  comandados por el general Luckács, antifascistas de la XII Brigada Internacional, organizados para esta ocasión y con experiencia en otras batallas. Bien armados, provistos de buena artillería y de una discreta aviación, mostrándose muy disciplinados y creyendo firmemente en la lucha contra el fascismo en territorio español.

Existió, además,  un desconocimiento del manejo del material de guerra por parte de muchos de los voluntarios legionarios y un exceso de material motorizado para el terreno y las vías por donde tenían que circular. La actuación de la aviación  y los tanques republicanos sembraron el pánico entre los fascistas que buscaban cómo sobrevivir en aquel infierno, provocando el desconcierto con la desbandada y el bloqueo de sus medios motorizados. Los espacios por los que se habían movido, despejados páramos abiertos por donde los  “carro veloce” y los automóviles italianos corrían sin obstáculos, se convirtieron en su propia trampa, en espacios compartidos por los que se retiraban a la retaguardia los derrotados y por los que se incorporaban los que les iban a relevar en la vanguardia, sin ninguna protección y en lodazales provocados por las recientes lluvias, con caminos y carreteras en mal estado, originando grandes embotellamientos. Los carros italianos, Fiat Ansaldo CV-33, eran demasiado frágiles y  ligeros frente a los T-26 B rusos. Sus motores carecían de potencia, escaseaban los vehículos con cadenas y el barro les impedía salir de las carreteras. Se produjo un caos  y una desbandada de los legionarios que se agravaría aún más al llegar momentos de la batalla en los que fueron machacados simultáneamente por el fuego enemigo y por su propio fuego debido a una falta de coordinación entre su infantería y la artillería, y quedar a merced de la moderna aviación republicana que actuaba a pocos metros del suelo ametrallando a las vulnerables columnas motorizadas, sin que la aviación nacional pudiera impedirlo. Por tanto no podemos hablar de huida cobarde de las tropas italianas; como consecuencia de las circunstancias descritas sólo cabe comprender una actuación de supervivencia cuando estaban siendo presa fácil y carne de cañón ante lo que estaban padeciendo.

Estas causas y razones de la derrota coinciden con las que reflejó en su informe el  Dr. Chiurco, jefe de los servicios hospitalarios italianos durante la intervención en España, en el que afirma que si tras la victoria de Málaga se hubiera sabido organizar un “Ufficio Informazione” adecuado a las circunstancias se habría sabido que el enemigo no era poco numeroso, ni  mal organizado, ni peor dirigido y se habría evitado el desastre. Roatta, al día siguiente de finalizar la batalla,  se quitó responsabilidades personales y llegó a afirmar  en un telegrama recogido en el informe “Azione di Guadalajara”  del Ufficio Storico del Archivio del Stato Maggiore,  que los soldados fascistas italianos que habían llevado hasta allí, salvo excepciones, habían abandonado sus puestos, que muchos se habían  llegado a autolesionar y  que su ejército estaba compuesto por tropas viejas, padres de familia, poco combativos, tropas mal encuadradas y escasamente preparadas, hasta llegar a coger una gran obsesión con los carros rusos y la aviación republicana, sin mostrar odio alguno hacia el enemigo. Su oficialidad también fue duramente criticada, afirmando que una parte estaba constituida por gente que lo que hacía era matar el tiempo, sin autoridad, que no se imponía ni exigía, desconocedora del  oficio y  que no sabía, llegando a desconocer la logística que necesitaban: “Eran oficiales ineptos cuyas deficiencias se demostraron, pertenecientes tanto al ejército como a la milizia. Con cargos y atribuciones militares no correspondientes a los estudios y niveles profesionales que les correspondían, e incluso para los que no habían realizado ningún estudio ni preparación o no habían ejercido nunca en un destino en el que hubiera realmente una guerra a la que enfrentarse, unos inexpertos”. Llega a reconocer que las tropas internacionales a las que se enfrentó estaban muy preparadas, no eran unos simples campesinos, sino obreros y empleados que combatían con maestría y sobre todo con fanatismo  y odio hacia el fascismo.

Si seguimos con el análisis global de la situación y las causas del desastre italiano en el informe “Azione di Guadalajara”, el General Roatta[3] hizo una dura valoración al finalizar la batalla. Como siempre echando la culpa a otros, en esta ocasión contra Franco y el mal tiempo, inhibiéndose de responsabilidades, señalando cuáles fueron las responsabilidades de los nacionales que pudieron llevar a este desastre: “La causa esencial de nuestra retirada es la falta de apoyo de las tropas españolas del Jarama que estaban destinadas a representar el brazo de aquella abrazadera. El enemigo así ha podido hacer frente contra nosotros con fuerzas muy eficientes y numéricamente superiores. Circunstancias concomitantes, el tiempo pésimo el frío muy sensible a mil metros de altitud en una zona casi deshabitada y que sucedieron al día mismo del ataque a dos buenas jornadas prometedoras”.  Por el flanco izquierdo del ataque los  generales  Orgaz y Valera y sus soldados no se movieron  del Jarama cuando el ejército republicano abandona el campo de batalla para hacer la contraofensiva al C.T.V., obligándoles a los italianos a una penosa retirada. Faltó, por parte de las tropas franquistas, una importante maniobra de distracción que detrajese tropas del ejército popular concentradas para hacer frente a la ofensiva italiana. También se achacó un avance muy lento y  una falta de apoyo  de los nacionales por el costado derecho del avance italiano, si bien la actuación de las tropas españolas de Marzo fue correcta, teniendo que detenerse debido al colapso italiano.

Le faltó un análisis previo más profundo y profesional de toda la operación que se iba a desarrollar en una “guerra celere”. Seguían con el orgullo subido tras la victoria de Málaga y no tuvieron en cuenta  otros factores que les  podían afectar en esta nueva batalla y que afectaron a la preparación sería de una batalla de tal envergadura, empezando por sus uniformes no aptos para las duras condiciones climáticas que iban a padecer durante los combates. No calculó todos los elementos, posibilidades y contratiempos que podrían encontrarse; aquello no era ni Málaga ni Abisinia. Según  Alcofar Nassaes[4] éste fue el momento de mayor soberbia de los mandos italianos durante toda la guerra, ya que deslumbrados por su victoria en tierras andaluzas, llegaron a suponer que el ejército nacional era conducido muy a la antigua usanza ante un enemigo al que militarmente menospreciaron y consideraron con escasa preparación. Para el que fuera secretario general del Partito Nazionale Fascista y observador italiano en la guerra española, Roberto Farinacci, el responsable de la derrota no fue la actuación de Franco o de sus generales sino la improvisación, el menospreciar al enemigo y el exceso de confianza de Roatta, y el informe que envía  a Mussolini provocaría su cese definitivo al frente de las tropas italianas en España. Su célebre frase de “Domani a Guadalajara, dopodomani ad Alcalá de Henares e fra tre giorne a Madrid” había sido una bravuconada fascista que demostraba la prepotencia de su actuación y la infravaloración del enemigo. La opinión de Farinacci fue similar a la que tuvo el Embajador Cantalupo, cuya opinión afirmaba que Roatta, al que tenía pocas simpatías, había tratado al mando español con “altanería, frialdad y distancia”, mostrando a la vez su disconformidad con la actuación de Franco, no preparados para esta guerra.

Pero hubo otros motivos añadidos por los que el C.T.V. italiano pierde el enfrentamiento. Se puede ver una actitud pasiva de Franco, poco clara y sincera con respecto a los planteamientos de los italianos para tomar Madrid. Franco en un principio tenía planeada el inicio de la acción para el 25 de febrero de 1937, retrasándola primero al 27 y luego al 2 de marzo, siendo la fecha definitiva el día 7 de ese mismo mes. Roatta no pensó nunca que las acciones planificadas no se iban a desarrollar según lo acordado y que Franco le iba a a abandonar a su suerte frente al  nuevo ejército popular republicano, por mucho que considerara al C.T.V. como parte de su ejército, si bien la causa principal de la derrota la tuvieron ellos y solamente ellos. Hubo una sorprendente falta de coordinación entre lo que sucedía e interesaba en el Jarama y las acciones que se iban a desarrollar en la Alcarria, culpando Roatta de ello al mando español. No fue sólo una victoria para los republicanos, fue también una victoria de Franco sobre Mussolini y el motivo y razón para doblegar e imponerse a un fascista prepotente y muy exigente por la ayuda que le prestaba. A partir de este momento  sus relaciones se vieron deterioradas y la planificación de las tácticas de combate serían realizadas solamente por el Estado Mayor del general Franco, evitando que el C.T.V. volviera a llevar a cabo nuevas iniciativas. Guadalajara supuso un punto y aparte en la actitud de Mussolini respecto a sus cálculos  en España. Las canciones, viñetas cómics, poemas y burlas sobre la derrota italiana se prodigarían por todo el suelo español, no sólo en la zona republicana, también en la nacional que no dejaban de ver a los italianos como un ejército invasor. Jugando con la similitud de las palabras se burlaron con frases jocosas que decían “a las bayonetas y los italianos entendían a la camionetas”; Guadalajara, “de guerra celere a andante, ma non troppo” o la de “Madrid no es Addis-Abeba, pero Trijueque se parece mucho a Caporetto”, recogida de un titular del periódico Castilla Libre; se  jugó con el combinado fácil de palabras que se hacía con las siglas C.T.V.: “Cuándo Te Vas” o “Corren Tutti Veloce” (sic).

El Embajador Cantalupo afirmó en sus memorias que “…en el Cuartel General de Franco reinaba un sentimiento absurdo de satisfacción” y frialdad hacia los italianos entre los propios nacionales, y que la actitud pasiva de Franco había forzado esa derrota para que los italianos no dispusieran del  mando único de sus tropas y obligarles a depender de él. Tras la derrota italiana, muchos miembros del Estado Mayor de Franco brindaron por la victoria republicana, y él mismo Franco diría “que los españoles, aunque estos fueran rojos, siempre podían ganar a los italianos”, y, como señala Olao Conforti  se habló incluso de que fue Franco quien organizó la derrota italiana en Guadalajara[5]. Reforzando esta afirmación italiana recordamos lo que Roatta había dicho al finalizar la batalla: “La causa esencial de nuestra retirada es la falta de apoyo de las tropas españolas del Jarama que estaban destinadas a representar el brazo de aquella abrazadera”. Existió una lucha por la primacía en las batallas entre un Caudillo ambicioso y un Duce prepotente. Para uno era prioritaria su satisfacción personal antes que los objetivos militares, ganar la guerra eliminando todo tipo de riesgos, sin prisas y asegurando territorios. Para el otro su planteamiento era el contrario: una guerra rápida, conseguir cuanto antes los objetivos militares que elevaran su prestigio y regresar cuanto antes a Italia, dejando España ya en manos amigas.

Los republicanos habían logrado evitar otra amenaza sobre Madrid, pero no habían conseguido con su victoria  ningún avance considerable, ni recuperar terreno perdido. La verdadera importancia de Guadalajara no se debe medir en términos meramente numéricos, o ceñirnos a cifras y datos de muertos y desaparecidos italianos, muy manipulados por la propaganda republicana. Estudiando los datos de Onor Caduti en Roma, y añadiendo los legionarios que morirían posteriormente en los hospitales, el balance fue  de unos cuatrocientos, bastante similar a los caídos en el ejército republicano. La victoria  de la República estuvo en saber frenar el gran avance del fascismo y detener a un ejército que se consideraba invencible.

Esta derrota italiana  empaño seriamente la imagen de Italia y tuvo grandes repercusiones internacionales al manifestarse de una manera palpable su intervención en España. Su participación ya  no se podía ni ocultar ni negar por más tiempo y  reafirmaba los principios de intervención.  Para la República y las potencias democráticas aquella era la prueba más evidente de que Italia estaba incumpliendo los acuerdos internacionales de  No Intervención  del llamado Comité de Londres, para evitar la intervención de países extranjeros en la guerra civil española y que se había creado ya en 1936. Y Mussolini no consiguió su objetivo de conseguir que los rebeldes ganaran la guerra y que la victoria fuera lo más rápida posible para asegurarse el predominio  en el Mediterráneo, sin comprometer en exceso su posición internacional. Esta primera derrota del fascismo, tan publicitada por la propaganda republicana como lo había sido anteriormente la victoria italiana de Málaga por los italianos, fue la prueba para mostrar al mundo la magnitud de la participación de Mussolini y la internacionalización de la guerra. Los periódicos antifascistas de todo el mundo presentaron la derrota de Guadalajara como una de las más decisivas batallas de todos los tiempos. En suelo español se habían enfrentado dos maneras diferentes de concebir el mundo, donde se entrecruzaban a la vez los intereses estratégicos de las potencias  europeas con el compromiso ideológico de las grandes corrientes políticas del momento. Guadalajara fue más un hecho político que levantó el entusiasmo de los antifascistas y un duro golpe para el prestigio del fascismo de Mussolini.

Se desató una gran preocupación e interés por lo que sucedía en España, era la lucha entre dos modos diferentes de plantear la vida y la política en Europa, el fascismo y la democracia, incrementado la tensión internacional. Guadalajara proporcionó los elementos suficientes para el descrédito internacional del Duce, suponía “la prima sconfitta del fascismo”, y como  escribió Hemingway “(….) el segundo intento de cortar la carretera de Guadalajara tuvo como resultado la mayor derrota italiana desde Caporetto”. La propaganda  gubernamental e internacional antifascista supo sacar partido al hecho generándose mucha literatura y publicidad; el material incautado y destruido fue exhibido, exagerándose el número de muertos y magnificando la desbandada italiana. El ridículo al que sometió a sus soldados en la prensa antifascista de toda Europa provocó una gran rabia en Mussolini que juró que los jefes italianos en España no volverían vivos a  casa si no conseguían una victoria para borrar el recuerdo de Guadalajara, “vincere o non si torna”. Los muertos de Guadalajara le quemaban, no cabían nuevas derrotas.

Como dice Paul Preston,  “Guadalajara destruyó el mito de la invencibilidad fascista y Mussolini se vio obligado a seguir fiel a Franco hasta que el mito fuera reconstruido”. Mussolini ya no siempre tenía razón, ni era invencible. La demostración internacional de la  invasión de italianos y alemanes dio un nuevo cariz a la lucha, y la República no sólo tenía que defenderse contra militares rebeldes, tenían que hacerlo también contra tropas regulares de otros países, suponiendo esta victoria una gran dosis de moral para potenciar la militarización del Ejército Popular ya en marcha.

Mussolini, tras el escarmiento militar y el escándalo internacional, se replanteó la presencia de sus legionarios en España. Tenía dos salidas, o repatriar todas sus tropas aumentando el desprestigio internacional o recomponerlas y buscar la venganza de Guadalajara, optando por la segunda. Antes de que el C.T.V. volviera a entrar de nuevo en acción se reorganiza completamente con la colaboración de Berti, Favagrossa y del general Teruzzi como comandante superior de los Camisas Negras, siendo muchos de sus oficiales destituidos y una buena parte de sus legionarios licenciados,  más de 3.000 hombres, y otros tantos fueron enviados a servicios de retaguardia. El nuevo jefe será Ettore Bastico, y se repatrió a Rossi, Nuvoloni, Molinari y Coppi. El resto de las tropas serían recompuestas y concentradas en la zona norte de Castilla para actuar posteriormente en el frente del Norte, y en donde a algunas unidades se les “castigó” por su comportamiento en Guadalajara con una mancha de tinta en la parte posterior de sus uniformes  simbolizando una mancha en su vida militar, y a otras con una lazo negro sobre el brazo. La reorganización del C.T.V., pensada en mejorar su efectividad, pasaría a estar compuesta por tres grandes unidades: las divisiones Fiamme Nere, la XXIII de Marzo y la Littorio, más las Brigadas Mixtas de Frecce. El envío de nuevos contingentes sería con tropas y oficiales mejor seleccionados y  adiestrados, militar y sicológicamente.  A partir de aquí la  Italia de Mussolini, como dijo Renzo de Felice, se iría hundiendo poco a poco en las arenas movedizas de la guerra civil española, añadiendo que  fue más un hecho político  que levantó el entusiasmo de los antifascistas y un duro golpe para el prestigio del Duce. El triunfo de Guadalajara no fue decisivo a medio plazo para la República,  que sufrió la pérdida de una parte de su territorio tras el avance de los italianos  en unos treinta kilómetros de profundidad. Tampoco supuso un daño irreparable para los nacionales en el desarrollo de la guerra.

Después de quince años de continuas victorias y de una aparente invencibilidad, el fascismo había sido derrotado y lo había derrotado un ejército popular y antifascista en cuyas filas combatían también  los antifascistas italianos. Contrariamente a lo que muchos pensaban el fascismo podía ser derrotado: Guadalajara estaba allí para demostrarlo y para indicar el camino que se había de seguir no era el de la resignación y el del hundimiento, sino el de la  lucha y el de la victoria. Moralmente Mussolini cierra la página de Guadalajara el 26 de agosto de 1937 cuando los legionarios del CTV entran victoriosos desfilando a la cabeza de las fuerzas nacionales en Santander. Habían consumado su “vendetta”.

 

 

Dimas Vaquero Peláez

Doctor en Historia Contemporánea

Profesor Asociado Universidad de Zaragoza 



[1] Tras el regreso de Cantalupo a Italia, escribió un informe en el que ya se recomendaba a Ciano la salida de Italia de la guerra civil española.

[2] MAE, U.S.,Fondo di Guerra, busta 5.Telegrama remitido por Ciano al cónsul italiano en Tánger el día 27 de julio: Ciano a De Rossi, t. 3464 R/57 y t. 3488 fi/60.  En él afirmaba que 12 aviones y un barco cargado con material bélico estaban dispuestos para su envío a Melilla. Pero añadía: «Prenda ancora contatto con Franco e, senza assumere impegni o far promesse di sorta, carchi di conoscere la esatta situazione attuale e se ancora vi é l’urgenza delle forniture ricíiieste».

[3] Telegrama 3.200 del 19 de Marzo de 1.937, recogido en el informe “Azione di Guadalajara”,  en el Archivio del Stato Maggiore A.M., 5º Reparto, Ufficio Storico.

[4] Alcofar Nassaes, J.L., Los legionarios italianos en la guerra civil española. Dopesa, Barcelona 1972.

[5] Olao Conforti, Guadalajara, pág. 360.

LA DERROTA ITALIANA EN GUADALAJARA

“Domani a Guadalajara, dopodomani ad Alcalá de Henares e fra tre giorne a Madrid” (Mario Roatta)

Mussolini hacía ya años que tenía puestos los ojos en España y que buena parte de su política exterior estaba encaminada a poner también los pies y establecer bases en suelo español, donde el principal objetivo eran las islas Baleares. Esta idea tiene su arranque en los tiempos de la dictadura de Primo de Rivera, para luego apoyar a los conspiradores contra la República con la que no congeniaba, hasta llegar el momento calve del golpe militar de 1936. Mussolini se aprovechó de la guerra civil en España para conseguir el anhelado objetivo y de hacerse con algunas bases en suelo español para dominar el Mediterráneo, su gran objetivo geoestratégico. Se benefició y aprovechó de la debilidad  interna de un país sumido en unas reformas que la República estaba llevando a cabo con acierto pero que entre las derechas y una parte del ejército no estaban encajando,  “fue un error estratégico y político motivado por la hostilidad fascista hacia Francia y el Frente popular español, por imprecisos planes de expansión de la influencia italiana en el Mediterráneo y por temores de una penetración soviética en España”, afirma el historiador Lozano. No tenía como objetivo la creación de un Estado fascista, aunque las misiones de Farinacci o los intentos de Cantalupo[1] fueron en la línea de presionar a Franco para que adoptase el sistema corporativo italiano en el nuevo régimen que habría de salir al finalizar la guerra y de establecer unas sólidas relaciones con la Falange. Era la preparación previa del terreno sobre el que se quería mover con total libertad. La decisión italiana tuvo simultáneamente una parte ideológica que favorecieran más tarde sus pretensiones pero sobre todo  un componente fundamental de política de potencia o imperialista.

Le preocupaba no llegar a adquirir una posición predominante en el equilibrio del  Mediterráneo occidental, y buscaba anticiparse a Francia, su gran enemigo internacional. Tuvo  un gran temor a que un gobierno del Frente Popular se aliara con otro gobierno francés del mismo color y acordaran un pacto hispano-francés antifascista, relegando el papel de Italia. El triunfo de Franco en España sería un instrumento a su favor para lograr el objetivo, fácil de cuajar en un gobierno dictatorial y militarista si contaban con su ayuda.

Para Mussolini la llegada de la República no fue una buena noticia. Desde el mismo 14 de Abril existió una enemistad clara y manifiesta del gobierno italiano hacia la República española. Movimientos golpistas encabezados por monárquicos, carlistas, filo fascistas y militares como Barrera, Sanjurjo, Mola o  Goded, contactaron  en varios momentos con Italia solicitando armas y dinero para una posible sublevación militar. Mussolini, entonces ya se comprometió con pactos a facilitar a los conspiradores una ayuda de material bélico y dinero en metálico  para restaurar el régimen monárquico llegado el momento.

            El ascenso imprevisto a la Jefatura Militar del general Franco  tras la sublevación de 1936 llevó al traste, en parte, los pactos  y negociaciones italianas con los conspiradores durante la República. Franco no estaba entre ellos. La mediación de Mola o la intervención del rey en el exilio fueron determinantes. Factores de prestigio en la política exterior italiana de Mussolini, el propio orgullo del Duce y su necesidad de grandeza y admiración, la credibilidad de su régimen y una política interna subordinada a su éxito en la política exterior habrían de pesar mucho  en el momento de valorar las razones para la intervención en España y ayudar finalmente al general sublevado. El posicionamiento de Mussolini frente la guerra civil española vino determinado sobre todo por sus aspiraciones en los años precedentes a ésta y por consideraciones político-estratégicas, preocupándole sobre todo la posibilidad del equilibrio mediterráneo occidental anticipándose a Francia, su gran enemigo internacional, quien le podría tomar ventaja en las relaciones con África. En esto coincidía en sus planteamientos con la idea de Alemania, viendo positiva su ayuda para adelantarse a los franceses y debilitar sus posiciones políticas y estratégicas. Para Mussolini ayudar a los rebeldes españoles significaba salvaguardar el fascismo italiano  y sus aspiraciones imperiales.

            El momento clave para entender el proceso de ayuda italiana y creer en que su apoyo a Franco podría resultarle beneficioso a él, fue el  día 27 de Julio de 1.936, fecha en la que adoptó de una forma definitiva la decisión de ayudar a los sublevados, siendo el compromiso final el día 28, cuando el Conde Ciano comunicó que los aviones y el barco podían salir en el momento que se indicara desde Tánger[2]. Una decisión del Duce posterior a la tomada por Hitler y posterior también a la que toma Blum de no socorrer finalmente al gobierno de la República. Esta  decisión estuvo más pendiente de lo que hicieran los demás que de una iniciativa propia, y siempre amparada por la debilidad española.

Primero la pasividad  y después el abandono de los países democráticos, unido a los deseos italianos de expansión y el tener el   apoyo de  un país con Alemania con unas pretensiones similares, animó finalmente a Duce a confiar en la sublevación del general Franco y  apoyarla. Estaba convencido de que su actuación española sería breve y fácil,  un pequeño paseo militar  que supondría un gran avance en su camino hacia su objetivo, hacia otras metas más imperiales. Su estrategia para con España era hacer una guerra y una intervención rápida con el envío de mucho armamento y algunas tropas. Será a finales del mes de Noviembre de 1936, tras varios meses de enviar material de guerra, aviones y soldados, cuando  definitivamente se autoriza la apertura en Roma de una oficina española para el alistamiento de voluntarios para España, “L’Ufficio Spagna”, en la sede del Ministerio de Asuntos Exteriores italiano. La presencia masiva de estos voluntarios parece ser que fue una imposición posterior  de Mussolini a la que Franco hubo de resignarse.

            Tras el éxito fácil de la campaña de Málaga, a comienzos de 1937,  dirigida por Roatta, jefe de las tropas italianas en España, y la reiterada negación ante los organismos internacionales de su presencia en la guerra española, el  “Corpo Truppe Volontarie” italiano, formado por legionarios y camisas negras, milicianos del Partido Fascista italiano creado por Mussolini,  se estaba convirtiendo en un gran ejército expedicionario  llamados a ser los dignos sucesores de las legiones romanas en España. Para ello necesitaban una gran acción militar que lo demostrara, una gran ofensiva con la que exhibir al mundo su potencial bélico y demostrar la invencibilidad del fascismo. Faldella propone a Franco una ofensiva italiana contra Sagunto y Valencia, siendo esta propuesta desautorizada por Barroso al ser una acción italiana contra la sede del gobierno republicano, y les ofrece una de las misiones más importantes, participar en la toma de Madrid,  siendo la ocasión Guadalajara. Mussolini, que seguía empeñado en planificar por su cuenta las acciones y acabar cuanto antes la guerra, insistió en utilizar sus tropas como una sola unidad en una acción espectacular, rápida y decisiva. Franco se aprovecha de estas ansias de Mussolini y le engaña con esta operación, que lo  que de verdad pretendía era distraer fuerzas republicanas en este frente y aliviar la presión sobre sus tropas en el Jarama. Para Franco era una acción menor y no puso demasiado interés en ella.

            Mario Roatta, Mancini, hombre de confianza del Duce y partidario de acciones importantes que le dieran prestigio al ejército italiano,  junto a Faldella, ponen en acción la táctica de “guerra celere”, la guerra relámpago que había triunfado en África, para cercar y arrinconar a los republicanos en Madrid y luego tomarla en menos de una semana, y posteriormente emprender la marcha triunfal hacia Valencia : “Domani a Guadalajara, dopodomani  ad Alcalá de Henares e fra tre giorne a Madrid”, palabras que puso de manifiesto el General Roatta en su visión de lo que creía que iba a ser la Batalla de Guadalajara cuando la anunció con gran soberbia  a sus subordinados. No se conforma con ser un apoyo de las tropas nacionales del Jarama. Franco, discrepaba con el plan italiano e insistía en  que el C.T.V. actuara fragmentado adaptándose a los planteamientos de los nacionales, ya que podría restar importancia a la labor de sus tropas y provocar un conflicto internacional al actuar de forma independiente. Finalmente acepta conviniendo montar una acción en el Jarama que no era de su agrado, dado que tendría que sacrificar sus tropas a fin de facilitar una victoria italiana. En este análisis no debemos olvidarnos de que efectivamente en los días anteriores a la batalla de Guadalajara hubo una fuerte reacción republicana en esa zona frenando la ofensiva de los nacionales, pero no queda claro que ésta sea la explicación de la falta de apoyo suficiente de las tropas franquistas a las italianas durante los momentos de mayor presión sobre el C.T.V..

Tras el éxito italiano de los primeros momentos donde rompen la resistencia republicana y se adentran más de treinta kilómetros en terreno enemigo, llegó la derrota. Fueron múltiples las causas, unas internas del propio C.T.V. y de las tropas nacionales y otras por infravalorar al ejército que tenían delante. Primeramente la incapacidad y la escasa preparación de los italianos, que venían de una victoria relativamente fácil como había sido Málaga, con una información equivocada sobre el potencial enemigo,  carencia de datos y de mapas topográficos de la zona, la mala formación y reclutamiento de los legionarios, una falta de entrega en el combate, una mala organización y coordinación de servicios e intendencia. Todo ello unido haría que Guadalajara supusiera el final del sueño italiano por llegar a Madrid y la primera derrota del fascismo.

En frente tenían a las fuerzas de las Brigadas Internacionales que fueron enviadas al contraataque aprovechando la inactividad en el frente del sudeste. Entre ellos muchos antifascistas italianos voluntarios del Batallón Garibaldi  comandados por el general Luckács, antifascistas de la XII Brigada Internacional, organizados para esta ocasión y con experiencia en otras batallas. Bien armados, provistos de buena artillería y de una discreta aviación, mostrándose muy disciplinados y creyendo firmemente en la lucha contra el fascismo en territorio español.

Existió, además,  un desconocimiento del manejo del material de guerra por parte de muchos de los voluntarios legionarios y un exceso de material motorizado para el terreno y las vías por donde tenían que circular. La actuación de la aviación  y los tanques republicanos sembraron el pánico entre los fascistas que buscaban cómo sobrevivir en aquel infierno, provocando el desconcierto con la desbandada y el bloqueo de sus medios motorizados. Los espacios por los que se habían movido, despejados páramos abiertos por donde los  “carro veloce” y los automóviles italianos corrían sin obstáculos, se convirtieron en su propia trampa, en espacios compartidos por los que se retiraban a la retaguardia los derrotados y por los que se incorporaban los que les iban a relevar en la vanguardia, sin ninguna protección y en lodazales provocados por las recientes lluvias, con caminos y carreteras en mal estado, originando grandes embotellamientos. Los carros italianos, Fiat Ansaldo CV-33, eran demasiado frágiles y  ligeros frente a los T-26 B rusos. Sus motores carecían de potencia, escaseaban los vehículos con cadenas y el barro les impedía salir de las carreteras. Se produjo un caos  y una desbandada de los legionarios que se agravaría aún más al llegar momentos de la batalla en los que fueron machacados simultáneamente por el fuego enemigo y por su propio fuego debido a una falta de coordinación entre su infantería y la artillería, y quedar a merced de la moderna aviación republicana que actuaba a pocos metros del suelo ametrallando a las vulnerables columnas motorizadas, sin que la aviación nacional pudiera impedirlo. Por tanto no podemos hablar de huida cobarde de las tropas italianas; como consecuencia de las circunstancias descritas sólo cabe comprender una actuación de supervivencia cuando estaban siendo presa fácil y carne de cañón ante lo que estaban padeciendo.

Estas causas y razones de la derrota coinciden con las que reflejó en su informe el  Dr. Chiurco, jefe de los servicios hospitalarios italianos durante la intervención en España, en el que afirma que si tras la victoria de Málaga se hubiera sabido organizar un “Ufficio Informazione” adecuado a las circunstancias se habría sabido que el enemigo no era poco numeroso, ni  mal organizado, ni peor dirigido y se habría evitado el desastre. Roatta, al día siguiente de finalizar la batalla,  se quitó responsabilidades personales y llegó a afirmar  en un telegrama recogido en el informe “Azione di Guadalajara”  del Ufficio Storico del Archivio del Stato Maggiore,  que los soldados fascistas italianos que habían llevado hasta allí, salvo excepciones, habían abandonado sus puestos, que muchos se habían  llegado a autolesionar y  que su ejército estaba compuesto por tropas viejas, padres de familia, poco combativos, tropas mal encuadradas y escasamente preparadas, hasta llegar a coger una gran obsesión con los carros rusos y la aviación republicana, sin mostrar odio alguno hacia el enemigo. Su oficialidad también fue duramente criticada, afirmando que una parte estaba constituida por gente que lo que hacía era matar el tiempo, sin autoridad, que no se imponía ni exigía, desconocedora del  oficio y  que no sabía, llegando a desconocer la logística que necesitaban: “Eran oficiales ineptos cuyas deficiencias se demostraron, pertenecientes tanto al ejército como a la milizia. Con cargos y atribuciones militares no correspondientes a los estudios y niveles profesionales que les correspondían, e incluso para los que no habían realizado ningún estudio ni preparación o no habían ejercido nunca en un destino en el que hubiera realmente una guerra a la que enfrentarse, unos inexpertos”. Llega a reconocer que las tropas internacionales a las que se enfrentó estaban muy preparadas, no eran unos simples campesinos, sino obreros y empleados que combatían con maestría y sobre todo con fanatismo  y odio hacia el fascismo.

Si seguimos con el análisis global de la situación y las causas del desastre italiano en el informe “Azione di Guadalajara”, el General Roatta[3] hizo una dura valoración al finalizar la batalla. Como siempre echando la culpa a otros, en esta ocasión contra Franco y el mal tiempo, inhibiéndose de responsabilidades, señalando cuáles fueron las responsabilidades de los nacionales que pudieron llevar a este desastre: “La causa esencial de nuestra retirada es la falta de apoyo de las tropas españolas del Jarama que estaban destinadas a representar el brazo de aquella abrazadera. El enemigo así ha podido hacer frente contra nosotros con fuerzas muy eficientes y numéricamente superiores. Circunstancias concomitantes, el tiempo pésimo el frío muy sensible a mil metros de altitud en una zona casi deshabitada y que sucedieron al día mismo del ataque a dos buenas jornadas prometedoras”.  Por el flanco izquierdo del ataque los  generales  Orgaz y Valera y sus soldados no se movieron  del Jarama cuando el ejército republicano abandona el campo de batalla para hacer la contraofensiva al C.T.V., obligándoles a los italianos a una penosa retirada. Faltó, por parte de las tropas franquistas, una importante maniobra de distracción que detrajese tropas del ejército popular concentradas para hacer frente a la ofensiva italiana. También se achacó un avance muy lento y  una falta de apoyo  de los nacionales por el costado derecho del avance italiano, si bien la actuación de las tropas españolas de Marzo fue correcta, teniendo que detenerse debido al colapso italiano.

Le faltó un análisis previo más profundo y profesional de toda la operación que se iba a desarrollar en una “guerra celere”. Seguían con el orgullo subido tras la victoria de Málaga y no tuvieron en cuenta  otros factores que les  podían afectar en esta nueva batalla y que afectaron a la preparación sería de una batalla de tal envergadura, empezando por sus uniformes no aptos para las duras condiciones climáticas que iban a padecer durante los combates. No calculó todos los elementos, posibilidades y contratiempos que podrían encontrarse; aquello no era ni Málaga ni Abisinia. Según  Alcofar Nassaes[4] éste fue el momento de mayor soberbia de los mandos italianos durante toda la guerra, ya que deslumbrados por su victoria en tierras andaluzas, llegaron a suponer que el ejército nacional era conducido muy a la antigua usanza ante un enemigo al que militarmente menospreciaron y consideraron con escasa preparación. Para el que fuera secretario general del Partito Nazionale Fascista y observador italiano en la guerra española, Roberto Farinacci, el responsable de la derrota no fue la actuación de Franco o de sus generales sino la improvisación, el menospreciar al enemigo y el exceso de confianza de Roatta, y el informe que envía  a Mussolini provocaría su cese definitivo al frente de las tropas italianas en España. Su célebre frase de “Domani a Guadalajara, dopodomani ad Alcalá de Henares e fra tre giorne a Madrid” había sido una bravuconada fascista que demostraba la prepotencia de su actuación y la infravaloración del enemigo. La opinión de Farinacci fue similar a la que tuvo el Embajador Cantalupo, cuya opinión afirmaba que Roatta, al que tenía pocas simpatías, había tratado al mando español con “altanería, frialdad y distancia”, mostrando a la vez su disconformidad con la actuación de Franco, no preparados para esta guerra.

Pero hubo otros motivos añadidos por los que el C.T.V. italiano pierde el enfrentamiento. Se puede ver una actitud pasiva de Franco, poco clara y sincera con respecto a los planteamientos de los italianos para tomar Madrid. Franco en un principio tenía planeada el inicio de la acción para el 25 de febrero de 1937, retrasándola primero al 27 y luego al 2 de marzo, siendo la fecha definitiva el día 7 de ese mismo mes. Roatta no pensó nunca que las acciones planificadas no se iban a desarrollar según lo acordado y que Franco le iba a a abandonar a su suerte frente al  nuevo ejército popular republicano, por mucho que considerara al C.T.V. como parte de su ejército, si bien la causa principal de la derrota la tuvieron ellos y solamente ellos. Hubo una sorprendente falta de coordinación entre lo que sucedía e interesaba en el Jarama y las acciones que se iban a desarrollar en la Alcarria, culpando Roatta de ello al mando español. No fue sólo una victoria para los republicanos, fue también una victoria de Franco sobre Mussolini y el motivo y razón para doblegar e imponerse a un fascista prepotente y muy exigente por la ayuda que le prestaba. A partir de este momento  sus relaciones se vieron deterioradas y la planificación de las tácticas de combate serían realizadas solamente por el Estado Mayor del general Franco, evitando que el C.T.V. volviera a llevar a cabo nuevas iniciativas. Guadalajara supuso un punto y aparte en la actitud de Mussolini respecto a sus cálculos  en España. Las canciones, viñetas cómics, poemas y burlas sobre la derrota italiana se prodigarían por todo el suelo español, no sólo en la zona republicana, también en la nacional que no dejaban de ver a los italianos como un ejército invasor. Jugando con la similitud de las palabras se burlaron con frases jocosas que decían “a las bayonetas y los italianos entendían a la camionetas”; Guadalajara, “de guerra celere a andante, ma non troppo” o la de “Madrid no es Addis-Abeba, pero Trijueque se parece mucho a Caporetto”, recogida de un titular del periódico Castilla Libre; se  jugó con el combinado fácil de palabras que se hacía con las siglas C.T.V.: “Cuándo Te Vas” o “Corren Tutti Veloce” (sic).

El Embajador Cantalupo afirmó en sus memorias que “…en el Cuartel General de Franco reinaba un sentimiento absurdo de satisfacción” y frialdad hacia los italianos entre los propios nacionales, y que la actitud pasiva de Franco había forzado esa derrota para que los italianos no dispusieran del  mando único de sus tropas y obligarles a depender de él. Tras la derrota italiana, muchos miembros del Estado Mayor de Franco brindaron por la victoria republicana, y él mismo Franco diría “que los españoles, aunque estos fueran rojos, siempre podían ganar a los italianos”, y, como señala Olao Conforti  se habló incluso de que fue Franco quien organizó la derrota italiana en Guadalajara[5]. Reforzando esta afirmación italiana recordamos lo que Roatta había dicho al finalizar la batalla: “La causa esencial de nuestra retirada es la falta de apoyo de las tropas españolas del Jarama que estaban destinadas a representar el brazo de aquella abrazadera”. Existió una lucha por la primacía en las batallas entre un Caudillo ambicioso y un Duce prepotente. Para uno era prioritaria su satisfacción personal antes que los objetivos militares, ganar la guerra eliminando todo tipo de riesgos, sin prisas y asegurando territorios. Para el otro su planteamiento era el contrario: una guerra rápida, conseguir cuanto antes los objetivos militares que elevaran su prestigio y regresar cuanto antes a Italia, dejando España ya en manos amigas.

Los republicanos habían logrado evitar otra amenaza sobre Madrid, pero no habían conseguido con su victoria  ningún avance considerable, ni recuperar terreno perdido. La verdadera importancia de Guadalajara no se debe medir en términos meramente numéricos, o ceñirnos a cifras y datos de muertos y desaparecidos italianos, muy manipulados por la propaganda republicana. Estudiando los datos de Onor Caduti en Roma, y añadiendo los legionarios que morirían posteriormente en los hospitales, el balance fue  de unos cuatrocientos, bastante similar a los caídos en el ejército republicano. La victoria  de la República estuvo en saber frenar el gran avance del fascismo y detener a un ejército que se consideraba invencible.

Esta derrota italiana  empaño seriamente la imagen de Italia y tuvo grandes repercusiones internacionales al manifestarse de una manera palpable su intervención en España. Su participación ya  no se podía ni ocultar ni negar por más tiempo y  reafirmaba los principios de intervención.  Para la República y las potencias democráticas aquella era la prueba más evidente de que Italia estaba incumpliendo los acuerdos internacionales de  No Intervención  del llamado Comité de Londres, para evitar la intervención de países extranjeros en la guerra civil española y que se había creado ya en 1936. Y Mussolini no consiguió su objetivo de conseguir que los rebeldes ganaran la guerra y que la victoria fuera lo más rápida posible para asegurarse el predominio  en el Mediterráneo, sin comprometer en exceso su posición internacional. Esta primera derrota del fascismo, tan publicitada por la propaganda republicana como lo había sido anteriormente la victoria italiana de Málaga por los italianos, fue la prueba para mostrar al mundo la magnitud de la participación de Mussolini y la internacionalización de la guerra. Los periódicos antifascistas de todo el mundo presentaron la derrota de Guadalajara como una de las más decisivas batallas de todos los tiempos. En suelo español se habían enfrentado dos maneras diferentes de concebir el mundo, donde se entrecruzaban a la vez los intereses estratégicos de las potencias  europeas con el compromiso ideológico de las grandes corrientes políticas del momento. Guadalajara fue más un hecho político que levantó el entusiasmo de los antifascistas y un duro golpe para el prestigio del fascismo de Mussolini.

Se desató una gran preocupación e interés por lo que sucedía en España, era la lucha entre dos modos diferentes de plantear la vida y la política en Europa, el fascismo y la democracia, incrementado la tensión internacional. Guadalajara proporcionó los elementos suficientes para el descrédito internacional del Duce, suponía “la prima sconfitta del fascismo”, y como  escribió Hemingway “(….) el segundo intento de cortar la carretera de Guadalajara tuvo como resultado la mayor derrota italiana desde Caporetto”. La propaganda  gubernamental e internacional antifascista supo sacar partido al hecho generándose mucha literatura y publicidad; el material incautado y destruido fue exhibido, exagerándose el número de muertos y magnificando la desbandada italiana. El ridículo al que sometió a sus soldados en la prensa antifascista de toda Europa provocó una gran rabia en Mussolini que juró que los jefes italianos en España no volverían vivos a  casa si no conseguían una victoria para borrar el recuerdo de Guadalajara, “vincere o non si torna”. Los muertos de Guadalajara le quemaban, no cabían nuevas derrotas.

Como dice Paul Preston,  “Guadalajara destruyó el mito de la invencibilidad fascista y Mussolini se vio obligado a seguir fiel a Franco hasta que el mito fuera reconstruido”. Mussolini ya no siempre tenía razón, ni era invencible. La demostración internacional de la  invasión de italianos y alemanes dio un nuevo cariz a la lucha, y la República no sólo tenía que defenderse contra militares rebeldes, tenían que hacerlo también contra tropas regulares de otros países, suponiendo esta victoria una gran dosis de moral para potenciar la militarización del Ejército Popular ya en marcha.

Mussolini, tras el escarmiento militar y el escándalo internacional, se replanteó la presencia de sus legionarios en España. Tenía dos salidas, o repatriar todas sus tropas aumentando el desprestigio internacional o recomponerlas y buscar la venganza de Guadalajara, optando por la segunda. Antes de que el C.T.V. volviera a entrar de nuevo en acción se reorganiza completamente con la colaboración de Berti, Favagrossa y del general Teruzzi como comandante superior de los Camisas Negras, siendo muchos de sus oficiales destituidos y una buena parte de sus legionarios licenciados,  más de 3.000 hombres, y otros tantos fueron enviados a servicios de retaguardia. El nuevo jefe será Ettore Bastico, y se repatrió a Rossi, Nuvoloni, Molinari y Coppi. El resto de las tropas serían recompuestas y concentradas en la zona norte de Castilla para actuar posteriormente en el frente del Norte, y en donde a algunas unidades se les “castigó” por su comportamiento en Guadalajara con una mancha de tinta en la parte posterior de sus uniformes  simbolizando una mancha en su vida militar, y a otras con una lazo negro sobre el brazo. La reorganización del C.T.V., pensada en mejorar su efectividad, pasaría a estar compuesta por tres grandes unidades: las divisiones Fiamme Nere, la XXIII de Marzo y la Littorio, más las Brigadas Mixtas de Frecce. El envío de nuevos contingentes sería con tropas y oficiales mejor seleccionados y  adiestrados, militar y sicológicamente.  A partir de aquí la  Italia de Mussolini, como dijo Renzo de Felice, se iría hundiendo poco a poco en las arenas movedizas de la guerra civil española, añadiendo que  fue más un hecho político  que levantó el entusiasmo de los antifascistas y un duro golpe para el prestigio del Duce. El triunfo de Guadalajara no fue decisivo a medio plazo para la República,  que sufrió la pérdida de una parte de su territorio tras el avance de los italianos  en unos treinta kilómetros de profundidad. Tampoco supuso un daño irreparable para los nacionales en el desarrollo de la guerra.

Después de quince años de continuas victorias y de una aparente invencibilidad, el fascismo había sido derrotado y lo había derrotado un ejército popular y antifascista en cuyas filas combatían también  los antifascistas italianos. Contrariamente a lo que muchos pensaban el fascismo podía ser derrotado: Guadalajara estaba allí para demostrarlo y para indicar el camino que se había de seguir no era el de la resignación y el del hundimiento, sino el de la  lucha y el de la victoria. Moralmente Mussolini cierra la página de Guadalajara el 26 de agosto de 1937 cuando los legionarios del CTV entran victoriosos desfilando a la cabeza de las fuerzas nacionales en Santander. Habían consumado su “vendetta”.

 

 

Dimas Vaquero Peláez

Doctor en Historia Contemporánea

Profesor Asociado Universidad de Zaragoza 



[1] Tras el regreso de Cantalupo a Italia, escribió un informe en el que ya se recomendaba a Ciano la salida de Italia de la guerra civil española.

[2] MAE, U.S.,Fondo di Guerra, busta 5.Telegrama remitido por Ciano al cónsul italiano en Tánger el día 27 de julio: Ciano a De Rossi, t. 3464 R/57 y t. 3488 fi/60.  En él afirmaba que 12 aviones y un barco cargado con material bélico estaban dispuestos para su envío a Melilla. Pero añadía: «Prenda ancora contatto con Franco e, senza assumere impegni o far promesse di sorta, carchi di conoscere la esatta situazione attuale e se ancora vi é l’urgenza delle forniture ricíiieste».

[3] Telegrama 3.200 del 19 de Marzo de 1.937, recogido en el informe “Azione di Guadalajara”,  en el Archivio del Stato Maggiore A.M., 5º Reparto, Ufficio Storico.

[4] Alcofar Nassaes, J.L., Los legionarios italianos en la guerra civil española. Dopesa, Barcelona 1972.

[5] Olao Conforti, Guadalajara, pág. 360.

08/07/2016 11:34.

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