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80 años de la Batalla de Guadalajara: consecuencias

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La batalla de Guadalajara tuvo un significado especial para los dos bandos de italianos que vinieron a luchar a España. Fue la única vez que ambos bandos se enfrenta y luchan frente a frente en la guerra. La 11ª División republicana, dirigida por Líster, y compuesta  por la 11 ª Brigada Internacional –alemana-, y por la Brigada del “Campesino”, se estableció en los bosques  que rodean la carretera de Trijueque a Torija. En esta carretera estaba también el anarquista Cipriano Mera con la 14 ª División, en la que se encontraba el Batallón Garibaldi.

            Franco finalmente había conseguido imponerse sobre Mussolini, “supuso el final de la osadía mussoliniana en España y el inicio de un largo compromiso de dos años con la guerra de Franco, que iba a tener un precio muy elevado para Italia, tanto desde el punto de vista material como económico”[1]. Los italianos, tras la reorganización de sus tropas, sentirán con urgencia la necesidad de un gran éxito en España y vengar su derrota, y con esa mentalidad encaminan sus legiones hacia el norte de la península, donde sus Flechas Negras sufren un  serio incidente en Bermeo el 30 de abril. Tras ocupar el puerto, un contraataque republicano le causó graves pérdidas al cercarles en la ciudad, un incidente con no demasiada importancia militar  pero que avivó la polémica en la prensa y llegó  a hablarse de una segunda Guadalajara. La República presentaría numerosas pruebas y documentos que demostraban la intervención de  un ejército regular, además de los voluntarios, pero el  comité de No intervención se negó a aceptar esas pruebas, no las presentaba ninguna nación representada en el mismo, y el representante soviético en el mismo, Ivan Maisky, acusó a Italia de aumentar cada vez más la intervención militar.

            Esta derrota italiana provocó un incremento de la tensión internacional, pues Mussolini la consideró como una ofensa personal y nacional, incrementando la propaganda fascista y hasta “Acción Católica” italiana hizo público un llamamiento a los fieles para que cumplieran con su deber en el vasto programa orgánico de movilización material y moral de la nación, elaborado por el régimen, con el firme propósito de preparase a toda eventualidad[2].El 29 de marzo el ministro español de Asuntos Exteriores, Álvarez del Vayo, se dirigió a los gobiernos francés e inglés insistiendo sobre la documentación italiana confiscada en la batalla de Guadalajara y que evidenciaba las características de la intervención armada de un país extranjero, Italia, en España, y la existencia de un ejército  italiano de ocupación en lucha contra el gobierno legítimo de España, infringiendo el artículo 10 del pacto de la Sociedad de Naciones. Ya no se podía oficialmente ocultar su presencia en suelo español, como hasta entonces lo había estado haciendo y mintiendo. 

Mussolini, tras el escarmiento militar y el escándalo internacional, se replanteó la presencia de sus legionarios en España. Tenía dos salidas, o repatriar todas sus tropas aumentando el desprestigio internacional, o recomponerlas y buscar la venganza de Guadalajara, optando por la segunda. Antes de que el C.T.V. volviera a entrar de nuevo en acción se reorganiza completamente con la colaboración de Berti, Favagrossa y del general Teruzzi como comandante superior de los camisas negras, siendo muchos de sus oficiales destituidos y una buena parte de sus legionarios licenciados,  más de 3.000 hombres, y otros tantos fueron enviados a servicios de retaguardia. El nuevo jefe será Ettore Bastico, y se repatrió a Rossi, Nuvoloni, Molinari y Coppi. El resto de las tropas serían recompuestas y concentradas en la zona norte de Castilla para actuar posteriormente en el frente del Norte, y en donde a algunas unidades se les “castigó” por su comportamiento en Guadalajara con una mancha de tinta en la parte posterior de sus uniformes  simbolizando una mancha en su vida militar, y a otros con una lazo negro sobre el brazo[3]. El mando del C.T.V. solicitaría al general Franco una cárcel en Salamanca para someter a consejo de guerra a algunos soldados y oficiales italianos por temas relacionados con esta derrota, siéndole denegada. La reorganización del C.T.V., pensada en mejorar su efectividad, pasaría a estar compuesta por tres grandes unidades: las divisiones Fiamme Nere, la XXIII de Marzo y la Littorio, más las Brigadas Mixtas de Frecce. El envío de nuevos contingentes sería con tropas y oficiales mejor seleccionados y  adiestrados, militar y sicológicamente.  A partir de aquí la  Italia de Mussolini, como dijo Renzo de Felice, se iría hundiendo poco a poco en las arenas movedizas de la guerra civil española, añadiendo que  fue más un hecho político  que levantó el entusiasmo de los antifascistas y un duro golpe para el prestigio de Italia. Guadalajara terminaría siendo el humo que delataba los problemas que la intervención italiana en suelo español estaba causando. Se demostró públicamente su participación como beligerante y reafirmaba los principios de intervención hasta esos momentos negados. El triunfo de Guadalajara no fue decisivo a medio plazo para la República,  que incluso sufrió la pérdida de una parte de su territorio tras el avance de los italianos  en unos treinta kilómetros de profundidad. Tampoco supuso un daño irreparable para los nacionales en el desarrollo de la guerra.

 

Dimas Vaquero Peláez,

“Mussolini-España, Franco-Mussolini: unas relaciones difíciles” (próxima publicación)

 



[1] Morten Heiberg, Op. cit. p.98.

[2] Citado en Olaya, F., La intervención extranjera en la guerra civil, Ediciones Madre Tierra, Móstoles 1990, nota 15, p. 218

[3] Sobre las citadas humillaciones a los que habían demostrado cobardía en la batalla recoge Rodrigo J, en la obra citada, p. 250: “Tenidos por falsos y cobardes, según sus informantes a los legionarios que huyeron les pintaron brochazos de pintura en la espalda. Fueron humillados, y su actitud, motivo de burla generalizada. Hasta los oficiales italianos verían tras la derrota signos de hostilidad. Alguno lo dejó por escrito”, citando la obra de Silvano Bernardis, Fino a Madrid. Diario della guerra di Spagna, Gorizia: L. Lucchesi, 1941, cit. en Nuñez Seixas, Fuera el invasor.

08/03/2017 18:24.

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