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MUSSOLINI-ESPAÑA, FRANCO-MUSSOLINI, unas relaciones difíciles

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Como muchos investigadores afirman, la Guerra Civil española se puede considerar en muchos aspectos la antesala de la Segunda Guerra Mundial, y tan sólo habían pasado cinco meses desde su final hasta el estallido de la contienda en Europa. España no permaneció al margen de los crueles enfrentamientos que  se llevaron por delante millones de muertos, enfrentamientos entre los diferentes totalitarismos que luchaban. Surgen partidos con estructuras militarizadas dispuestos a ejercer una brutal violencia sobre contra todo aquel que no estuviera dispuesto a compartir sus ideas, unos nacionalismos exacerbados e intolerantes que con tal de conseguir sus objetivos no les importaba el respeto a la vida ni los derechos y libertadas de las personas.  España, con las características y peculiaridades sociales y políticas propias, fue una fiel anticipación de lo que meses más tarde sucedería en Europa, y el resultado final  de su guerra civil  influiría y mucho en el desarrollo posterior de los sucesos políticos y bélicos mundiales. España puede considerarse el anticipo y  laboratorio de los enfrentamientos militares mundiales. Italia y Alemania tomaron parte por el bando rebelde, mientras que la Unión Soviética  y las Brigadas Internacionales lo harían por la defensa de la República, anticipándose a los dos bandos enfrentados luego en Europa, si bien no fueron los únicos contingentes de tropas extranjeras en España.

            Pero lo que en aquellos momentos sucedía en España y la importancia que tuvo  en el marco internacional no fue una improvisación surgida a raíz del devenir de los acontecimientos mundiales. La búsqueda en diferentes archivos junto a la lectura y estudio de numerosísima bibliografía sobre el tema me han llevado, creo que con objetividad y sobre todo con  la máxima honradez, a revisar toda aquella literatura y estudios que desde los días calientes de la misma guerra civil hasta los últimos meses se ha escrito sobre el tema de la intervención italiana, admitiendo la certeza de que todo trabajo es mejorable y nunca se debe dejar de revisar. Pero poco o casi nada he encontrado sobre las relaciones personales que la amistad y colaboración entre Franco y Mussolini se produjeron. Desde que Mussolini en 1922 accede al poder en Italia tiene un gran objetivo en su cabeza, controlar el Mediterráneo para establecer en él un imperio y quitarse de en medio los posibles enemigos que se lo pudieran impedir. España era una pieza clave para desarrollar su estrategia y muy pronto piensa en ella para poner en práctica su política exterior mediterránea. Los tiempos iniciales de su mandato le fueron favorables, pero la llegada de la II República le supuso un gran contratiempo e hizo todo lo posible por acabar con ella. Ayudó siempre que se lo pidieron a los conspiradores y les prometió ayuda llegado el momento de acabar con ella, tal y como sucedió en julio de 1936.

            Franco fue el hombre que buscaba Mussolini y que su fascismo necesitaba en España, la persona que comiera de su mano y que fuera un estómago agradecido cuando le pidieran los favores que necesitaban para sus objetivos estratégicos en el Mediterráneo y acabar con el comunismo. Tenían objetivos comunes. Pero esta amistad no le resultó nunca fácil. Franco le había contratado, estaba en su país y era su guerra;  tenía su propio orgullo, sus propias ideas, su propios objetivos políticos y militares y su propia manera de llevar su guerra, algo que a Mussolini le costaba entender y aceptar, y nunca llegó a asimilar que se encontraba en un país extranjero que le había contratado y al que debía obediencia militar, respeto y seguir sus planes de acción, aunque pensara que estos eran equivocados. Era un legionario a sueldo,  una cuestión que he intentado analizar a lo largo de estas páginas. Uno y otro se criticaban, se juzgaban, se enfadaban si era preciso,  siempre y cuando el otro no hacía lo que al otro le convenía.  Franco nunca se dejó manejar ni engañar del todo, sólo cuando a él le interesaba y cedía por intereses  particulares, pero supo aprovecharse de la ambición de Mussolini por el éxito en  España para sus propios intereses. Sus relaciones nunca estuvieron exentas de conflictos, de conspiraciones de sospechas, de dudas y temores respecto al otro. Nunca supieron llevar una perfecta coordinación en sus acciones, ni políticas ni militares, y se desprestigiaban mutuamente cuando la ocasión era motivo para burlarse el uno del otro, criticando la forma de conducir la guerra y de ganar las batallas.

 La fidelidad de Mussolini a su socio, pero su amo, al que le había contratado y hacia sus propios hombres que dejaban sus vidas en suelo español es otra de las cuestiones que he intentado analizar en este trabajo. No se entiende la “traición” que el Duce hace Franco  y a sus propios italianos manteniendo el gran negocio de tráfico clandestino que estableció con la República; la única explicación posible es el mantener los negocios de una guerra que le podía dar pingües beneficios que compensaran otras pérdidas. Mussolini tenía prisa por acabar cuanto antes todo aquello y llevar de nuevo a sus hombres a Italia o a donde la situación bélica italiana les requiriera, mientras que a Franco le preocupaban otros motivos, dejarlo todo bien atado a sus espaldas, sin prisas, sin mirar el tiempo, las vidas  y el dinero que costase. Unas relaciones muy complicadas sobre todo con sus generales y su manera de llevar la guerra, provocando momentos de grave crisis, de desacuerdos y de amenazas de retirada de tropas. Querían finalizar cuanto antes su presencia en España, sobre todo cuando para Italia se ponía fea la situación europea y necesitaba en otros lugares los medios  que aquí empleaba.

El viejo interés de Mussolini por España y su situación geoestratégica le llevó además a intentar controlar su futuro inmediato, cuando finalizara la guerra de Franco. No era partidario de una monarquía en España, pero tampoco quería que Franco se perpetuara en el poder, y por ello hizo lo que pudo para no dar continuidad a un régimen personalista de Franco e intentó el regreso de la monarquía a suelo español, una monarquía que le fuera favorable y dócil a sus pretensiones. Pero Franco supo jugar con astucia y habilidad durante la guerra civil y después de ella, sobre todo a partir de la batalla de Guadalajara, cuando los defectos del fascismo quedaron en entredicho. Combinó perfectamente su actitud pedigüeña  a lo largo de la guerra con un perfecto control de la difícil relación y de los tiempos. Franco y Mussolini se necesitaban mutuamente y eso fue lo que les hizo superar las frecuentes crisis y discrepancias desde los comienzos mismos de la guerra civil hasta la caída del fascismo en  Italia.

A pesar de todas las dificultades y de la gran ayuda italiana prestada al general rebelde,  Franco y España pagaron y muy bien la colaboración fascista italiana. No sólo fue el dinero el medio de pago de la deuda, una parte de ella condonada, fueron otros métodos y maneras los que el Duce utilizó para saldar su gran colaboración humana y  material: asentamientos industriales en España, favores a la economía italiana, expansión cultural y política, colaboración internacional, utilización de suelo y bases españolas, ayudas al espionaje del Eje, colaboración en la segunda guerra mundial…. Eran muchos los beneficios que Mussolini podía obtener de España y de su amigo el general Franco, y más aún si Hitler hubiera aceptado las condiciones que le imponía Franco para entrar de lleno en la segunda Guerra Mundial. Ni Hitler aceptó y su proyecto fascista se daría por derrotado en 1945. Un proyecto al que Franco le iba viendo un cercano  final y poco a poco, con astucia y visión de futuro, fue desligándose de él y de su relación con la política del Eje, decantándose a abrir  paulatinamente sus relaciones a los países aliados, dejando casi en el olvido a su gran valedor italiano. El Duce se fue hundiendo poco a poco en un larga guerra de la que quería salir y su compromiso con Franco no se lo permitía, sintiéndose frustrado tras su participación en España. El balance final de la participación de Mussolini en la guerra civil española fue poco positivo o nada para él y para Italia. Fue bastante más provechosa para el general Franco. Ni el Duce lograría sus objetivos y pretensiones ocupando con sus tropas un país que llevaba años intentándolo, ni tampoco para Italia  a quien con su participación en la guerra española le privó de medios que le hubieran venido muy bien para mejorar su economía y   que además no le supuso ganar puntos ni méritos suficientes frente a Alemania.

 

 

DIMAS VAQUERO PELÁEZ

MUSSOLINI-ESPAÑA, FRANCO-MUSSOLINI, unas relaciones difíciles (sin editar)

28/04/2017 11:50.

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