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LA POLÍTICA CULTURAL DE MUSSOLINI, UN ARMA CONTRA ESPAÑA

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. La política cultural de Mussolini, un arma contra España (Publicado en "Mussolini-España, Franco-Mussolini, unas relaciones difíciles", Edit. Comuniter (Zaragoza)

            Mussolini no dudaría en utilizar la cultura para sus fines políticos y expansionistas, una excusa y herramienta muy útil para su penetración integral en España, tanto en la vida civil como en la política. Ante la posibilidad de que España incorporase el aprendizaje del italiano a sus planes de estudio en la segunda enseñanza desplegó en España un buen número de iniciativas culturales con la finalidad clara de extender no sólo la lengua, sino también su cultura y sus ideales del fascismo.

                Hábiles diplomáticos, disciplinados y obedientes delegados de prensa, adiestrados representantes de distintas organizaciones culturales, académicas y comerciales, prestigiosos escritores o fervorosos hispanistas comprometidos con el régimen fascista italiano , desarrollarían unas extensas relaciones culturales con España, acompañado de una intensa actividad propagandística para seguir contribuyendo a la ampliación de  los lazos entre uno  y otro país. Fue un acoso cultural y propagandístico  iniciado ya en la dictadura de Primo de Rivera, con algunos obstáculos y  dificultades durante la II República, pero que culminaría con gran éxito tras la llegada de los legionarios italianos y su participación en la guerra civil. Un compromiso y una participación con el que no toda la clase intelectual fascista italiana estaba de acuerdo, y que poco a poco fue creando una fractura entre intelectualidad y fascismo, debilitando el consenso que años atrás había existido sobre todo entre los jóvenes intelectuales italianos.

            La visita de Alfonso XIII a Roma, dos meses después de la llegada al poder de Primo de Rivera , y el posterior Tratado de Amistad y Arbitraje firmado entre ambos países en 1926, fueron los momentos elegidos para el inicio de un mayor acercamiento político de las dos dictaduras  mediterráneas. La actividad diplomática italiana centrará todos sus esfuerzos en conseguir una fructífera actuación en el plano ideológico-cultural para realizar una fuerte penetración en los ambientes culturales y en la opinión pública española, encaminados a favorecer la difusión ideológica del fascismo. Para el logro de estos objetivos los canales utilizados fueron muy diversos, tanto culturales como educativos:

-           La cooperación entre ambos regímenes con respecto a la limitación de la libertad de expresión.

-           La penetración ideológica a través de los libros de texto en el sistema educativo español, tanto en primaria como en secundaria.

-           Los acuerdos entre las editoriales españolas e italianas para la venta de libros sobre el movimiento fascista.

-           El control sobre las noticias referidas a Italia en la prensa española que cada vez eran más abundantes y elogiosas.

-           La proliferación de libros sobre política y economía fascistas.

-           Biografías del Duce.

-           La creación de colonias italianas fascistas con la finalidad de asentar a sus legionarios en España al finalizar la guerra.

-           Difusión de periódicos y revistas italianas por todo el territorio.

-           Cursos universitarios para la formación del profesorado sobre el sistema educativo italiano.

-           Cursos a  estudiantes universitarios españoles por parte de profesores italianos.

-           Financiación italiana de medios de comunicación españoles.

-           Sobornos a periodistas y control de los medios de comunicación.

-           Visitas educativas de estudiantes universitarios españoles a Italia.

-           Cooperación entre intelectuales españoles e italianos.[1]

-           Charlas y conferencias sobre el fascismo y la exaltación de la latinidad  en diferentes círculos culturales españoles.

-           Visitas a Italia de personalidades relevantes en la política española para conocer sus organizaciones y observar sus logros.

-           Asentamiento en diferentes ciudades españolas de las Casas del Fascio.

-           El desarrollo de la  actividad editorial llevada a cabo por el Istituto Cristoforo Colombo, sobre todo con la edición de la revista Colombo y sus trabajos de contenido político y económico. Algunas de sus secciones eran: “Cultura ibérica”, “profilili di scrittori spagnoli”, “libri spagnoli” o “Cronache di literatura spagnola contemporánea”.

            Las pretensiones italianas respecto a España se verían reforzadas con este tipo de política cultural. Podría ser un gran medio para fascistizar España, reforzar  y estrechar lazos de amistad que le sirvieran para unir más las dos dictaduras y obtener ventajas en las pretensiones italianas sobre España. Toma como partida un objetivo cultural y educativo para conseguir otro objetivo más importante, el de abonar un terreno en el que tuviese amigos para servirse de ellos en  su expansionismo colonial.

            El expansionismo ideológico y cultural del fascismo italiano en España se vería frenado tras la caída de Primo de Rivera y la llegada posterior de la II República, que, como se viene diciendo, supondría un duro golpe a las pretensiones italianas de convertir España en terreno idóneo de propagación de la ideología y de sus aspiraciones. Las tensiones entre República y Mussolini van a aumentar con la  participación italiana en el levantamiento militar del general Sanjurjo, y sus planes de expansión cultural en España se centrarán  en el nuevo embajador en Madrid, Raffaele Guariglia, que empezaría por restablecer un clima de mayor normalidad así como las relaciones maltrechas entre uno y otro país.  En uno de los primeros comunicados que Guariglia envía a su Ministerio, incidirá ya  en la importantísima cuestión de las relaciones culturales, a las que llegaba a considerar como la mejor y más eficaz forma de acción política que podría ejercerse en España y el mejor modo para  inducir a los españoles a un estudio y a una comprensión del fascismo como hecho político de carácter universal. El 31 de Agosto de 1932 el embajador recibiría de manos de Mussolini el texto en el que se impartían las nuevas directrices que debía seguir la embajada en España, potenciando todo lo que se ha dicho anteriormente:

"...en la única dirección posible: la "cultural" que en el fondo era congeniable  y que, dado el clima político , no podía evitar de identificarse y mezclarse con la propaganda "fascista". Y en aquel campo él consiguió algún innegable éxito".

            Guariglia supo desarrollar y llevar a cabo una intensa actividad en el campo cultural entre los dos países. Fomentó una intensa actividad universitaria con la creación de un centro en la Ciudad Universitaria de Madrid, L’Istituzione, una especie de centro, instituto o asociación cultural italo-española, a semejanza de uno francés ya existente, que debería promover conferencias, manifestaciones intelectuales y artísticas, intercambios de profesores…  Otros frentes de inmersión político-cultural en la vida española fueron la difusión del libro italiano, buscando soluciones a los problemas de difusión de los libros italianos por España y enviando un agente editorial que representaba los intereses de los editores italianos en España, al igual que la creación de cátedras en algunos ateneos. Y siguiendo esta línea de penetración cultural,  el 28 de abril de 1933 se inauguraba en Madrid el “Centro scambi culturali” que se convertiría en uno de los principales focos de las actividades culturales y propagandísticas  en España.

            Otra  de las iniciativas de Guariglia en su “misión” de potenciar las relaciones culturales hispa fue la de publicar una colección de libros en español, bajo el título de Biblioteca Hispano-Italiana, subvencionada por la embajada italiana, en los que se daba cabida a destacados hispanistas italianos, si bien su éxito fue relativo al tenerse que suspender por falta de subvención. Supo con gran habilidad utilizar, siempre en el nombre de la cultura, la figura de intelectuales de prestigio al frente de actividades de tipo político para encubrir la verdadera finalidad de éstas, y atraerse de esta manera la adhesión y el apoyo de personalidades españolas.

            Menos éxito iba a tener con otras ideas como fue la creación de una agencia de prensa, desestimada por el Ministerio por su elevado coste, o la más modesta de  montar una radio que permitiera recibir con rapidez noticias procedentes de Roma para su  inmediata distribución a los periódicos españoles. A pesar de los recortes a los que veía sometida su labor de difusión cultural y de propaganda por el territorio español, fue constituido un “pretendido Centro de cultura italo-español” y como responsable de dicho centro se designa a Cesare A. Gullino, corresponsal en España del Corriere della Será y de la Agenzia Stefani, para la publicación de numerosos artículos en diferentes periódicos españoles. Eran artículos “propios y verdaderos”, redactados por la embajada y publicados íntegramente con la firma de uno u otro periodista español, previamente “trabajado”[2] con viajes o propinas. En ellos se hablaba de temas como el Dopolavoro, el Estado Corporativo, las gestas aéreas de Balbo o aspectos relacionados con la política exterior italiana o la vida económica y cultural de Italia. Los medios españoles escritos que se hicieron eco de estas publicaciones italianas fueron  El Debate, el ABC, Ahora, Nación, Imparcial y Época.

            En 1935 visitan Italia un grupo de periodistas españoles, invitados por el Ministerio de Prensa y Propaganda, siendo recibidos por Ciano y por el mismo Mussolini, quien, haciendo votos por la amistad entre las dos naciones latinas, mostró su satisfacción por la actitud cordial y comprensiva de la prensa española hacia Italia. Fueron invitados también a visitar otras ciudades como Nápoles, Turín y Milán, a fin de comprobar y apreciar los logros del fascismo en Italia para su posterior divulgación a través de la prensa española. En el informe de Pedrazzi, embajador italiano en España en este mismo año tras Guariglia, dirigido al ministro de exteriores italiano, además de no ahorrarse algunas críticas a la manera en que se había llevado a cabo la penetración cultural en España en la época anterior, insiste en las posibilidades que ofrece la situación política española en los meses precedentes a la guerra civil, viendo el momento idóneo para una mayor penetración en la sociedad española. Las críticas que realiza sobre cómo se había llevado a cabo esa política cultural  hasta entonces, se centran en los cursos de lengua y cultura italiana en favor de los conciertos, que consideraba menos útiles para el objetivo que buscaban. Críticas que también hablan del excesivo empeño en centrarlos en Barcelona en detrimento de la capital, Madrid, algo que  a criterio de Pedrazzi no agradaba demasiado a las autoridades gubernamentales, ya que en Barcelona “ é in declino dal punto di vista culturale” -a causa de la politización de movimiento cultural catalanista-,  mientras que en la capital, Madrid,  “está en total y vigorosa reanudación intelectual. Aquí están los más grandes genios, los más grandes escritores, los más grandes docentes del España, aquí está la más grande y concurrida Universidad española...  y una gran cantidad de jóvenes que políticamente marchan en las filas del joven Primo de Rivera, de los Tradicionalistas”.  Pedrazzi quería centrar la acción propagandística cultural en la capital por las mejores condiciones políticas para su implantación y las posibilidades de expansión política del fascismo en Madrid, en contra de lo que había realizado su predecesor Guariglia.  En enero de este año 1935 se concedería, a petición de Pedrazzi, 30.000 pesetas al objeto de influir a través de la prensa en la opinión pública española de cara a las elecciones de febrero,  y en junio se otorgó al periodista español González Ruano una asignación mensual de 1.000 liras. A lo largo de este año  se utilizó con gran éxito otro medio de difusión de gran relevancia, la radio, empezando a  realizarse trasmisiones en lengua castellana desde Florencia y Milán, emisiones que según Ciano eran seguidas en pueblos y ciudades españoles con gran audiencia. Entre  los meses de febrero y  junio de 1936 aumentaron de forma considerable la difusión de libros y propaganda sobre el fascismo, y, en un despacho de abril de 1936, el embajador Pedrazzi sintetizaba las actividades desarrolladas durante el mes precedente en los siguientes puntos[3]:

-        Difusión a través de la Agencia Internacional Arco de noticias italianas o de fuente italiana.

-        Artículos sobre la cuestión italo-abisinia, enviados a la prensa española.

-        Trasmisión de noticias a los periódicos de Barcelona, Sevilla, Tetuán y Santa Cruz de Tenerife a través de los respectivos consulados.

-        Servicio de control sobre las emisiones de política internacional de la Radio de España por el “sistema acostumbrado”.

-        Envío de fotografías a los periódicos.

-        Publicación de nuevos artículos italianos como “La función euroafricana del Mediterráneo”; “aspectos del avance italiano en el Tigrai”; Natalidad y expansión”; “el imperialismo inglés y la Sociedad de naciones”; “Euro África y los hombres”; “Fin de los pantanos de la región Pontina. Una nueva ciudad”; “Los italianos y la defensa del producto nacional”; “Tríplice conjuración”; “¿Violó Italia el pacto Kellog?; “Los Danakiles y Etiopía” y “Lo que Italia ha hecho en sus colonias en África oriental”.

-        Transmisión de numerosos boletines de noticias varias a través de consulados.

            Ya en plena guerra civil, y trasladada la Embajada a San Sebastián, las cuestiones culturales y de propaganda del fascismo se centraron sobre todo en el apoyo directo al Gobierno Nacional, y las labores del Ufficio Stampa italiano en Salamanca unía esfuerzos en aumentar su campaña propagandística. Llegar a controlar la opinión pública de los nacionales era fundamental para su política de inmersión total. Además de asentarse en suelo español, era clave para sus objetivos asentarse también en el estado de opinión de sus habitantes y modelar sus ideas. Elaboraron un boletín de noticias italianas, artículos sobre el fascismo en Italia y los logros obtenidos, con una distribución por los diarios españoles y emisoras de radio, junto con abundantes publicaciones de contenido ideológico-propagandístico provenientes de Roma, siendo enviadas ya traducidas a diversas instituciones políticas y culturales[4]. Los medios radiofónicos nacionales se vieron inundados de música, noticias y propaganda no sólo en español, también en italiano, todo ello suministrado por el Ufficio Stampa e Propaganda fascista, una intervención en el medio más rápido y eficaz para llevar y extender su ideología. Desde Radio Milán se hizo una propaganda permanente sobre las situaciones de los españoles en la zona rebelde y en la zona republicana,  así como sobre sus condiciones de vida, y en las noticias  de los nacionales no dejaban de llegar información procedente de Roma, Florencia o Nápoles.

            Mussolini tenía la oportunidad de controlar la cultura y la propaganda dentro de la férrea estructuración del estado totalitario, ampliando los instrumentos y el personal encargados de gestionar las crecientes necesidades; era un arma que le podría dar muy  buenos resultados para su control sobre la sociedad civil y adentrarse políticamente. Ejerció un control político de la prensa y los medios de comunicación de masas, con instrucciones provenientes del Ministero per la Stampa e la Propaganda,  en los diarios Diario ABC y Blanco y Negro, emisoras de radio que difundían noticias italianas como Radio Nacional de Salamanca, Radio Verdad y Unión Radio que pertenecía al Consulado italiano en Sevilla. Desde Valladolid publicaban el periódico Il Legionario, que era distribuido, junto a la prensa italiana, entre las tropas italianas en España,  así como la utilización y uso de la denominada “Biblioteca circolante”, con libros de lectura que acercaban a los legionarios heridos o ingresados en los hospitales, entre ellos muchos soldados españoles enrolados en las Brigadas Mixtas.

            A partir de mayo de 1937 el ministerio encargado de la difusión cultural y propaganda pasaría a denominarse Ministero della Cultura Popolare[5] y su objetivo era ser más efectiva y potente, con una mayor capacidad organizativa y más calidad. Creó centros bibliográficos italianos en todo el territorio español, a petición de los diplomáticos fascistas en España y adscritos a las universidades de la España nacional, siendo una importante fuente de consulta y de influencia en políticos y estudiosos. En la postguerra se constituiría en Madrid el Istituto Italiano di Cultura, bajo la supervisión de Salvatore Battaglia. El  delegado de prensa de la embajada italiana era Amor Bavaj, promotor de las relaciones culturales hispano-italianas durante la guerra y encargado de la edición de un “Bolletino bibliográfico italiano”. El objetivo era dar un mayor impulso a la promoción cultural,  con la posibilidad de llevar a cabo el intercambio de estudiantes y profesores entre las universidades italianas y doce universidades españolas bajo el control de los nacionales. Junto al ministro español Pedro Sainz Rodríguez proyectó la creación de un centro internacional de hispanismo, para el desarrollo de los estudios hispánicos, junto al intercambio de revistas y publicaciones entre los dos países: Il Frontespizio, Nuova Antología, Libro e moschetto y Civilitá Fascista, y  por parte de los nacionales España, Vértice, Jerarquía, F.E,…[6].

            Durante los años de la guerra civil fueron numerosísimas las operaciones de propaganda cultural, así como los esfuerzos por la divulgación de la producción editorial italiana en España, siempre bajo la dirección de Bavaj que intentaba implicar directamente en la campaña propagandística  a los intelectuales españoles interesados por la cultura italiana: Luis Felipe Vivanco, Eloy Bullón, Federico de Urrutia, Laín Entralgo, Antonio de Obregón…  Intelectuales y escritores, por convicción o a cambio de cargos y reconocimientos, también por la presión de los acontecimientos, pondrían su nombre y su esfuerzo al servicio de una ideología[7]. Sería además la vía ideal para dar a conocer los escritos y discursos de Mussolini en España y servir de decidido apoyo al nuevo orden político, tanto en la elaboración de su doctrina cultural como a la hora de dotarlo de prestigio cara a la opinión pública nacional e internacional.  Se llegó a proponer la creación de un premio literario, Spagna, dirigido a escritores italianos, organizado conjuntamente con la revista Domingo, y, según el jefe de gabinete de prensa del C.T.V., Foschini, sería el mejor preludio de la activa penetración en el ambiente periodístico y literario español, y que contribuyera a la expansión del mercado editorial fascista en España. Varias publicaciones italianas diarias y semanales, además del Il Legionario, circulaban por las trincheras y frentes nacionales, como el Popolo d’Italia, el Giornale o la Gazzetta dello Sport, y  las películas italianas del Servicio Fotocinematografico del Corpo, fueron distribuidas por varias localidades españolas a través de un servicio ambulante.

            Finalizada la guerra civil la  estrategia propagandística y cultural estuvo basada sobre todo en el intercambio de artículos, publicaciones y trabajos de intelectuales y escritores tanto italianos como españoles, que servirían para reforzar la imagen del nuevo ideario político interviniendo en la formación de la opinión pública española. Mejorar la actitud española ante Italia y el fascismo era algo sobre lo que los diplomáticos italianos no dejaban de insistir y para ello contaron con el apoyo de periodistas como González Ruano, Fermín de Yzurdiaga, Ernesto Giménez Caballero, Víctor de la Serna, Luis Antonio Bolín, Eugenio Montes, Ramón Ruiz Alonso, Vicente Ruiz Albéniz “El Tebib Arrubi” o Fernando d’Ors, entre otros muchos que procuraron con sus escritos no molestar a Italia y servir a la “causa nacional” con fidelidad ciega. Giménez Arnau, delegado de prensa de la Embajada española en Roma, propuso a las autoridades italianas, concretamente al I.R.C.E.[8] , el intercambio de artículos para ser publicados en periódicos y revistas, asegurando la colaboración de los académicos de la lengua M. Machado, Saínz Rodríguez y M. Asín y Palacios, una idea que se vería truncada con la entrada de Italia en la Segunda Guerra Mundial, afectando a los intercambios culturales y centrándose sobre todo en una acción de propaganda política. Patrocinado por el I.R.C.E., y para celebrar la victoria franquista, se edita el libro “Italia e Spagna[9]”, donde se reúnen una serie de ensayos sobre las relaciones culturales e históricas entre Italia y España desde la época de la Roma Imperial hasta la contribución italiana a la victoria contra los “rojos”, y en donde aparecen artículos de Pavolini, Ambruzzi, Arturo Farinelli, Alberto Consiglio, Giovanni Papini o Giovanni María Bertini. Una publicación concebida sobre todo con fines preferentemente políticos más que literarios.



[1] De esta colaboración surgirá la revista en italiano y en español “Legiones y Falanges”.

[2] Saz, I., Mussolini contra la II República, Ediciones Alfons el Magnánim, pág.88

[3] Saz, I, Mussolini contra la II República, pág. 90

[4] Peña Sánchez, V., Intelectuales y fascismo. La cultura italiana del ventennio fascista y su repercusión en España. Ediciones Adhara, Granada. Pág. 225

[5] Minculpop.

[6]Ibidem, pág. 228

[7]Ibidem, pág. 231

[8]Istituto Nazionale per le  Relazioni Culturali con l’Estero

[9] Italia e Spagna. Aggi sui storici, filosofici e artistici tra le due civiltà, Florencia, F. Le Monier, 1941.

 

17/10/2017 20:45.

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