CONSPIRACIONES PREVIAS AL 18 DE JULIO DE 1936

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.- CONSPIRACIONES PREVIAS AL 18 DE JULIO.

               Era evidente que  tras la victoria del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936 se podría gestar una conspiración  definitiva para acabar con la República. No fue una, fueron varias, hasta terminar en la sublevación militar unos meses después. Algunos historiadores la han denominado como la “conspiración del odio”,  y su objetivo era derribar el orden republicano con un golpe de estado. Contaban con el apoyo de una trama civil que financió sus planes y una ayuda exterior, siendo el desenlace una larga y sangrienta guerra civil entre españoles.

               El triunfo del Frente Popular fue el desencadenante de unos momentos de tensión y crisis en el gobierno español, con revueltas y enfrentamientos continuos que habían sembrado de desórdenes las calles y ciudades españolas con duros brotes de violencia, donde desempeñaban  un papel muy importante los pequeños grupos fascistas españoles en los altercados, y, aunque no se tienen testimonios de que también participaran grupos italianos, sí que financiaran a grupos fascistas españoles encargados de sembrar el terror y el caos para culpar a la República de todos aquellos males. No hay pruebas o documentos  que puedan  hacer pensar en un apoyo directo de estos, pero los rumores de un golpe derechista estaban presentes en las calles[1]. Italia y Mussolini jugarían  un papel tan importante o más que Franco en el momento de la sublevación militar, serían  la clave para que triunfara en España    la revuelta, enfrentándose así de una manera directa y contundente a la República española, el objetivo que llevaban buscando varios años atrás.

Antes del triunfo de las izquierdas en las elecciones de febrero de 1936, varios generales y otros miembros de la Junta Central y de la Unión Militar Española (UME), una organización fundada a finales de 1933 para canalizar el descontento por las reformas militares que la República estaba llevando a efecto para modernizar el ejército y garantizar la fidelidad a la República, se reunirían en la casa del general retirado Emilio Barrera, uno de los que habían firmado el acuerdo con Italo Balbo el 31 de marzo de 1934 junto a Lizarza, Olazabal y Antonio Goicoechea[2],  así como uno de los cerebros de la Sanjurjada. Su finalidad era discutir y planificar sobre la opción de un golpe en caso de que el Frente Popular recién constituido ganara las elecciones de febrero, llegando incluso a fijar una posible fecha del golpe, el 19 de febrero. Algunos militares, sobre todo africanistas, no aprobaban ni la reforma militar, ni la modernización del ejército, ni estaban de acuerdo  con que Azaña hubiera determinado el cierre de la Academia General militar de Zaragoza, considerándose los salvadores de la patria ante los “desórdenes” que la República estaba provocando en España.

               Desde el mismo día de la victoria electoral de izquierdas en febrero de 1936, los oficiales reaccionarios y monárquicos comenzaron ya a planear la sublevación militar, y para ello necesitarían el apoyo de una trama civil y ayuda del exterior. El 17 de febrero, un día después del triunfo electoral del Frente Popular, el general Goded trató de sublevar sin éxito a las tropas del Cuartel de la Montaña, y aunque fracasó, era un claro síntoma de que los conspiradores estaban planeando algo serio para acabar con el triunfo de las izquierdas, un síntoma que no fue apreciado ni valorado suficientemente por el gobierno y que se limitó a alejar a los generales desafectos. El general Francisco Franco fue enviado a Canarias, que ya dijo entonces “hacen ustedes mal en alejarme, porque yo en Madrid podría ser más útil al Ejército y a la tranquilidad de España”. El general Goded, el sublevado, a las islas Baleares, y el general  Emilio Mola, el “Director”  de la trama a desarrollar en  la sublevación de julio, a Pamplona, tierra de los requetés.

               En esta trama de conspiradores había más gente además de los militares: los monárquicos- alfonsinos que deseaban la vuelta al viejo orden monárquico existente,  los carlistas que controlaba Mola desde su destino en Pamplona y la Junta de Generales. Muchos conspiradores contra la República, militares y civiles; la ayuda del exterior de Italia, con lo que podían contar llegado el momento de la sublevación;  por otra lado tenían también asegurada la financiación económica de la trama, que correspondería en buena parte al banquero mallorquín Juan March, el “empresario de la rebelión”. Faltaba el momento más idóneo y la fecha. En marzo Mola se entrevistaría en varias ocasiones con los generales Goded, Kindelán, Orgaz, Ponte, Saliquet, Franco, Galarza, Varela, Carrascosa y Ortiz de Zárate, y el día 19 se volvieron a reunir en la casa de un diputado de la CEDA, Gil Robles, y de esa reunión salió el compromiso de Franco de adherirse a la causa sólo en el caso de que el líder del PSOE, Largo Caballero, asumiera el gobierno y estallara la anarquía, o de que un movimiento popular condujera a la declaración de estado de guerra[3]. En el mes de Abril, Mola había repartido entre algunas de las divisiones las primeras instrucciones de lo que iba ser el golpe de estado[4]:

“García Escámez animó al general en todo momento. “Usted debe tomar las riendas de esto”, decíale ya en marzo (sic). Luego, a lo largo de la conjura, en las vicisitudes adversas, le aseguraba: “Yo le sigo a usted aunque nos quedemos los dos solos”. A partir del 29 de mayo, Mola asumió la dirección del movimiento en la península. Sus Instrucciones y Directrices reservadas las firmaba con el seudónimo de “El Director”.(….) La conquista del Poder habría de efectuarse aprovechando la primera coyuntura favorable por el Ejército, secundado por los patriotas. Paralela a la actuación de las fuerzas armadas y en estrecho contacto con ellas por mediación de enlaces, se desarrollaría la actividad del elemento civil articulada en comités (…). “La acción insurreccional- prescribía Mola- ha de sr en extremo violenta para reducir lo antes posible al enemigo, que es fuerte y está bien organizado”. La huelga general sería estrangulada encarcelando a los directivos de las organizaciones revolucionarias. En otra de las Instrucciones – que no se ha dado a la publicidad- señalaba a Madrid como objetivo. El movimiento había de ser lo más extenso y simultáneo posible (…).en los meses de junio y julio, docenas de oficiales comprometidos acudían a visitar al general para ofrecerle su concurso. La policía, o no veía o no quería ver aquello (Más creo yo esto último) (…).Mientras tanto en Navarra, las organizaciones políticas comprometidas en la sublevación, se preparaban. A Mola le tengo oído hablar de un avión que aterrizaba en un raso de la sierra de Urbasa, y llegó a dejar armas que recogían en camiones por caminos abiertos en la serranía (…). Las armas existían ocultas en escondrijos, emparedadas en tabiques domésticos, soterradas en sacos (bien untadas de vaselina), esperaban la hora de la resurrección”.

               Hubo varias entrevistas entre Mola y Queipo de Llano en Irurzun, así como con Cabanellas programada en la Venta de Escabulosas, en la carretera de Jaca a Pamplona. Esta última entrevista tuvo que ser suspendida y se celebró dos semanas más tarde entre Tudela y las Bardenas, en Murillo de las Limas, el domingo 14 de junio, para jurarse ambos fidelidad y convenir que Zaragoza organizaría una columna sobre Guadalajara y Madrid y que proveería de armas a Navarra que al parecer no contaba con suficientes. Ambos mantuvieron una intensa correspondencia epistolar, y tuvieron otra reunión el día 1 de julio, donde fue Mola quien le visitó en Zaragoza, y acuerdan que el mismo día de la sublevación partirían desde Zaragoza hasta Tudela un convoy de diez camiones con fusiles y munición, desde donde sería trasladada la carga hasta Pamplona por una compañía de infantería y una sección de la Guardia Civil.

               Tres meses antes de la sublevación del 18 de julio, concretamente el 19 de abril,  el coronel  africanista Enrique Varela había proyectado también otro levantamiento en Madrid. Pensaba tomar el poder desde la capital, pero fue perdiendo apoyos y fuerza hasta desinflarse totalmente frente al golpe que diseñaba Mola, que consistía en levantar las provincias y desde allí llegar a Madrid, al contrario que el “Plan de Varela”. Las sublevaciones y los golpes militares no le eran nuevos al coronel, anteriormente había participado junto a Sanjurjo en el golpe de 1932 y que le supuso estar recluido dos meses en la prisión del castillo de Santa Catalina, en Cádiz. No se sabe si el motivo de su levantamiento era que sólo la fuerza de las armas podría devolver la tranquilidad a España o que tal vez  había que acabar con la República que tantas reformas sociales, educativas y militares había traído a España.

               Sobre las relaciones entre monárquicos alfonsinos y el jefe de Falange parece ser que eran coincidentes en que debería haber una sublevación militar contra los enemigos de España y no faltaría en ese supuesto la colaboración entre ambos, liderando el carácter político del movimiento y que de él naciera un Estado “nacional-sindicalista”, dejando a un lado las grandes diferencias que había entre unos y otros. El objetivo a derribar, la República,  era por tanto común a los dos y el fascismo español no podía constituirse en la fuerza dominante de la derecha, además de que su significancia política no era poderosa. No hubo ni se produjo ninguna intervención del  Komintern ni de la URSS en España, pero sí una alianza entre las derechas contrarrevolucionarias y antiliberales y ciertos sectores militares para “recabar con éxito la intervención internacional de la Italia fascista antes del golpe” en la trama que desembocó en la sublevación militar, como afirma Angel Viñas.

               El “Plan Mola” seguía ganando adeptos y tomando cuerpo, y el 5 de junio El Director, Mola, redactaría los primeros Decretos-Leyes de lo que habría de ser el Directorio, resaltando la suspensión de la Constitución republicana de 1931, el cese del Presidente de la República y los miembros del Gobierno y el restablecimiento de la pena de muerte en los delitos contra las personas, para crear un estado fuerte y disciplinado.  Tuvo que hacer grandes esfuerzos  dedicando tiempo y energía para fortalecer sus planes y asegurarse el apoyo de los carlistas con sus requetés, no muy numerosos, pero que consideraba indispensables para sus operaciones y solicita el apoyo de la Falange, aunque sus “tropas de combate” eran más reducidas que las de los carlistas[5]. El que habría de convertirse posteriormente en el Caudillo, Franco, fue el más indeciso de todos los que se iban a sublevar y en el que menos confiaba Mola. Para los conspiradores la decisión de Franco fue una incógnita hasta el último instante, el asesinato de Calvo Sotelo.

Pero el momento idóneo para el golpe no llegaba a fijarse y cada vez era más conocido el ruido de sables y que  algo se cocía contra la República, ante la pasividad de Azaña sobre todo cuando el 10 de julio Casares Quiroga[6], Presidente el consejo de Ministros entonces, le alertó de la inminencia de un golpe militar. El plan diseñado por Mola[7] consistía en un golpe “ con carácter centrípeto, es decir, a partir de la sublevación de varias guarniciones periféricas, que enviarían una avalancha de tropas sobre Madrid”, y al mando se situaba al general Sanjurjo exiliado en Portugal y cuya muerte en accidente aéreo, a las pocas horas del golpe, dejaría a Franco expedito el camino para ser el Generalísimo[8]. El golpe en sí fracasó si lo vemos desde el punto de vista de un golpe rápido desde las provincias para llegar rápidamente a la capital y tomarla, y ante la negativa de muchos militares leales a la República de sumarse a los rebeldes: la mayoría de los generales fueron leales[9], mientras que más de la mitad de los coroneles y comandantes se levantaron en armas. Las dudas del Gobierno y la falta de decisiones rápidas y contundente  hizo que en pocos días aquello se transformara en una guerra civil con las consecuencias que todos sabemos. Los golpistas se escudaban en los duros brotes de violencia, en los tiroteos y bombas que estaban creando una sensación colectiva de ruina  y anarquía del país, de la que ellos eran los principales responsables, para apoyar sus planes de acabar con la República y con sus reformas.

               En la sesión del 16 de junio, Gil Robles presentó un dramático resumen de los desórdenes públicos en España y a continuación Calvo Sotelo se declaró “fascista”, respondiéndole Casares Quiroga, Jefe del Gobierno: “Después de lo que ha dicho su señoría ante el Parlamento, de cualquier cosa que pudiera ocurrir, que no ocurrirá, haré responsable ante el país a su señoría”. La lucha por el poder pasaría, como dice Raymond Carr, de las Cortes a la calle, a los clubes y a los comedores oficiales. Anthony Beevor[10] afirma que desde el primer momento los nacionales quisieron hacer creer a todo el mundo que sólo se había sublevado para abortar un putsch comunista, lo que no era más que un montaje para justificarse, a toro pasado, por lo que habían hecho; y Paul Preston que “la guerra civil representó la última expresión de los intentos de los elementos reaccionarios en la política española de aplastar cualquier reforma que pudiera amenazar su privilegiada situación”.

En opinión de  Palmiro Togliatti, como en la de otros muchos historiadores, la sedición fascista fue preparada durante largo tiempo, no fue un  producto de la casualidad  ni de la iluminación de las mentes de un grupo de militares descontentos. En su preparación tomarían parte dirigentes fascistas de partidos españoles y del movimiento fascista internacional, encabezados por italianos y alemanes: “Al sostener a los fascistas españoles, el imperialismo italiano y el alemán intentaban realizar también sus propios planes, dando un paso más a la  preparación de sus agresiones militares. Para Alemania el objetivo era ceñir a Francia por un cerco de tres estados fascistas enemigos de la libertad, de la independencia de los pueblos y de la paz y dar un primer paso concreto hacia la realización de sus aspiraciones coloniales. Para Italia el objetivo era asegurarse una posición dominante en el Mediterráneo occidental a través de la conquista de una de las islas Baleares o también de parte de Marruecos”[11].

  Extraido de mi libro:  
MUSSOLINI&ESPAÑA, FRANCO&MUSSOLINI, UNAS RELACIONES DIFÍCILES (Cap. II), Edit. Comuniter, Zaragoza 2017

[1] El historiador Ángel Viñas en la revista Nuova Storia contemporánea, anno XVII, nº 5, settembre-octobre 2103, en su artículo “L’Italia e la sommamosa militare spagnola del 18 luglio 1936”, p. 77, sobre la financiación de la sublevación militar y la participación italiana, afirma que parte  de los fondos disponibles en la ayuda italiana previa a la sublevación irían destinados a la financiación  de pequeños grupos de acción directa que provocarían atentados, actuaban contra edificios, financiando a pistoleros de la Falange y actividades subversivas antidemocráticas dentro del ejército.

[2] ACDE, Roma. Acta y Tratado de neutralidad Italia-España para el futuro. Marzo 1934. Docs. 063027-063030.

[3] Alberto de Frutos, La conspiración del odio, en Revista Historia de Iberia Vieja, nº 112.

[4] Así lo recoge José María Iribarren el libro “Con el general Mola”, editado en mayo de 1937 por las editorial del Heraldo de Aragón, p. 31 y ss.  Fue un abogado que estuvo “con el general Mola” de julio a diciembre  de 1936 como secretario personal. A pesar de que el libro tenía el visto bueno de Mola y había corregido algunas cuestiones, tuvo una vida muy corta, fue un libro retirado  a los pocos días de ver la luz de las librerías por la censura  militar, con orden de retirada y destrucción de todos los ejemplares, pero no fue destruido en su totalidad, y algunos ejemplares en la misma comisaría fueron “destapados”, es decir, perdieron las cubiertas. El autor, José María Iribarren le acompañó en sus viajes y en las sucesivas instalaciones de su cuartel general: Burgos, Valladolid, Ávila, Talavera y otra vez en Ávila. Como secretario particular, se hallaba en la puerta de su despacho, viendo a los que entraban y salían, escuchando las conversaciones de los que esperaban. Recibía noticias de los frentes. Escribía cartas. Leía comunicados. Redactaba partes y proclamas, dice Ricardo Oñaquindía en su tratado sobre el citado libro “Un libro de José María Iribarren condenado por la censura: con el general Mola”.

[5] Ranzato, G., El gran miedo de 1936. Cómo España se precipitó en la guerra civil. Edit. La esfera de los libros, Madrid 2014, p.341.

[6] Azaña mostró una actitud de pasividad y desprecio ante los continuos avisos y preocupaciones que existía entre los representantes de las fuerzas políticas que no dejaban de advertirle de los rumores cada vez más preocupantes de una inminente sublevación militar: ¡que se levanten! , en cambio, yo me voy a acostar!, fue la respuesta dada a unos periodistas pocos días antes del golpe militar. Casares estaba al tanto de la conspiración y no había dejado de tomar algunas medidas para impedir su extensión y prevenirla.

[7] FNFF, doc. Nº 5191, sin fecha, del año 1961. Es un informe sobre Antonio Lizarza Iribarren, su relación con Mola y sus servicios durante la guerra. En él se dice que el 17 de Julio tomó un avión para recoger al general Sanjurjo, desterrado en Portugal, y traicionado por el piloto francés, aterrizó en Burgos, donde era esperado por el propio Director General de Seguridad de la República, D. Antonio Mallol, que, de acuerdo con el piloto, había preparado una trampa sabedor de la trascendencia del viaje. “Unión Radio” dio una nota el mismo día 17 de julio en la que se decía que el Movimiento había sido abortado al ser detenido un “destacado cabecilla del mismo”.

En otro documento del mismo archivo de la FNFF, nº 25432, también se dice que fue el enlace del General Mola con el Príncipe D. Alfonso-Carlos de Borbón, y que se entregó a la campaña del “carloctavismo” y que a él se debieron los éxitos logrados frente al señor Conde de Rodezno y a Fal Conde.

 

 

[9] Sólo cuatro generales de división en activo, Franco, Goded, Queipo de Llano y Cabanellas, fueron los que se sublevaron.

[10]Beevor, A., La guerra civil española, Crítica, 2005.

[11]Togliatti,P.,  “Escritos sobre la guerra de España”, Edt. Crítica, pg. 69, Barcelona 1.980.

Político italiano, Secretario General del Partido Comunista Italiano desde 1927 hasta su muerte en 1964. Nació en Génova, 26 de marzo de 1893 – y muere en Yalta, 21 de agosto de 1964.

12/06/2020 18:11.

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