Del buque EBRO al ANIENE: los inicios del traslado marítimo de material italiano para los sublevados

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El buque mercante “EBRO” ( Compañía Pinillos): primer traslado marítimo de material italiano para los sublevados[1].

                Los monárquicos no era la primera vez que iban a intentar acabar con la República, recordemos  la Sanjurjada de 1932 y que habían contactado ya con Mussolini a los pocos meses de instaurarse la República en España prometiéndoles su ayuda en el caso de una sublevación contra ésta. Por medio de D. Pedro Saínz Rodríguez, contrataron con  Italia un gran lote de material bélico, incluyendo aviones, a principios de julio del 36, unos días antes de la sublevación militar. Antonio Goicoechea, de Renovación Española, avalaría el envío, contando con la complicidad de Calvo Sotelo, el que días más tarde se declaró en el Parlamento “fascista”. El 14 de junio, un mes antes de la sublevación militar, Antonio Goicoechea, que había participado en los primeros contactos de los golpistas con Italia, solicita la intervención del italiano Ernesto Carpi para que le represente ante los italianos en nombre del Bloque Nacional y de la Falange, llevando importantes informes sobre la conspiración que se estaba gestando y para que D. Pedro Saínz negociase la firma de los contratos con la Sociedad Italiana Idrovolante Alta Italia. 

                Don Pedro Sainz Rodríguez recuerda[2] que ya en los meses anteriores al levantamiento  militar, se llegó a un acuerdo, tramado por él mismo, entre el Conde de Rodezno, Goicoechea y Calvo Sotelo que fue transmitido secretamente a Roma. Al parecer en tal acuerdo los signatarios recurrían al anterior compromiso con Italia a favor del apoyo de una eventual sublevación contra el desorden republicano. D. Pedro Sainz Rodríguez mantendría una amplia gestión clandestina en Roma encaminada a derribar la República con la ayuda italiana y a conseguir medios para ello. Organiza un plan para buscar los contactos italianos que le llevarán hasta su gobierno fascista. A través del conde de Gamizo, Pedro Sainz conoce al citado Ernesto Carpi, un empleado de banca cuya mujer había sido cantante de ópera, y muy amiga de Italo Balbo. Con Ernesto Carpi cruzará diversas notas que fueron conocidas por el gobierno italiano a través de Italo Balbo y sobre las que obtenía respuesta del mismo gobierno. Consigue llegar a un acuerdo en el que en el supuesto de un alzamiento contra la República, el gobierno de Italia les auxiliaría prestándole apoyo, concretando a la vez posibles acuerdos comerciales y la idea de mantener el status quo que existía en el Mediterráneo. ”Este documento lo negociaba yo con Carpi, con autorización y en nombre de Goicoechea, Calvo Sotelo y Rodezno, que lo firmaron”, señala Pedro Sainz. La intervención de Pedro Sainz desde Roma fue el motivo por el que tras el 18 de julio decide ir a Roma a reclamar el auxilio prometido. “Fuimos Goicoechea, acompañado de su secretario Zunzunegui, y yo, saliendo en un avión desde Biarritz el 23 de julio de 1936”. Al llegar a Roma le recordará a Ciano el pacto firmado que ya conocía y se mostró dispuesto a llevarlo a efecto. Pedro Saínz iba a ser  a partir de estos momentos el personaje clave en toda la trama con Italia, por lo que  se quedará en Roma, alojado en el Gran Hotel, como agente secreto, con el objetivo de desarrollar los acuerdos prometidos y solucionar las posibles dificultades que surgieran a raíz del los acuerdos de No intervención. Pensó que la única manera de solucionar ese gran problema era crear un organismo comercial, una sociedad, que adquiriese el material en Italia y lo hiciera llegar a los sublevados. Dentro de esta misión se va a ver al cónsul de España en Génova, el conde de Bulnes, hermano del marqués de Seijas, y le propuso la creación de esa sociedad.

                 Tras obtener el material contratado buscará la manera de trasladarlo a España sin levantar sospechas y garantizando su llegada, pensando hacerlo en el buque español Ebro, perteneciente a la Compañía Pinillos. Tras hablar con su capitán éste accede pero advirtiéndole antes que tal vez una parte de la tripulación no esté muy de acuerdo y no se preste a hacer este servicio si saben que van a trasportar material para los sublevados contra la República. El capitán se encargará de sondear posibles cómplices y posibles saboteadores dentro del buque, y tras hacer una depuración cubre las bajas de la tripulación con voluntarios españoles residentes en Italia que estaban dispuestos a colaborar. El mismo barco Ebro fue cambiado de nombre, y pasó de tener el nombre del mayor río de España a llevar el de un pequeño riachuelo afluente del Tíber, Anniene, comenzando a trasportar armas y material de guerra desde la Spezia a Ceuta y Melilla, a la vez que se enviaban los doce aviones Savoia-Marchetti a África, llegando sólo nueve, pero que resultarían claves para el apoyo del traslado aéreo de tropas desde África a la península.

El 8 de agosto de 1936 llegarán ya al puerto de Vigo la primera ayuda material italiana para los sublevados, entre esta ayuda  cinco carros de combate, denominados Carro Veloce,  “CV L3/35”, de la casa Fiat, conocidos popularmente como “latas de sardinas”, al frente de los cuales iba el teniente Giovanni Barbaglio, además de varios instructores y mecánicos[3]. Pasando por Valladolid llegarán hasta el Pinar de Antequera y entre el 3 y el 10 de septiembre instruirán a las tripulaciones españolas. De allí serán enviados al frente de Guipúzcoa y participan en la conquista del Monte Bárbara, Hernani y San Sebastián. Tras participar en la toma de Mendizorroza y en la de Zárate, y antes de finalizar las operaciones, fueron enviados urgentemente al frente de Huesca, a donde llegan el día 19. Posteriormente son enviados a Barbastro con la misión de ocupar un “polvorín civil”. El día 4 de octubre, pasando por Zaragoza y Valladolid, la sección sale hacia Ávila, participando en las operaciones de la columna del coronel nevado en la ocupación del puerto de Arrebatacapas[4].

Dimas Vaquero Peláez

Mussolini&España, Franco&Mussolini, unas relaciones difíciles. P. 131 y ss.

 Editorial Comuniter, Zaragoza 2017



[1] Vaquero Peláez, Dimas, Mussolini&España, Franco&Mussolini, unas relaciones difíciles. P. 131 y ss. Editorial Comuniter, Zaragoza 2017

[2] Sainz Rodríguez, P., Testimonios y recuerdos. Edit. Planeta, Espejo de España, Barcelona 1978, P. 232

[3] Estos carros pertenecían al 3 er. Regimiento de Carros de Asalto con sede en Bolonia, venían acompañados por diez tripulantes-instructores, y fueron adscritos al Grupo de Información de Artillería nº 3 con sede en Valladolid.

[4] Murias C., y otros, Militares italianos en la guerra civil española, Edit. La esfera de los libros, Madrid 2010, p. 35.

26/09/2020 20:42.

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