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El avance de la revolución neconservadora y la crisis de la democracia liberal representativa tiene un nombre en Aragón: el consejero de Industria, Comercio y Turismo del Gobierno de Aragón, Arturo Aliaga, quien comentó ayer hablando de Gran Scala
que muchas veces la gente no se da cuenta de que la inversión empresarial privada "va por delante de muchas leyes". Entonces, continuó, "hay que adaptar aquellas leyes porque van más de prisa las iniciativas que la legislación".
Aliaga nos propone de esta forma entrar en una revolución conservadora que busca crear las condiciones para una brutal reducción de los márgenes democráticos, asfixiando a los movimientos sociales, cambiando las reglas legales y las normas del juego político. Una peligrosa carrera hacia la destrucción de unas conquistas sociales que tantos años costó alcanzar. El afan de desregulación, la flexibilidad laboral, las privatizaciones para regalar patrimonio estatal al capital foráneo y otras lindezas similares, no tiene límites.
La mundialización muestra aquí su peor cara: el ataque a las conquistas sociales, la creación de ventajas para las grandes compañías multinacionales (aunque en este caso se trate más de un chiringuito).
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