13/03/2010
Y los ratones?

Admito y reconozco que el surrealismo forma parte del perfil de lo aragonés. Pero si existe la libertad y el libertinaje, me temo que convivan surrealismo y el surrealismaje. ¡Qué no! ¿De dónde viene si no la idea del barrio del cine con sus calles de nombres tan adecuados, tan sencillos a la par que discretos? Ni una letra más desgato. De momento. ¿Y los que van recordar juegos de maquinita? Estamos mirando con lupa la ficha, el DNI de personas que, por cuestiones de tiempo y de política, ya os nos gustan y por otra parte inmortalizamos algo pasajero, impropio.
Primera imagen tratada.
... ratones II

Puestos a ser surrealistas, me atrevo a proponer un monumento a algo que sí que ha echado una mano a la Humanidad, a toda la Humanidad. En muchas ocasiones, con resultados positivos. Bueno, han echado una mano, el hígado, la médula…El hombre, como especie y para sobrevivir, depende de ellos. ¿A qué o a quién me refiero? Pues a los ratones. ¿Imaginan lo que ha tenido que soportar para que la medicina avanzara y nos proporcionara fármacos y tratamientos para nuestros males? ¿Por qué no un monumento al ratón?
Tranformación de la foto anteriornumento al ratón.
... y ratones III

Quedaría simpático en una zona verde, en un jardín. No me refiero a quitarle la plaza a Basilio Paraíso. Eso lo hubieran propuesto los otros, los de las calles de película o de digital irritado. Dicen que entre el hombre y el ratón hay muchas afinidades y por eso, sirven de banco de pruebas. ¡Pobres ratones! Tampoco voy a escribirlo muy gordo, ni muchas veces no sea que los antitaurinos les diese por sacara sus pancartas en defensa del ratón. ¡Apañados íbamos!
Tercera transformación de la foto inicial.
Más sillares romanos en Sagasta.

Sigo muy interesado en los sillares del paseo de Sagasta, 37. Los encontré en la Taberna Lusitana, de donde ya soy un asiduo. Los sillares y… la comida. Pero sigo con esas maravillosas piedras. Yo entré en el Café del Sur y entre la entrada porticada, las escaleras y demás no los vi. Esta tarde, a última hora, a la salida, tapadas, detrás de las verjas de esa entrada estaba los sillares “hermanos” de los que en la Taberna llamaron mi atención. Los dueños de este establecimiento me contaron todo lo que les costó limpiar y sacarlos a la luz, bien hermosos. En el café, las juntas están con cemento y aunque no tengan el mismo lustre son del mismo lugar, pertenecieron al mismo edificación romana, por su tamaño, por la manera de estar tallados… ¿Cuándo sabremos algo más? Sigo pensando que estaban allí cuando en 1900 se edifica la casa.
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José Laborda en su “Guía de Arquitectura” de Zaragoza comenta lo siguiente sobre la urbanización de Sagasta: “en el otro lado de la calle, la existencia de construcciones de configuración diferente va a impedir la armonía de la edificación de ambos lados”. Junto a estas líneas verá los sillares de “El café el Sur” y también una f0oto de cómo era Sagasta a comienzos del XX. Buscaré en algunos planos para ver si arr0ojasn alguna luz. Desde luego, el Colegio de las francesas -su terreno lo ocupa parcialmente El Corte Ingles- llegaba, casi hasta la calle Bolonia. Si debajo estaba el Circo romano de Caesaraugusta, no es de extrañar que hubiera hacia Torrero, otras edificaciones complementarias de las que podrían proceder estos sillares. En la foto, un aspecto de un paseo Sagasta de finales del XIX, comienzos del XX. A la izquierda, se intuyen algunas de esas casas de un lado derecho que fue lo que primero se construyó. Sagasta, en esa época, era el Monte Canal de hoy.
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En otra imagen, en este párrafo, a la derecha, el edificio neogótico de los Borobio, lamentablemente desaparecido a cambio de otra casa de viviendas, construida por Sisqués, sin excesivas singularidades. Hacia plaza de Paraíso se ven aún algunos solares por edificar.
12/03/2010
El formato varible de los libros

Parecerá una broma, pero estoy seguro que todos lo padecemos. Esto tiene menos solución que la cuadratura del círculo. ¿Cuestión? El formato de libros, catálogos, etc. ¿No hay manera de que se pongan de acuerdo y haya dos, tres, cuatro, tamaños que sean universales, de “obligado cumplimiento”? Pues, no. Ya lo ven en la foto. Así no hay quien se organice mínimamente una librería. Por mucho que te empeñes, siempre salta la originalidad. Con los libros de relatos hay mayor uniformidad, pero con los que hacen referencia al arte, ¡nada! Reproducir bien una imagen sería el objetivo y que en una página cupieran o una obra vertical o dos horizontales. Hacer algo. Por mucho que las estanterías sean graduables, eso únicamente obliga a que el orden vaya por tamaños. Y eso, no. En ocasiones un nuevo título resulta que por un cm. no cabe en el lugar que le correspondería. Y allá que te va. Los diarios del Impresionismo, el Expresionismo comparte vecindad con un libro de gastronomía y otro de Avedon. Buscaba un catálogo de Marcelino de Unceta. Solo el sonido del galopar de sus caballos me ha llevado hasta él.
Bienvenido Fenollosa,

Manuel Arcón ya es un personaje en este blog. Conté cómo, por qué y cuándo lo conocí. Nuestra amistad sigue día a día, entre bromas, algún chiste, bastante surrealismo y mucha proximidad. Lo dije y lo digo: para mi es un lujo contar con la amistad suya y con la de Domingo Sanz Azcona, un pintorazo vivo, tremendamente vivo y en progresión como lo está Arcón quien cada mañana sube a su taller y se pega, golpe a golpe de cincel, unas 3 horas y media. Luego se extraña de que le duelen los riuñones.
Estar con ellos es vivir un tiempo que no conocí. En sus conversaciones salen a colación nombres que, o bien son totalmente desconocidos o ya han sido atrapados por las páginas de los libros de historia.
En la imagen, Arcón ente un mármol de Carrara donde se escondía un fauno.
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No apunto todo lo que debería de lo que me cuentan y por eso hoy –antes de que se me olvide- les voy a hablar de un personaje que, de vez en cuando, resucita. Bienvenido Fenollosa, alias “El Mudo”. Tallista que trabajó, preferentemente en el taller de los Albareda, padres. Los dos están de acuerdo en la gran facilidad que Fenollosa tenía para hacer grecas de altar o de un trono para Semana Santa. “¡Oye! Cogía la tabla y marcaba puntos, pero sin medir ni nada. Donde el creía. A continuación, con la gubia y el cincel iba desbastando y donde no había nada, salían una hojas hermosas, una flores”. Ese trabajo, tan preciso como rápido, luego era atribuido públicamente a uno de los Albareda, hijos, “El Mudo” se rebotaba y con su farfulleo daba rienda suelta al cabreo que llevaba. Fenollosa, dada su efectividad, era codiciado por otros, como los Navarro, quienes se llevaban aparentemente bien, solo aparentemente, con los Albareda ¿Cómo llevarse al Mudo? Otro tallista, que nada tenía que ver ni con los Albareda ni con su trabajo pero de acuerdo con los Navarro, contrató al Mudo, mejorando su sueldo. Al poco tiempo, el Mudo pasó al taller de los Navarro. Debía de ser un personaje pintoresco, no muy alto, recio y primario. ¿Saben cómo llamaba al siglo X? Pues siglo equis. Nicolás Lomba es otro de los nombres cuyo oficio y resultados está en altares y pasos de la Semana Santa y que también trabajo para los Albareda. Murió joven.
Otro día contaré asuntos de Burriel con los Borobio o el desencuentro entre Marín Bagües y Teodoro Ríos, el grande. No tienen desperdicio y encierran algunas claves que ayudan a comprender y conocer.
En la fotp, Domingo Sanz Azcona, uno de mis confidentes co n el pasado.
10/03/2010
José Luís Cano, magistral.

Hacía mucho tiempo que no visitaba una exposición tan excepcional como la que José Luís Cano inauguró ayer, 9 de marzo. Se titula “Mujeres del siglo XX”. 34 han sido las elegidas. Vienen de todos los países y de todas las disciplinas. Y están allí, en la sala Juana Francés de la Casa de la Mujer. No hablan entre ellas. En su singularidad vital Cano insiste y subraya con un magisterio total. Aunque algunas rocen ligeramente algunas de las ilustraciones habituales en José Luís, aquí ha sacado su vena sicológica y así con sus retratos. Las presenta con maneras y estilos diferentes, pero hay una evidente unidad. No sería capaz de quedarme allí, sólo una noche, tal es la fuerza que transmiten.

