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En el 92 quise ver cómo reaccionaba mi obra colgada el aire libre, en las calles. Ya lo he dicho más arriba. Ese experimento fue en los meses de verano. Así que, en algunos rincones del “downtown” del Peracense fueron la macro galería al aire libre. Los lugares elegidos fueron, más exactamente los callejones que conformaban unos ejemplos de arquitectura popular, muy propia de la zona y que me atraían mucho. Uno de los enclaves fue la calleja del tío Pepe el Gordo, a quien yo apreciaba mucho. Su casa, en la que entré un par de veces cuando él estaba ya enfermo, podías encontrar a Quevedo o a Cervantes en el tramo de una escalera pintada en “gris visón”, nombre de que dijeron allí y con toda naturalidad. Pues bueno, colgué los cuadros que veréis. Un trío desarrollaba la idea de la tormenta, realizada en rojos y azules. Tan acertada debió de ser la interpretación, que un día de viento fuerte, la tormenta, literalmente, voló. Al día siguiente, Juanito -un perecensino en Valencia-, consiguió encontrar dos de los tres. Así que tengo a la tierra como uno de los coleccionistas de mis cuadros. Casos parecidos ya se han dado. Me sé de uno, de nombre Julio, que, pintando al aire libre, el lienzo que estaba apoyado en el caballete, se lo llevó la corriente del río cercano. En este caso, el coleccionista sería el mar. Esta que véis es la puerta del tío Pepe.

18/11/2007 13:50 #.

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