...en Calatayud

20080213001430-e-calatayud.jpg

Si lo de Calero tuvo su miga, lo mío en Calatayud, para ver las pechinas, tampoco fue despreciable. Padezco vértigo, ya lo sentí en la Cartuja cuando me hicieron transitar por las alturas y saltar de un andamio a otro, situados alrededor de la cúpula. En Calatayud, la ascensión fue a base de sillas que Teresa colocó en cada plataforma y con un caramelo que me entretuviera y proporcionara azúcar. Esos “mimos” se quedan para siempre. Arriba conocí a los Padres de la Iglesia, iguales a los de Muel y muy mejorados en Remolinos, a los que traté y acaricié, frente a frente, en el taller de Teresa y Carlos. Nadie como ellos conocen a Goya. Más que nadie. Por delante de sus ojos han pasado metros y metros cuadrados de pintura de Goya. Sus manos han salvado y dado de nuevo la vida a mucha pintura del maestro de Fuendetodos. Muchos se han aprovechado de ellos, eso sí. Pero nunca su libertad, ni sus conocimientos han estado al servicio de nada, ni a los caprichos de nadie. Sólo les ha importado la verdad. Aquí estoy con Teresa Grasa. Su sonrisa y sus ojos lo dicen todo.

13/02/2008 00:14 #.

Comentarios » Ir a formulario

No hay comentarios

Añadir un comentario




No será mostrado.




| Blog ciudadano realizado con Blogia 2.0 | Suscríbete: RSS | Administrar