Hasta Goya, de la mano de Teresa Grasa y Carlos Barboza

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Después de 34 años como periodista he tenido la suerte de conocer a muchas personas destacadas en distintos temas. He coleccionado personalidades. Los recuerdos de algunos de esos encuentros irán apareciendo en este blog.

Ya que estábamos en la Cartuja de Aula Dei, me parece oportuno hablar de mi relación con Teresa Grasa y Carlos Barboza. Goya nos unió. Ella había sido compañera universitaria de Juan Domínguez Lasierra, compañero mío en Heraldo. De allí nació todo. Ellos me llevaron a conocer el Goya de Aula Dei, al Goya en el Pilar, a Goya en Calatayud. Cada una de esas visitas fue una experiencia imborrable y mayor mi confianza en su trabajo y su amistad.

Los cartujos tuvieron que pedir permiso al Vaticano para que una mujer pudiera entrar en el recinto y restaurar las pinturas que don Francisco realizó en las paredes de la iglesia. Teresa y Carlos trabajaban mañana y tarde, ausentándose del recinto cuando los monjes necesitaban la iglesia para sus rezos. Había una plataforma a lo largo de cada uno de los episodios que Goya dejó plasmados con una factura que vista a un palmo, es una auténtica borrachera de creatividad. En muchas ocasiones, la misma preparación la utilizaba para pintar con una espontaneidad, una inmediatez y un sentido de la proporción propias de un genio. Desde entonces aún me sentí más en deuda con Teresa y Carlos. Otro día colgaré fotos de entonces, de cómo un cartujo de Bilbao recolectaba rosas damascenas para hacer rosarios. Detrás de mí, el Sumo Sacerdote. Lástima que no se vea con amplitud los detalles de su barba.

13/02/2008 00:19 #.

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