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En cada pasillo, al final del mismo hacia la iglesia de Santiago, había una urna de cristal en el que se leía “Rómpase en caso de incendio”. Cuando los rompías –yo lo hice- te encontrabas con un hacha. ¿Qué hacer con ellas? Tenías que saber que por la habitación de la izquierda de la urna, se accedía a una terraza y en ella había una escalera de incendios que daba al Hospital Provincial.

¿Fue un atentado? Después de lo que me ha contado Domingo Sanz Azcona y del mes y medio que me pasé, cada madrugada, subiendo y bajando por los pisos del hotel quemado, creo que no fue un atentado. Por mi profesión de periodista, cada noche cuando el “papel” llegaba el Heraldo, yo les llevaba unos ejemplares a los que estaban de vigilancia, conserjes, guardias civiles. Allí me quedaba una hora y media charlando de la visa en el hotel, de lo sucedido la noche anterior y el día del fuego. Con ellos entable amistad. Fotografié el churrera el sofá, calcinado, en el piso superior, justo encima de la churrera, las habitaciones de los Franco… Recorrer el hotel, de noche, con linternas era una sensación inquietante. En la cocina aún estaban las comandas que, la noche anterior, habían pedido desde distintas habitaciones. La esposa de un militar había perdido un brillante de más de 3 kilates que apareció entre los somieres de las dos camas unidas de la habitación que ocupaba.
20/04/2008 21:34 #.

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