Julia Dorado, una carrera de fondo

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Me produce un gran respeto pensar en la aventura de un grupo de pintores aragoneses que lucharon por la libertad y la cultura en los finales de los 50 del siglo XX. Hoy, en estos comienzos del XXI, todo es más fácil y quizás por eso, menos atrayente. El que surgiera aquí una manera diferente de interpretar la abstracción, es para quitarse el sombrero. Dejar mirar y admirar cómo el tiempo habló.

Para mí la pintura es una cadena de eslabones. Lo que planteó el Grupo Zaragoza (Aguayo, Lagunas y Laguardia), quien realmente lo desarrolló fue el Grupo Escuela de Zaragoza en el que figuraba como primer espada, Julia Dorado junto a Vera o a Sahún y más irregularmente a Santamaría. Aguayo, el maestro, junto con Lagunas, desaparecieron excesivamente pronto del mundo de la no figuración. El primero se fue a París en el 54 y se “escondió” detrás de la figuración. Lagunas lo abandonó. Por eso es muy importante y decisivo que hubiera quienes después, inmediatamente después, solapados, recogieran el testigo dejado por los primeros. Aún hoy esa manera de entender el espacio del cuadro está presente, por ejemplo, en la obra de Maribel Lorén o de Pilar Urbano. José Luís Cano también echa mano de ello cuando lo precisa o Larroy, en otras etapas.

Julia Dorado, Julita, la Dorado (curiosamente el mismo nombre del cine tristemente desaparecido obra de Lagunas) ha seguido siempre, inquieta siempre. Sus pasillos. Me viene a la memoria una exposición suya en la sala Libros. Hasta las invitaciones -tengo dos- eran una obra singular. Y recuerdo, por que fue mía, una tira de papel de más de cuatro metros de largo y unos 20 cm. de ancho que era un infinito de colores que se mezclaban, alternaban, jugaban. Una promesa por la cura de la hija de un amigo, Miguel Bordejé, hizo que esa cinta esté hoy en posesión de aquella niña, Romero Bordejé, que finalmente no era nada lo que tenía, nada grave. ¿Fue un truco de Miguel para apropiarse de mi cinta de la Dorado?

Ya la ves aquí, subida el andamio que le tocó en la aventura que supuso ”El arte en la calle”. Julia dejó otra impronta en la ciudad. ¿Recuerdas aquel medianil que hizo al comienzo de Sagasta? Fue desapareciendo, poco a poco, pero mientras permaneció, era un “saludo” gratificante. Gracias, Julia.

05/07/2008 22:38 #.

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