Lugar de encuentro.

Cada tarde, a última hora, suelo bajar al bar que hay bajo mi casa. Es un especial lugar de encuentro. Casi el muelle donde para un barco. Un preso en tercer grado imparable y con vivencias de novela; un joven padre ecuatoriano, silente, modoso al que ya le arranque un apretón de manos y una sponrisa; un sordomudo, (yo no lo sabía) aficionado al futbol con quien traté de comentar una jugada; un transplantado de hígado que ha visto la última línea del horizonte de la que volvió; un médico de 500 flexiones diarias que juega con el espacio y la palabra pero cuya comunicación es aún secreta... Cada día puede ser una sorpresa y conocer a alguien diferente, aunque mis colegas de lujo y permanentes son dos pintores de más de 80 años pero con la mirada, la muñeca y la intencion de unos veinteañeros. Es una forma luminosa de ponerle luz a un día que termina.
01/03/2010 23:42 #.

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