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Tanto él como su hermano, Ángel, rastreaban, buscaban la raíz de las formas en la Naturaleza: el por qué de las cosas y su relación con las diferentes culturas. No fue ajeno a los visto por tierras norteamericanas del Pacífico, como tampoco lo fue antes con los montes de Somontano. Ni a él ni a Ángel se les puede considerar escribas del paisaje. No se “vestían” con ningún horizonte. Más bien, lo “desudaban”. Las últimas obras de Vicente, especialmente en la exposición en Albarracín, se ve hasta dónde llega el análisis y cómo esos perfiles de la Naturaleza se convierten en paisajes de la mente. No es pintura para razonar mucho sobre ella. ESa pintura es la razón en sñi misma. La pintura interesa, especialmente, al sentido de la vista. Otros sentidos interesan menos. Al igual, su poesía. No es para ser escuchada, no. El soporte no es el rapsoda. Por fortuna ahora sabemos leer. En tiempos de San Juan de la Cruz, la alfabetización estaba por llegar. Las palabras de Vicente no son las de Pedro Salinas, donde el "ruido" de cada palabra es esencial. Por esto, "De la nada viene, nada viene. Todo cabe en el vacío" está escrito para ser leído en soledad, nunca apara ser oido en voz alta. Nunca. Ana Marquina contó como, por las noches, Vicente tenía a mano papel y lápiz. Allí anotaba lo que en ese instante de profunda claridad, pasaba por su imaginación. Es algo que muchos hemos experimentado. En mis tiempos de periodista en activo, yo escribía por la noche, aderezaba de madrugada y a la mañana siguiente, cuando las palabras habían encajado, mejor o peor, daba el repaso final. Atrapar el tiempo.

Un momento de la presentación en Sastago con Antón Castro, Cristina Palacín, Ana Marquina y Trinidad Ruiz

25/03/2010 01:10 #.

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