
No hay 1º de Mayo que se precie sin una buena y multitudinaria manifestación en la que compartan espacio y calles trabajadores, sindicatos, partidos políticos y ciudadanos. Es en estos tiempos de crisis más necesario que nunca salir a la calle a reivindicar unos derechos y libertades de los que ya poco va quedando.
Mariano Rajoy y sus chicos están empeñados en llevar a término ese Nuevo Orden que acabe con este país, su estado del bienestar, el trabajo digno y los derechos que años y luchas nos costaron conseguir. Por eso nuestros esfuerzos deberían ir encaminados a que las manifestaciones en todas las ciudades del país fueran unitarias y no como ha sucedido hoy en Zaragoza, un vez más, una demostración de la desunión que hay entre los sindicatos convocantes.
Otra vez salimos a la calle desunidos, otra vez se consuma esa incapacidad de unir fuerzas, voces y pancartas que nos lleva a convocar dos manifestaciones. Dos caminos divergentes que los ciudadanos de Zaragoza hemos recorrido hoy y que curiosamente tenían un mismo fin, denunciar los recortes en derechos y libertades que estamos sufriendo.
Resultaba chocante y hasta un poco patético caminar por la Calle San Miguel hacia la plaza del mismo nombre con las gentes de CGT, CNT y otros sindicatos minoritarios, y si girabas la cabeza hacia la izquierda, divisar al final de la calle Rufas, el Coso lleno de gentes con banderas y pancartas que en sentido contrario al nuestro y con punto de partida en la misma plaza, participaban en la otra manifestación.
Visto desde fuera y sin el apasionamiento que nos embargaba a los que por ambas manifestaciones andábamos, debía de ser como una marcianada. Tantos miles de personas clamando por lo mismo y sin embargo desperdiciamos la ocasión de ir juntos.
Estamos constantemente haciendo llamamientos a la unidad. Se nos llena la boca hablando de que sino somos capaces de unirnos y presentar un frente común no podremos ganar esta batalla. De seguir por el camino que vamos, va a ser que ni siquiera seremos capaces de presentarle una ofensiva común y en toda regla a la derecha rampante y exultante que tenemos enfrente.
Hoy me he visto identificada con aquella película de los Monty Python, ya sabeis "La vida de Brian" y he sentido vergüenza al nos saber si era del Frente Popular de Judea o del Frente de Liberación judaíco. Hoy me he vuelto a preguntar porque no nos olvidamos de lo que nos separa, -más bien poco- y dando muestras de inteligencia y sentido práctico, vamos juntos en esta y en próximas manifestaciones. Mucha gente a mi lado comentaba lo mismo. Imagino que en la otra manifestación otros habrán tenido el mismo pensamiento.
Creo que ha llegado la hora de que los ciudadanos exijamos a los sindicatos que se sienten a dialogar, recompongan coyunturales alianzas, es primordial en estos momentos y la próxima vez, va a haber muchas ocasiones, demos imagen de unidad ante el verdadero enemigo saliendo todos juntos a manifestarnos.

Así nos ven esos torvos mercados, como ciudadanos prescindibles, caros de mantener cuando enfermamos o envejecemos y para más inri, poco rentables, pues cuando trabajamos pretendemos cobrar un salario digno. Por eso detrás de todas las medidas, recortes, mangoneo y robos disfrazados de normas y leyes, -permitanme llamar a las cosas por su nombre-, no hay otro objetivo que exprimirnos al máximo y después enviarnos al limbo de los menesterosos junto con los parados y los ancianos. Ese y no otro es el vergonzante afán de este gobierno destinado a cuadrar y reducir el déficit económico que arrastramos. Sus destinatarios no son ni los ricos ni las grandes empresas y corporaciones bancarias, sino las capas más débiles y desprotegidas de esta vapuleada sociedad.
Desaparecido Mariano Rajoy, lleva semanas sin dar la cara, fiel a su decisión de no confrontarse con la oposición ni en el Parlamento ni en los medios de comunicación; solo los ministros del PP ponen rosto fiero y voz desangelada a nuestra ración diaria de ricino en forma de recortes mil en derechos, libertades y expectativas de vida.
Día tras día nos levantamos con la terrible incertidumbre de ver que nueva felonía se les ha ocurrido a estos tipos. Porque estos últimos meses se han convertido en un órdago permanente, cada día un poco más fuerte y más duro de tragar. Y acongojados nos preguntamos cuando se terminará esta trágala, cuando dejaremos de alimentar a la bestia insaciable, cuando las medidas habrán colmado todas la exigencias de esos mercados hambrientos y podremos empezar a tener esperanza en el futuro.
Mientras, Rajoy y sus ministros bulldozer andan ocupados en arrasar este país. Cuando terminen no quedará nada de aquel que conocimos. No se trata de capear el temporal. No nos apretamos el cinturón hasta perder la respiración para poder volver después a la senda que conocimos. No nos engañemos, lo que saldrá de todo esto es un nuevo orden. Una nueva manera de sobrevivir que no de vivir en el marasmo de una política ultra conservadora, una sociedad reconvertida a valores arcaicos, con la Iglesia nuevamente tutelando nuestras vidas, y en la que el trabajo decente, los derechos y las libertades serán recuerdos de tiempos pasados.
Y una vez más nos encomendamos a nuestros hados particulares pensando que es imposible que nos impongan más recortes, que no lo vamos a poder soportar, pero siempre tienen una nueva ración. Ya no les basta solo con el copago-repago para sanear las cuentas. Ya no es suficiente con echar a la calle a millones de trabajadores. Ya no se conforma a los empresarios con la promesa de la privatización de la Sanidad, la barra libre en el despido y los sueldos de miseria. Quieren más, quieren exprimirnos mucho más a ver si aún soltamos algún euro perdido en no se sabe que bolsillo o nómina.
Para imponer este nuevo orden al que nos encaminamos, este gobierno toma medidas insolidarias, inútiles y antisociales. Las últimas son si cabe más salvajes e inmisericordes, ya que van dirigidas a las capas más débiles y desprotegidas de esta sociedad. Van contra todos aquellos que poco o nada tienen: los parados sin prestaciones, los ancianos y los emigrantes. Las capas con menos recursos de esta depauperada sociedad, a quienes el desembolso de unos pocos euros, esos ocho a los que aludía con desparpajo aquel secretario general, comparándolos con cuatro cafés, suponen renunciar a la comida de varios días o la condena a pasar frío durante una semana por no poder pagar parte del recibo de la luz, gas o la bombona de butano.
Me duelen en lo más profundo de mi ser estas medidas. Me duelen y me cabrean ya que sus destinatarios inermes poco o nada pueden hacer para defenderse. Que asco, que rabia me producen ya que se toman con la intención de arañar unos cuantos miles de euros, ¿cuantos se ahorraran con ellas? Mientras se siguen premiando a los defraudadores con amnistías fiscales o se aplica el rodillo con la reiterada negativa a una subida de impuestos a las grandes fortunas y patrimonios.
Nuestros sufridos abuelos, verán como merman las medicinas recetadas, -demasiado caras para ellos-, se dejaran para mejor ocasión las prótesis de cadera o sus operaciones de cataratas. ¿Cómo van a poder pagar lo que se les pide?. Y los enfermos crónicos dejaran de serlo, pues agobiados por la amenaza del repago, la imposibilidad de utilizar ambulancias o conseguir pañales u otros servicios hasta ahora gratuitos, acortarán sus esperanzas de vida. Ya lo decía la señora Lagarde: ancianos y crónicos viven muchos años y eso encarece el gasto sanitario.
De un plumazo se cargan una parte del gasto sanitario y farmacéutico y con él a miles y miles de ancianos y dependientes que al no poder afrontar los gastos dejaran de ser una carga para el Estado. Solucionado el problema y a otra cosa, que hay muchos bancos que sanear y muchos amigotes a los que regalar un hospital para que lo patroneen.
Todas estas medidas nos retrotraen a tiempos pasados, en los que las personas mayores, sin grandes expectativas de vida, morían en casa, sin molestar, cuidados por la familia. Operaciones y medicinas caras eran algo destinado solamente a los ricos.
Y quien dice abuelos dice emigrantes sin papeles. El 30 de agosto, se les retirará la tarjeta sanitaria, negándoles el derecho a ser atendidos y a las medicinas. Solo aquellos que literalmente se estén muriendo tendrán derecho al ingreso hospitalario. Vamos como en Estados Unidos. Ya lo decía Michael Moore en aquel magnifico documental sobre la sanidad americana llamado Sicko: “el gran problema de estos nuevos tiempos es y será la sanidad, quien no tenga dinero no tendrá derecho a ella”.
Aun hay quien considera que estas medidas son necesarias y lógicas. Oyes a tu alrededor frases como: “oiga que se gasta mucho dinero en abuelos y emigrantes, ya era hora de tomar decisiones y poner orden”. Este gobierno ha hecho de la demagogia un arma comparable a un obús. Tan dañina y tan letal como esa bomba, así ha esparcido la idea de que abuelos y emigrantes son los culpables de ese pretendido despilfarro en el gasto sanitario. Por decreto ley pasan a ser ciudadanos de tercera, negándoles el derecho inalienable, defendido por la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, de que todos, vengan de donde vengan, tengan o no dinero, sin tener que consultar antes su declaración de la renta, tienen derecho a ser atendidos, curados y tratados por la Sanidad.
Y aunque machaconamente nos digan que esto es lo que hay que hacer, que no hay otra, si que hay soluciones, si que se puede reconducir el déficit. Solo hay que tener voluntad de hacerlo, ahí están las bonificaciones a la Iglesia, las deducciones en los impuestos que se cobran a las grandes empresas, las sicavs, los ínfimos impuestos que pagan las grandes fortunas y grandes patrimonios, el fraude fiscal, la permanente inyección de capital a los bancos. Si que hay solución, lo que no hay es voluntad de tomar otras decisiones que no sean hacer pagar a los trabajadores por una crisis de la que no son culpables.



Semana Santa para algunos, tiempo de vacaciones con sus viajecitos, sus procesiones, sus capirotes, sus cristos y vírgenes. ¿De verdad hay dinero para pagar todo esto?
Simplemente unos días de descanso para la mayoría de los españoles, para los que están en paro, para los que tienen un ERE sobre sus cabezas, para los que trabajan en precario, para los desahuciados y para todos aquellos que aún teniendo trabajo no entienden como, con la que esta cayendo, aún hay quien se puede permitir irse de vacaciones.
Tiempo de descanso, merecidísimo después de todo lo que llevamos tragando y aguantando desde que nuestros incompetentes gobernantes, al dictado de esos voraces mercados y de frau Merkel, decidieran que deberíamos transmutarnos en parias. En intocables, destinados como los sufridos griegos y portugueses a terminar convertidos en esclavos, en siervos agradecidos a unos amos que nos despojan de nuestros derechos, libertades y nos expulsan de nuestros trabajos.
Tiempo para pensar, para leer, para reorganizar tu vida y tu casa. Para recuperar a los amigos, para visitar tu ciudad, para reconciliarte con ella. Para hacer deporte, para sacar la bici, -ya hace buen tiempo-, para recorrer los caminos, para hacer monte, para coger la cámara de fotos y tomar buena nota de lo hermosos que están los arboles escandalosamente floridos. Tiempo también para escribir, a aquellos que nos gusta, para ordenar las ideas, preparar temas, recoger información. Disfrutar del tiempo sin esas prisas que el lunes próximo nos volverán a asaltar.
Que importa que llueva o haga mal tiempo, hay muchos lugares largo tiempo postergados, a los que acudir. Pelis que ver, nada como esa ceremonia casi ya olvidada de sacar la entrada y durante casi dos horas sumirte en la oscuridad, protagonizando como uno más esa maravillosa historia.
O visitar un museo, estos días en Zaragoza y seguro que en otras ciudades, hay un montón de intesantisimas exposiciones que recorrer. Asistir al teatro, si tu bolsillo te lo permite o si no simplemente perderte por las callejuelas de tu ciudad descubriendo espacios y calles ya olvidadas que te recuerdan con sus olores y paisajes a tu niñez.
No hace falta largarse fuera para disfrutar de unos días de asueto, seguro que cada uno de nosotros tenemos un viaje interior y próximo pendiente de hacer. Ni siquiera los malos augurios y el mal rollo que todos arrastramos deben de impedirnos hacerlo.
Mis recomendaciones que también son mi lista de cosas a hacer estos días van por:
Ir a ver la exposición de Catalá-Roca en La Lonja. Fotografías en blanco y negro de la etapa más negra de nuestra reciente historia. Recomiendo buscar las similitudes entre la situación actual y la que reflejan las imágenes
Sacar entradas para ver “Intocable”, una peli francesa basada en hechos reales, que cuenta la relación entre un aristócrata paraplejico y su cuidador, un joven senegales de los suburbios parisinos. Risas mezcladas con momentos para la reflexión y una apuesta por la vida.
Recorrer mi/tu ciudad, perderte por ella. Visitar lugares que hace años que nos has pisado.
Hacer torrijas, dulces o lo que os apetezca. ¿Cuanto hace que no entráis en la cocina solo para disfrutar cocinando.
Terminar ese libro que desde hace semanas acompaña mis sueños desde la mesilla de noche y que siempre se queda el último.
No se si tendré tiempo para todo, porque también me apetece no hacer nada. Ver caer la lluvia desde mi ventana, sentir la llamada del agua primaveral, ponerme el chubasquero y salir a que me moje ese chaparrón, -podía caer más-, que tanta falta hace a los campos de este reseco Aragón.
El lunes, volveremos a las prisas, al stress, a las carreras, a las noticias terribles, a los cabreros. Pero hoy y los próximos días son de fiesta, permitámonos si podemos, disfrutarlos.


Hay muchos motivos para ir a la Huelga el 29 de marzo, yo añadiré un motivo más: Por un principio de solidaridad con aquellos que no pueden defenderse, con los más débiles.
Esta huelga responde a un requerimiento de la gente de la calle para que hagamos presión, para que luchemos y defendamos sus derechos. Para que defendamos los derechos de aquellos que ya lo tienen casi todo perdido.
Con esta huelga no defendemos solo nuestros puestos de trabajo, los defendemos a ellos. Estamos encontra de ese salvaje modelo laboral y social que nos impone el PP.
Mientras el Obispo de Cadiz cree que es necesario volver a los díezmos, que vergüenza que la Iglesia no sea capaz ni siquiera de dar la cara, nosotros pensamos que hay otro modelo económico y social posible, de izquierdas, uno en el que por supuesto esta salvaje, inhumana e insolidaria Reforma Laboral no tiene cabida.
A los que piensan que la resistencia no sirve para nada, a los que creen que la Huelga General tampoco, yo les digo que si, que mientras tengamos dignidad si que sirve. Contra la dictadura del pánico que nos han inoculado, nos queda la dignidad.
Ya hemos perdido demasiado, el PP nos quiere arrebatar todo. Es vital dar una respuesta a quienes nos gobiernan, a esos mercados que secuestran la democracia, nos explotan, nos exprimen. Todos ellos se merecen una contundente respuesta al salvaje expolio de la justicia social.
Hoy ciertamente la depresión invade todos los rincones del país “de abajo” y es una de las causas más claras de nuestra impotencia. Pero no vamos a rendirnos, ni lo sueñen. La solidaridad es nuestra mejor arma, un arma que la derecha no conoce y que le hace temblar. Juntos para defendernos de un ataque sin precedentes, unidos para garantizar que como sociedad libre y democrática aún tenemos futuro.
No permitamos que nos recuerden como aquellos que mansamente y sin rebelarse, pusieron a disposición de los poderosos sus cuellos para ser huncidos por el yugo de la pobreza, la precariedad laboral, la tiranía de los mercados o la perdida de los derechos más elementales y por supuesto de la democracia.
El jueves día 29 de marzo, Huelga General.

El pasado 10 de febrero, el Gobierno del PP impuso por decreto una Reforma laboral cuyo objetivo central es abaratar el despido, bajar los salarios y acabar con la negociación colectiva. Una reforma que otorga al empresariado un poder casi total frente a los trabajadores y trabajadoras.
La reforma, que profundiza en un modelo económico basado en el ajuste duro, impone a los trabajadores y trabajadoras como única salida la elección entre trabajo o derechos, utilizando para ello el miedo y la resignación, la división y el enfrentamiento entre personas paradas con quienes tienen trabajo; a quienes tienen contrato indefinido con quienes lo tienen temporal, a personal de la administración pública con quienes trabajan en la empresa privada, a jóvenes y mayores.
Lo cierto es que esta reforma, como ha reconocido el propio Gobierno, no evitará que durante este año 630.000 personas pierdan su empleo y nuestra economía sufra un descenso del PIB del 1,7%. El abaratamiento del despido no tiene efecto sobre la creación de empleo, ni se mejora la calidad del mismo flexibilizando la contratación. En los últimos 25 años se han llevado a cabo múltiples reformas del mercado de trabajo, cuyo elemento en común ha sido el abaratamiento del despido y la flexibilización en la contratación, a pesar de ello nada ha impedido el incremento del paro. Recordar que con la Reforma laboral aprobada en 2010 se han superado los cinco millones de trabajadores y trabajadoras en paro, cifra que se elevará a los seis millones si la presente Reforma llega a ser aprobada y aplicada.
Lo que si permite esta reforma es dar satisfacción a quienes creen que la crisis es una oportunidad para incrementar más si cabe el beneficio empresarial a costa del abaratamiento de los costes laborales, a quienes pretenden acabar con el poder colectivo de la clase trabajadora y retrotraer las relaciones laborales dos siglos atrás, y en definitiva a quienes apuestan por la lógica “menos estado y mas mercado, menos derechos mejor economía”.
Llevamos ya demasiados años soportando el peso de una crisis económica que nosotr@s, jóvenes, trajador@s, pensionistas, estudiantes, no hemos generado. Los medidas puestas en marcha por los sucesivos gobiernos para salir de la crisis han perseguido y persiguen rescatar, ayudar, subvencionar y facilitar la labor a especuladores financieros y empresarios sin escrúpulos y no a la mayoría social de este país ni a sus instituciones.
Dentro de esta hoja de ruta del capitalismo enmarcamos esta reforma laboral impulsada por una derecha arrogante, antisocial y ayuna de cualquier compromiso con los mas débiles, una derecha que pretende por todos los medios cercenar los derechos de los trabajador@s.
No estamos ante una reforma parcial, estamos ante el mayor ataque vivido en democracia contra las conquistas sociales y laborales conseguidas durante décadas. Estamos ante un retroceso sin precedentes, que aprovecha la situación económica, y el miedo y la incertidumbre que está genera, para intentar conseguir lo que siempre han querido conseguir: abaratar el despido, el despido libre durante el primer año, rebajar los salarios y dinamitar la negociación colectiva.
Los hombres y mujeres que nos sentimos parte de La Izquierda de Aragón,creemos qué a quien hay que defender es a las trabajadoras y trabajadores, que la calidad y cantidad de los servicios públicos son garantía de justicia social y redistribución de la riqueza y no toleramos que los poderes públicos se arrodillen ante el poder económico y financiero primado sus intereses, por estos motivos trabajaremos para convertir la Huelga general del día 29 en una gran jornada de protesta cívica que contribuya al paro total en Aragón, y hacemos un llamamiento a la unidad de todo el movimiento social y sindical que viene trabajando contra la crisis y en defensa del estado social.
El día 29, La Izquierda de Aragón trabajará por el éxito de la huelga general y después del día 29 seguiremos reivindicando justicia, igualdad y futuro para todos.


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