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26/07/2007
LAS LÁGRIMAS DE UN NIÑO
Llegó a Zaragoza procedente de Senegal traído por no se sabe quién. Ni siquiera sabemos como se llama. Con unos infantiles 14 años, su destino era pasar por un hombre de 20 y empezar a trabajar bajo la cobertura de un pasaporte comunitario a todas luces falso.
El destino, que no se si llamar suerte, hizo que se sentara en mi mesa, y al comparar su cara con el pasaporte descubriera el engaño. El adulto que lo acompañaba y que le había adiestrado convenientemente, hablaba por él. No conocía el español y aunque tendría que saber francés, apenas pronunciaba dos palabras en ese idioma. Y esa suerte hizo que saltaran las alarmas y tanto uno como otro fueran identificados por funcionarios policíales, comprobándose la falsedad. Una vez que fue separado de su “protector", él quedó a nuestro cuidado hasta que fuera trasladado al Centro de Menores. Nadie puede imaginar su desamparo, su confusión y sobre todo su miedo. Las lágrimas no dejaban de rodar por sus mejillas. Ahora se vía claramente lo niño que era y lo solo y desamparado que estaba. Ni todo el cariño que le brindamos fue suficiente para calmar esas lágrimas.
Ya está a resguardo de su explotador, tiene un techo, comida, ropa, niños de su edad con los que jugar al fútbol y sobre todo, a sus 14 años, no tendrá que trabajar como un hombre de 20.
No puedo decirle a su madre que está en Senegal, lo mucho que siento lo que su hijo ha pasado hasta llegar a Zaragoza, pero lo que si le puedo asegurar es que a partir de ahora gente de aquí se preocupa de él y vela para que nadie le obligue a trabajar. Y sobre todo intentan que siga siendo un niño y vuelva a sonreír.
El destino, que no se si llamar suerte, hizo que se sentara en mi mesa, y al comparar su cara con el pasaporte descubriera el engaño. El adulto que lo acompañaba y que le había adiestrado convenientemente, hablaba por él. No conocía el español y aunque tendría que saber francés, apenas pronunciaba dos palabras en ese idioma. Y esa suerte hizo que saltaran las alarmas y tanto uno como otro fueran identificados por funcionarios policíales, comprobándose la falsedad. Una vez que fue separado de su “protector", él quedó a nuestro cuidado hasta que fuera trasladado al Centro de Menores. Nadie puede imaginar su desamparo, su confusión y sobre todo su miedo. Las lágrimas no dejaban de rodar por sus mejillas. Ahora se vía claramente lo niño que era y lo solo y desamparado que estaba. Ni todo el cariño que le brindamos fue suficiente para calmar esas lágrimas.
Ya está a resguardo de su explotador, tiene un techo, comida, ropa, niños de su edad con los que jugar al fútbol y sobre todo, a sus 14 años, no tendrá que trabajar como un hombre de 20.
No puedo decirle a su madre que está en Senegal, lo mucho que siento lo que su hijo ha pasado hasta llegar a Zaragoza, pero lo que si le puedo asegurar es que a partir de ahora gente de aquí se preocupa de él y vela para que nadie le obligue a trabajar. Y sobre todo intentan que siga siendo un niño y vuelva a sonreír.
30/07/2007
ARREGLOS DE VERANO PARA EL EBRO

