GOTAS DE ROCIO

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MI PRIMO ABDOULAYE

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A mi primo Abdoulaye ayer lo detuvieron en Zaragoza las fuerzas de orden público. Él y otros dos compañeros, Bigmo y Matar, fueron detenidos y llevados a la Jefatura de Policía por carecer de "papeles". Concretamente en el caso de Abdoulaye por no tenerlos renovados, ya que él si posee NIE.

Excuso decirles el mal rato y la zozobra que una detención como ésta supone para quien la sufre. La aplicación de la Ley de Extranjería convierte a todos aquellos que se encuentran en situación irregular en el país -esa es la denominación legal- en poco menos que criminales. Pone a un extranjero que carece de documentación a la altura de un ladrón o un estafador, condenándole a penas de detención, prisión si además se da la circunstancia de que la detención es por vender en el top manta, internamiento en un centro de extranjeros, y en último y más deleznable caso a su expulsión del país.

Abdoulaye, mi primo, como otros muchos jóvenes «sin papeles» ha pasado por esta situación, encontrándose en estos momentos, si los hados no lo remedian, pendiente de que se le incoe un expediente de expulsión. Imaginen cómo pueden encontrarse tanto él como todos y cada uno de los compañeros que han pasado, pasan y pasarán por un mal trago como éste.

Por principios, por convicción y porque me sale de las narices, defiendo a esta gente y no comparto la forma de entender y aplicar la legislación que se trae el gobierno de Zapatero o cualquier otro gobierno. En vez de regularizar una situación que de facto se da en todos los países, se empeñan en poner puertas al campo y criminalizar a unas personas que no han cometido más delito que buscar un lugar donde trabajar y vivir.

Seguro que podría dar un montón de argumentos, no necesariamente compartidos por todos, para en mi opinión legalizar una situación que se arrastra desde hace años, que no tiene más solución que dar papeles a quienes los piden, y que permitiría que un problema que está ahí, que es más que evidente, deje de ser criminalizado y se afronte. No podemos ni debemos mirar hacia otro lado, ellos, los «sin papeles» están aquí, justo al lado nuestro, conviven con nosotros y a poco que los trates te das cuenta de la calidad humana y personal que atesoran.

De eso precisamente les quiero hablar. De la calidad humana y personal de algunas de estas personas, que si me lo permiten personalizaré en mi querido amigo y compañero Abdoulaye. Mi primo Abdoulaye, así hemos terminado llamándole todos los que lo hemos conocido y tratado, es una persona excepcional. Vino a España, a Zaragoza, a trabajar como técnico en la Expo 2008. Terminado su trabajo en la exposición, decidió quedarse aquí. Tenía su tarjeta y un permiso de trabajo. Por una de esas circunstancias que a veces se dan, no cotizó el mínimo imprescindible para poder renovar su permiso, por lo que éste le fue denegado. En cuantas ocasiones ha intentado regularizar su situación, ésta ha sido denegada, por lo que se encuentra con la paradoja de que tiene tarjeta NIE, pero no la posibilidad de renovarla. Actualmente cuenta los meses que le faltan para poder regularizar su estancia en España acogiéndose a un permiso especial por arraigo tras pasar tres años en el país y no haber tenido, hasta la fecha, problema alguno con la Policía.

Todo este esfuerzo, los cursos que ha realizado, su integración en el país, su labor con sus compañeros, su trabajo social de ayuda a aquellos que están en peor situación que él, todo ésto puede irse al garete por una detención y posterior incoación de un expediente de expulsión.

Si siempre que conocemos una de estas penosas noticias nos sentimos apenados, pueden imaginar nuestra desolación al conocer que en este caso la china le había tocado al bueno de Abdoulaye. Porque hablamos de alguien a quien le podemos poner cara y sobre todo sentimientos. Porque Abdoulaye, a quien conocimos con ocasión de la preparación del último concierto de Buena Chen, es además nuestro amigo. Un amigo fiel, bondadoso, paciente y solidario que cuando iniciamos la aventura de ir caminando hasta Bruselas, decidió tras dos días de marcha, que no podía volverse a Zaragoza, que el cuerpo le pedía hacer el camino y compartir con nosotros la experiencia de llevar nuestras reivindicaciones laborales hasta el Parlamento Europeo. Se calzó la mochila y sin más ropa que una muda se unió a nosotros dispuesto a hacer lo que fuera necesario. Hablar con quien fuera preciso y sobre todo aprovechar la experiencia para representar a sus compañeros, que como él no tienen papeles, llevando su mensaje y preocupaciones a cuantos políticos, partidos, sindicatos y organizaciones sociales contactáramos.

Durante 45 días, caminando por las carreteras de España, Francia y Bélgica, hemos tenido ocasión de vivir y compartir experiencias con él. Conocer algo más de su vida, presidida por la discreción más absoluta. Saber más de su experiencia vital, hablar con su madre allá en Senegal, tranquilizándola para que no se preocupara cuando conoció en qué fregao se había metido su hijo. Le hemos visto y oído cuantas veces, venciendo su timidez, ha agarrado el micrófono y se ha dirigido a la gente que nos recibía a nuestra llegada a su ciudad, para contarles cómo está la situación de los «sin papeles» en España. Ha sido su portavoz y su corazón, también su conciencia.

Con él nos hemos reído, le hemos tomado el pelo y él a nosotros -es un somarda de mucho cuidado-. Nos hemos perdido, hemos hecho kilómetros sin fin y tras más de 1.700 y muchas aventuras, llegamos a Bruselas, objetivo final de la Marcha a Bruselas, donde fuimos recibidos por europarlamentarios amigos a quienes, entre otras muchas cosas, pudo hablar de la gente a la que venía a representar.

Éste es Abdoulaye, para quienes le queremos un queridísimo amigo, alguien a quien no podemos ni queremos dejar solo en esta situación. Pero no se trata solo de él. Como nuestro amigo, en estos momentos en España, en Francia y en otros muchos países de esta Europa mal llamada democrática, hay miles de ciudadanos que no han cometido ningún delito, pero a los que se les criminaliza y expulsa. A los que por decisión de unas autoridades que no ven más allá de sus propios intereses -los mismos que los de esos mercados que nos gobiernan- no les dan la posibilidad de trabajar y residir en el país; aunque han usado y abusado de su trabajo mientras la situación económica nos hacía creer que éramos ricos. Ahora que la crisis golpea y fuerte, ellos son los primeros en sufrirla y además doblemente. Ahora ya no son necesarios, ya no se puede hacer la vista gorda, ahora sobran. Y como sobran lo mejor es deshacerse de ellos. Los han convertido en mano de obra prescindible y molesta.

Pero no son simplemente números en una estadística que hay que cuadrar, son personas. Muchos de ellos residentes desde hace años en España, que no merecen que los traten como criminales. Hay una frase que oigo a menudo cuando hablo con Abdoulaye y sus amigos: “Ninguno de nosotros somos ilegales, ninguno de nosotros somos criminales”. Va por ti, Abdoulaye, por ti y por todos los que antes, ahora y después serán tachados policialmente como criminales e ilegales.

22/10/2010 16:49.

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