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La sociedad establece en cada momento sus prioridades. Cuando la opinión pública vive una etapa de sensibilización hacia la conservación de nuestro patrimonio, es un deber de las Administraciones Públicas responder a esas expectativas sociales. Si la despoblación de las zonas rurales, la contaminación medioambiental, la especulación urbanística…, son factores propios de nuestro tiempo que se desarrollan en contra de la supervivencia de formas mas humanizadas de vida, no constituiría un mal precedente que las futuras ordenaciones urbanas sepan superar esos factores contrarios y acrecentar y traspasar a sus habitantes una magnífica herencia de asegurada calidad de vida. Por esto sorprende sobremanera la propuesta que se realiza desde el propio Ayuntamiento respondiendo a las incesantes demandas de la iniciativa urbanística para esta zona: la creación de casi 1600 viviendas en edificios de 5 y 7 alturas, lo que supone un incremento de más de 5.000 personas en el zaragozano barrio de Santa Isabel. Además, para satisfacer la voracidad urbanística y especulativa el Ayuntamiento debe arrasar las viviendas de los que ahora vivimos allí, tanto en el Jardín de Ricla como en el vecino Camino de la Loma. Y por eso queremos contarles algo: Si en algún momento han experimentado ustedes el placer que supone que sean los pájaros los que les despierten por la mañana, sabrán de qué queremos hablarles. La ciudad es dura, la vida en la ciudad puede convertirse en agresiva y hostil para el ser humano si las personas no estamos atentas y dispuestas a evitarlo. Y la realidad, nuestra realidad es que cuando se pone afán se puede evitar y entonces la vida en la ciudad se torna dulce y cálida porque la casa a la que cada día se vuelve resulta ser un remanso de paz. Así es nuestra vida, nuestra calidad de vida: combina la tranquilidad y serenidad de la vida del campo con las ventajas de tener a mano los recursos que nos ofrece la vida urbana Pero conseguirlo no siempre es fácil, no siempre se tiene la suerte de encontrar un lugar donde vivir que cumpla ambos aspectos, es más, nos atrevemos a decir que en estos tiempos resulta prácticamente imposible. Sin embargo nosotros lo habíamos conseguido, entre otras razones, porque estuvimos dispuestos a respetar con todas sus consecuencias las características de este asentamiento rural a las puertas de la gran ciudad. Y no sólo eso, sino que nosotros, todos los vecinos de "El Jardín de Ricla" estuvimos dispuestos y encantados de conservar, mejorando las casas y acondicionando los accesos, los jardines y todo el entorno en general. Miren ustedes, encontramos una casa en un lugar de nuestra ciudad donde poder respirar y trabajamos muy duro e invertimos mucho tiempo, dinero y energía en que la casa fuera un auténtico hogar como todos los seres humanos deberían de tener: acogedora y cálida en el crudo invierno zaragozano, fresca en el sofocante verano zaragozano, albergue de pájaros en tránsito, refugio para los momentos en los que el estrés de la época que nos ha tocado vivir te acongoja el alma. Nos damos cuenta de que llega el buen tiempo porque aparecen las golondrinas y comienzan a construir sus nidos en el garaje; nos enteramos de la llegada del verano por la explosión de flores y porque la tapia del jardín se cubre de verde con la enredadera; el otoño nos lo anuncia el color rojizo que nos rodea y la alfombra de hojas sobre el césped y ya en puro invierno nos sentamos junto al fuego de la chimenea a contemplar la pelea de los árboles por permanecer derechos a pesar del cierzo. Todo este bucólico panorama y muchos detalles más que difícilmente se podrían explicar con palabras, contribuyen a que nuestra vida sea feliz y, como ustedes muy bien saben, la mayor aspiración del ser humano es la felicidad. Pues bien, en nuestro rincón, privilegiado quizá pero también fruto de mucho esfuerzo y dedicación, vivimos unas personas felices, pacíficas, cuya aspiración en esta vida es disfrutar al máximo, no sólo durante las vacaciones sino cada día, de lo que la naturaleza tiene a bien ofrecernos, que es mucho, créannos, aunque en el devenir acelerado en el que estamos sumergidos no seamos capaces de apreciarlo. Pero el desasosiego se ha apoderado de nuestro ánimo desde el momento que la amenaza de una excavadora llevándose nuestros sueños para siempre se ha convertido en peligro inminente. Imaginábamos un futuro en El Jardín rodeados de nuestros nietos y disfrutando de la compañía de unos vecinos que, como nosotros, habían optado por este modelo y lo que se nos presenta es el túnel negro de la búsqueda de un hogar en un momento de nuestras vidas en el que lo que hay que buscar es la paz. Pero nos han quitado el sueño, señores, nos lo han arrebatado porque no hay nada que pueda compensar lo que ahora tenemos. Por todo ello, es por lo que pedimos al AYUNTAMIENTO DE ZARAGOZA no sólo que tenga en cuenta nuestras alegaciones, sino también nuestro sentimientos y emociones, que lejos de ser cuantificables, simplemente hay que ser capaces de experimentarlas y por eso hemos comenzado diciendo que si en algún momento han experimentado ustedes el placer que supone que sean los pájaros los que les despierten por la mañana, sabrán de qué queríamos hablarles.
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