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Jóvenes y Ríos

EL LATIDO DE LOS RÍOS

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Cambios en el caudal del río Ebro en su cabecera antes (azul) y después (rojo) de la construcción del embalse del Ebro. Obsérvese como el latido del río ha sido totalmente invertido (gráfico realizado por R. Sánchez).


El gráfico de la cantidad de agua que un río lleva a lo largo del año, expresado como el promedio diario en m3/s se asemeja al de un electrocardiograma que indica los latidos de un corazón. A diferencia del corazón humano (de latir rítmico y constante), los ríos laten de forma irregular y con más o menos intensidad según las estaciones del año. Este latido es además diferente según el tipo de río. Desde el latido profundo del Amazonas que por seis meses sube de nivel y por otros seis baja, hasta el latido casi imperceptible de los ríos que surgen de fuentes con caudal constante como la fuente de la eterna juventud que buscaba Ponce de León. En España muchos ríos tienen un régimen de tipo mediterráneo, con un latido intenso en una época y casi imperceptible en otra. El latido natural de los ríos es la esencia de su personalidad, cada río tiene su latido propio y cambiarlo significa cambiar su personalidad, es decir modificar totalmente su flora y fauna.

El latido natural de los ríos ha sido cambiado recientemente por el hombre con la construcción de embalses y el uso intensivo del agua. La regulación de los ríos por los embalses ha variado tanto la magnitud del latido como su pulso. Esencialmente los embalses disminuyen los caudales máximos y regularizan los caudales mínimos, en última instancia pueden llegar a dejar el río con un caudal fijo todo el año. Pero esto es muy variable y depende de cómo funcionen los embalses. Obsérvese por ejemplo lo que le pasó a la cabecera del Ebro cuando se construyó el embalse que lleva su nombre que se usa para regular el río y poder regar.

El uso del agua (y muy especialmente la creación de grandes polígonos de irrigación) disminuye el caudal del río, lo cual es especialmente grave en época de caudales bajos cuando el río puede llegar a secarse. En última instancia un río puede quedar tan regulado que su caudal es mas o menos constante a lo largo del todo el año y en la mayor parte del año ni siquiera llega al mar. Cuando el río pierde caudal y su pulso se regulariza el río pierde su latido natural y su corazón queda a merced de los marcapasos que el hombre le impone. Un río con un pulso fijo y que no llegue al mar es un río en coma profundo, su corazón ya casi no late.

Casi hay tantos latidos como ríos en el mundo y todos los marcapasos que el hombre les introduce (embalses, derivaciones, minicentrales hidroeléctricas….) llevan al mismo lugar, el control del ritmo, su regularización, la pérdida de su identidad. Esto se contrarresta a veces fijando unos caudales ambientales (que no ecológicos) que intentan simular el latido natural aunque sea menos intenso. Incluso a veces el hombre utiliza estos marcapasos para regenerar hasta un cierto punto el latido natural del río y trata de devolverle la vida, aunque esto no es fácil y nunca se recupera totalmente el latido perdido ni la vida que este procuraba. El latido artificial que mantenemos con nuestros marcapasos nunca podrá devolverle al río su naturalidad, aunque es evidente que si utilizamos los marcapasos con sabiduría podemos en algunos casos convivir con un río más vivo, más natural que los que ahora tenemos condenados a la UVI para siempre.

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03/04/2012 09:16 #.

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