Casas de Juventud y PIEES de Zaragoza

ESPACIO “PUNTO DE ENCUENTRO”; HERRAMIENTA DE CAMBIO

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Para quienes no lo conozcan, Santa Isabel es un “barrio urbano” de la ciudad de Zaragoza. Nos gusta recalcar lo de “urbano”, porque a muchos (incluyendo a sus propios vecinos) les gusta pensar que es un pueblo.

En algo puede que tengan razón, es un barrio alejado del centro de Zaragoza, y psicológicamente puede parecernos que el transporte hasta éste, nos puede resultar largo y tedioso. Esto se desmonta una vez que decides acercarte al barrio y compruebas que tanto por la A2, la Z-40 o la avenida Cataluña, se llega en un periquete. Pero lo que sí que es una realidad, es que cuesta mucho conseguir que se acerquen usuarios de otros barrios a inscribirse a nuestros cursos.

Por lo tanto, nos hemos decidido a hablaros de nuestro fuerte, el espacio “punto de encuentro”, un espacio en el que sí que hemos conseguido que vengan usuarios de otros barrios.

Cuando iniciamos la adjudicación vigente, y se proyecta que quiere ser la Casa en los próximos 4-6 años, decidimos que había que potenciar un espacio de convivencia en la Casa. Un espacio con la finalidad de atraer usuarios que terminen implicándose en actividades de ocio. Bastó con reparar la mesa de Ping-pong y la TV para poder poner la Videoconsola para que empezasen a venir usuarios. En menos de dos meses se pasó de 5 ó 6 usuarios por sesión a más de 20. A todo esto le añadimos juegos de mesa de última generación, y multitud de actividades dirigidas por nosotros mismos como manualidades, talleres de cocina, gymkanas, juegos nocturnos, etc.

Recordamos aquellos momentos como de subida rápida. Pero todo lo que sube baja amigos, y aquí no fue diferente. El éxito fue tal que muchos vecinos identificaron a la Casa como el espacio responsable de los jóvenes y prácticamente todo lo que ocurría a causa de un joven se venía a pedir explicaciones a los responsables de la Casa. A todo esto no ayudó el que muchos usuarios trasladasen su momento botellón “para algunos los siete días de la semana” a las cercanías del Centro Cívico. Esto nos hizo darnos cuenta de que el punto de encuentro no podía ser un espacio libre en el que se podía estar entrando y saliendo a cada momento, y menos si entre estas entradas y salidas no se podía garantizar que el usuario de la Casa no pudiese plantear algún conflicto con otros usuarios del Centro Cívico o incluso con los propios trabajadores del centro.

Tuvimos que replantear el espacio y sin perder su esencia de espacio de convivencia, replantearlo para que no generase los problemas descritos. Se optó por romper la sesión a mitad de tarde, cerrando el punto de encuentro, para realizar una actividad dirigida para quienes quisiesen participar en ella. Al comienzo fueron muchos los que hicieron boicot a ésta nueva estructura, pero en menos de un mes, el punto de encuentro volvía a estar a tope, y las actividades dirigidas funcionaban muy bien. Nos dimos cuenta de un fenómeno del que ya nos había advertido una persona poco amiga de los jóvenes; “tenéis un gueto allí montado, así que jóvenes que valgan la pena os van a ir”. Lo cierto es que muchos de los usuarios conflictivos dejaron de venir y comenzaron a venir usuarios que antes no venían, o más bien no se quedaban, y rápidamente comenzaron a venir usuarios que abrazaban la nueva estructura de punto de encuentro, que les había permitido encontrar un espacio en el que convivir y participar en un ocio alternativo. A nivel de barrio también llegaron las felicitaciones y la valoración positiva de vecinos y agentes sociales del barrio.

Pese a que ésta estructura del punto de encuentro nos ha permitido crecer como Casa y como profesionales, no es infalible ni mucho menos, sino más bien caduca. Con el tiempo volvimos a abrir ininterrumpídamente porque nos dimos cuenta de que algunos usuarios nuevos no se quedaban a las actividades dirigidas porque no conocían usuarios o no les apetecía ya de primeras. Además los usuarios habituales terminan haciendo piña y no quieren hacer casi nada de lo que se les propone, sólo lo que les gusta (gymnasio y fútbol) y eso no es lo que todos los usuarios quieren, así que hay que sacarlo del punto de encuentro.

Hemos aprendido a que el punto de encuentro no sólo es un espacio en el que integramos y proyectamos a nuestros jóvenes. Es un espacio que nos permite sentir con los jóvenes, seguir siéndolo. Para ello hay que estar cambiando constantemente, en constante revisión.

Con el tiempo los usuarios nos han demostrado lo que buscan realmente. Los usuarios no buscan un espacio en el donde pasar el tiempo. Buscan un espacio en el cual hacer amigos, hacer grupo, sentirse tribu, un espacio en el que crear redes con las que salir al mundo exterior con fuerza. La mayor parte de usuarios del punto de encuentro son adolescentes. A través del punto de encuentro tenemos la oportunidad de enseñarles herramientas para coser esas redes con las que atrapar sus sueños. La oportunidad de afianzar su personalidad, sus intereses, de buscar otros iguales con quienes compartir sus gustos.

Pero además, son usuarios a los que les ha tocado una realidad difícil, sin un futuro que les ofrezca grandes expectativas, dándoles en cambio la sensación de que van a estar así mucho tiempo, sin que venga nada que les mejore. Tras entender esto, nos hemos dado cuenta de que debemos enseñarles a modificar lo que tienen a mano, a reconvertir espacios degradados en suyos, a aprender a la vez que se construye. Por eso ahora desde el punto de encuentro nos hemos propuesto la tarea de reconvertir en huerto urbano un espacio degradado del Centro Cívico. Con la colaboración de un almacén de construcciones del barrio que nos surte de palets estamos construyendo maceteros y aparatos de gymnasio. El futuro dirá…

22/07/2014 08:39 Enlace permanente.

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