Lou de Bouvoir

LOU DE BOUVOIR

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     LOU DE BOUVOIR-NAVIDADES CON DICKENS: es éste un libro de amor a la bondad, y es rara esta frase que se acaba de decir, pero la primera juventud de una joven Lou en París, estudiando y viviendo antes de sus veinte años experiencias nada desorbitadas, sino pausadas, con sabor a pasitos de bailarina, poniendo un cuidado atento a los cafés de los artistas y los comentarios de su íntima amiga, una modelo española que estudia con ella dan lugar a una frase que podría ser un pensamiento.

      A Inés por su inquieta profesión, Lou le pasa los apuntes y poco a poco intiman hasta convertirse en inseparables, aún en la distancia. La modelo, a pesar de su economía deshagoda, siempre que vuelve a París de sus viajes por Europa donde también ha decidido establecer su residencia, y, en vez de ir a su preciosa casa, se alojará siempre en el ático del patio luminoso que Lou compró,  Un apartamento de menos de cicuenta metros cuadrados, aunque en el centro de la ciudad del oro, algo viejo pero decorado por ella misma y con sus "dineritos", que va obteniendo confeccionando abalorios  y vendiéndoselos a un pintor danés, el cual los muestra en una galería de arte, pues a Lou le viene de familia la habilidad con sus manos y la creatividad con materiales de todo tipo y se venden bien porque el precio es más que razonable.

     Lou, se crió con la inventiva de sus padres,  y así decora también su apartamento, donde en la habitación se recoge la coqueta cocina que puede ser ocultada con una puerta flexible de color bureau, dejando a la vista el rincón acogedor donde duerme y cubre con una cocha tejida por su vecina, hija de Sacha, una artista de la noche en "Le Petit Moulin", como ella lo llama, una mesa larga bajo una estatería de libros, apilados, leídos, escogidos de los paseos primaverales en el puente sobre el Sena en los tenederetes al aire libre donde una agenda abierta muestra el orden de cada día y un panel de corcho pequeñito sobre la pared con recortes y notas sujetados por chinchetas de colores.

     Gerard,  compañero y buen amigo de estudios que vive en el campus, siempre deja su guitarra allí, para cuando se reúnen todos en ambiente bohemio. Tras una cortina más de una docena de sillas plegables para los invitados junto a una mesa también plegable. Sobre un sillón orejero con varios cojines de colores se puede ver a May Pi, la muñeca que le regalara su chico de toda la vida y el espacio de música con un giradiscos para discos de Vinilo, doble pletina y bafles algo grandes pero que le confieren a la estancia un  encantado ambiente de sensibilidad y entrañable aposento. Unido este equipo a una minicadena que de alguna manera el padre de Fred le instalara para poderla utilizar combinada y repartiendo seis altavoces por el techo abuhardillado de los viejos tejados antiguos de París... queda el lugar donde no importa el idioma si la melodía es bella...

      y... allí... bajo el retrato de la silueta de la Princesa de Viola... un piano comprado en "La Gare", un lugar donde los muebles se subastan muebles auxiliares antiguos pero restaurados. Lou lo escogió electrónico pero con mueble de caoba y tapa deslizable, con unas lamparitas de vela, junto a éste un escritorio estilo guillermino esquinado y al lado opuesto la coquetería, un tocador con espejo movil ovalado y el armario de luna de Villete, un estante labrado en madera de olivo en el cual reposan caprichos de novia, polvera, jaboncillos perfumados, borlas, brochas de maquillaje, perfumes, y...

     Un periquito de color azul, con la naricilla azul, llamado Wilie revolotea por toda la estancia, entrando y saliendo de la jaula a su libre albedrío.

      Por las parede se pueden ver fotografías enmarcadas con amigos, cartas desplegadas etre pasadores cristalinos, dibujos de la niña Colette que se fue a Viena, y marquitos de fotografías de papá y mamá, de la abuela pianista, del yayo alemán, de la abuela Miss, del abuelo militar, de la comunión del hijo de la Upe, del hermano de mamá que se fue a Brasil y se hizo rico... sobre una televisión con vídeo incorporado unos retratos del Hollywood de lujo, Fred Astaire (el favorito de Lou), Audrey Hepburm, Catharien, Marylin, la Garmo, Marlene, Valentino, Olivier, Manderley...

     Una estufa de carbón orginal que aún funciona caldea junto con otra de gas la estancia. Así es este pequeño gran nido de una bella adolescente fugaz. Un lugar donde las paredes, el techo y ese suelo de tarima desigualada y crujiente por el paso de los años envuelven felicidades.

     Por ello cuando Ines regresa a París, cansada, siempre va directa al apartamento de Lou y allí se queda, para revisar apuntes y descansar, porque como la modelo decía... -necesito un hogar, sí, tengo una bonita casa, cuidada por personal eficiente, pero el dinero que invierto en ella no hace más que sea eso, una casa, pero Lou tiene algo más que su casa tiene un hogar, donde podemos venir los amigos, porque la puerta siempre está abierta y además el impermeable está colgado detrás, un sitio donde nunca faltan bollitos de pan, ni chocolate caliente. Lou es  serena, amable, generosa y además tiene buena letra para entender sus apuntes... Oh!!. Lo cierto es que ella a veces nos mira o no, es  como ausente y silente, pero te da, da , da y da... porque cuando falta es como si una nube oscureciera el día, ya que consigue, con su presencia, esa tenue luz que nos recibe a todos en el pequeño apartamento de un patio donde se escuchan los pálpitos de un bello vecindario. No me iría nunca de este lugar. Embruja.

     Inés será durante su estancia en París su amiga del alma, además, con ella conocerá otros países a los que la modelo viaja para desfilar y cuando pueden van juntas. Gerard, Sofie, Clemente y el pintor danés, podrían ser los otros, los buenos amigos que por la noche elijen entre los cinco cafés cantantes que les seducen y pasan veladas de tertulia inolvidables. Luego hay muchos más, bien escogidos, afines o no, o sí.

 

    ¿Quién es Dickens en Paris?

      Su gran compañía. Cada noche del mes de diciembre, desde que Lou era niña, su padre le comenzaba a leer Cuento de Navidad, primero le compró el libro comic, después una adaptación y ella se llevó ambos. Desde el primer día, cada noche, lo releía una vez más y poco a poco, en la ciudad del amor,  se hizo su libro de cabecera. Por ello, cuando tenía un ratito hacía poemas del libro, plasmaba en el diario que le regalara Ana, antes de su partida, pensamientos sobre lo que Dickens le transmitía en su libro de Navidad. Recopiló una serie de versos y estrofas que ordenaría más adelante, y, así, parte y nace la idea de publicar un libro de poesía titulado "Navidades con Dickens".

Dylan

 

25/10/2009 06:03 Enlace permanente.

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