Importando costumbres

Desde que fueron amuletos de la buena suerte que protegían las casas y los trabajos del campo en Alemania en el año 1800 (hoy en día se estima la población de gnomos del país por encima de los cuatro millones) hasta que se ridiculizan disfrazándolos de gladiadores con la cara de Russell Crowe, caricaturas de políticos, etc... ha habido un largo camino.
De mi primer viaje a Alemania recuerdo un Tiergarten que visitamos con gnomos escondidos. Han pasado años pero puedo recordar el primer susto que me dió un gnomito jardinero seguido de una enorme sonrisa... me encantan!!
Pero hasta este año no había sucumbido a poner uno en el jardín de mi casa. Especialmente porque "el jardín de mi casa" se compone actualmente de un geranio y un puñado de perejil seco por el calor... Pero desde ahora en el jardín (antiguo corral de mis abuelos) podemos disfrutar de un par de gnomos ¡¡cortesía de mis primos que saben que me traen loquita!!, os pongo aquí la foto.
A pesar de lo que diga el frente de liberación de los gnomos de jardín de que hay que devolverlos a su hábitat natural o de que se haya estudiado que a la hora de vender una propiedad disminuye su valor hasta en 800 dólares tener un gnomo en el jardín frontal o que mi padre me mire como si me hubiera ido de la cabeza de tanto trabajar (me lo ha predicho)... ¡me encanta tener gnomos en el jardín!.
¿Por qué invertimos tanto tiempo en crear ocio de fantasía a través de pantallas, peluches y tiendas merchandising pero nos cuesta aceptar costumbres de otros países que tienen todos los elementos mágicos para hacernos sentir como niños?

