Examenes, correcciones y suspensos

No lo he superado: odio los exámenes, con todas mis fuerzas. Me gusta trabajar, estudiar, investigar, poner en limpio mis ideas, comentarlas, presentarlas, debatirlas... pero no puedo someterme a dictamen ciego ante preguntas creadas a drede para buscar mis fallos, ante correcciones macabras y amontonadas a una pila de cientos que sé que alguién corregirá con cierta desgana y a deshora, ante sistemas de puntuación estrictos hasta la extenuación sin valorar un ápice la originalidad de las soluciones propuestas, el desarrollo mental para ello o las ganas con que fueron realizadas.
Y si todo ello me molesta cuando soy estudiante, no cambia la situación cuando soy yo el tribunal en parte; la encargada de juzgar si alguién sabe lo suficiente midiéndole con una prueba rasero que, al menos en parte, es obra mía; quién corregirá varios cientos en una noche y al principio tratará de visualizar la imagen del redactor pero pasados 60 o 70 humildemente esconderé la cabeza -mientras levanto los ojos del papel cada dos horas o tres para comprobar como amanece y aún me queda una pila de papel delante-. Y sí, lo haré en una noche porque gracias a nuestra querida Expo, a que somos 4 profesores corrigiendo y a que me voy de viaje para una jornada de innovación docente (sí, innovación docente cuando me he visto obligada a impartir clases como hace un siglo: a tiza y pizarra) que no sé si algún día podré poner en práctica; a que tengo obligaciones familiares y un trabajo que me da de comer a parte... aún así haré lo posible por ser justa, lo cual será injusto para quienes no hayan trabajado y solo tengan un golpe de suerte y también para el que trabajó pero en concreto mi propuesta se le escape de sus habituales... o sea, que siempre habrá alguién descontento.
Esta noche, si duermo algo, tendré una pesadilla llamanda "examen".
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Autor: Agustín
Es una caca esto de evaluar...
Fecha: 30/05/2008 16:30.

