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IZQUIERDA NACIONALISTA EN EL SIGLO XXI.

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Buena parte del siglo XX y el inicio del XXI es el ámbito de la complejidad organizada (que surge con la cibernética en el siglo XX), frente a la complejidad desorganizada (que surge con la mecánica estadística en el siglo XIX). Hoy todo es más complejo. Lo supuestamente simple (la parte, el individuo) es tan complejo (o más) como lo que se consideraba complejo (el todo, la sociedad).


Ante esta complejidad, la izquierda y el nacionalismo abordan desconcertados el siglo XXI. Aturdidos ante el fin del "socialismo real", sin resolver la aparente contradicción entre "derechos nacionales" y "derechos del ciudadano" y sin tener del todo claras cuáles son sus estrategias. Desconcertados ante el papel de Lo Público y su relación con lo privado, las reivindicaciones nacionales y su encaje con la libertad individual, el reto de la sostenibilidad y la inmigración.

En el siglo XIX la dicotomía izquierda-derecha era patente. El límite se empezó a entremezclar en el siglo XX hasta la actualidad. La defensa de la libertad fue una bandera de la izquierda (recordemos el extraordinario cuadro de Eugène Delacroix, "La libertad guiando al pueblo", que ilustra este texto y visita obligada para el ciudadano de izquierdas en el Museo del Louvre), hoy la derecha la invoca; el nacionalismo (la libertad del cuadro enarbola la tricolor francesa), los movimientos emancipadores de los pueblos surgen tras las Revoluciones Americana y Francesa desde la izquierda (el nacionalismo es un movimiento en origen abiertamente izquierdista), hoy hay nacionalismo de derechas, incluso
de extrema derecha y hay izquierda antinacionalista; en lo económico, la izquierda adopta ideas del paradigma liberal (¿quién habla de acabar con la sociedad de clases o nacionalizar los medios de producción?); a veces, la izquierda privatiza servicios públicos sin rubor.

Quizá la dicotomía izquierda-derecha se ha trasladado a los valores (laicismo, derechos sociales, ecologismo), podríase decir que ser de izquierdas es tener empatía, ser capaz de entender el sufrimiento ajeno, defender a los débiles y aún todo esto hay sectores conservadores que son capaces de entenderlo (y aplicarlo, aunque quizá aquí la diferencia resida entre la idea de caridad y la de justicia social). Lo mismo ocurre con la defensa del medio ambiente (el presidente francés, Sarkozy -conservador- lleva a cabo una política más "ecologista" que la mayor parte de los gobiernos "de izquierdas").

Por desgracia, en el ámbito europeo una de las excepciones es Aragón, donde la diferencia izquierda-derecha es mucho más nítida que en el resto de Europa con dos partidos de derechas, uno (PP) con posiciones ultraconservadoras y abiertamente de derechas y otro (Par) carente de debate ideológico al estar basado en el clientelismo.


29/11/2007 17:58 Enlace permanente.

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Autor: 39escalones

Interesante artículo, aunque tengo que discrepar de su afirmación "el nacionalismo es un movimiento de origen abiertamente izquierdista".
El nacionalismo es una ideología de origen absolutamente conservador y que incardina su propio origen doctrinal en formas de pensar de sesgo religioso. A estos efectos, no conviene confundir el Tercer Estado de la Revolución Francesa (que sí, se sentaba en los bancos de la izquierda en los Estados Generales) con el nacionalismo identitario. El nacionalismo (mal llamado de izquierdas) de la Revolución busca el protagonismo de la nación, como cuerpo legislativo legitimador del gobierno, por encima de los estamentos privilegiados (nobleza y clero) y los derechos hereditarios. Este nacionalismo no es identitario, sino político: libertad y democracia para la nación frente a quienes la han gobernado en el pasado. Por el contrario, el nacionalismo actual no tiene nada que ver con él, sino con los procesos identitarios que se dan en Europa entre 1830-1848 y aun más tarde, monopolizados por la derecha económica, y de corte secesionista (a esta época corresponde el cuadro de la cabecera, y no a la Revolución de 1789). Francia, Alemania, la unificación italiana, la emancipación de los pueblos del Imperio Austrohúngaro o del Ruso, son fenónemos nacionalistas en los que pesa la identidad, y no tanto los derechos del pueblo. Y de ese nacionalismo, y no de un populismo revolucionario francés que desapareció en cuanto se instauró el sistema de partidos con representación popular, es de donde bebe el pernicioso nacionalismo actual, y que por tanto no tiene un origen popular ni de izquierdas, sino conservador, interesado, parcial, identitario y profundamente de origen religioso, proselitista y negatorio de las semejanzas entre los pueblos, magnificador de sus diferencias, instaurador de una nueva frontera de clases: mi nación frente a las otras, concepto profundamente dispar del pretendido por el populismo (que no nacionalismo) de la Revolución. De hecho, no podemos hablar de izquierda (más allá de la posición de las bancadas del pueblo en el Parlamento francés) hasta Marx y compañía, es decir, más allá de las revoluciones de 1848, precisamente, por oposición al nacionalismo identitario manejado por la burguesía y que mantiene las diferencias de clase. La lucha de clases es el único conflicto, la clase baja frente a las altas, y tendiendo a la eliminación de fronteras, rechazando, por tanto, la creación de mayor número de ellas.
Por otro lado, a España lo que llega ya es este segundo nacionalismo, una vez que en casi toda Europa ya está anticuado y superado (excepto en fenómenos extraños y anacrónicos como Irlanda, Escandinavia o Yugoslavia y Rusia) y es el tipo de nacionalismo que echa raíces en determinados territorios, y que la izquierda ha asumido tan campante, de manera contradictoria con lo que es su programa básico. Y en España resulta también anacrónico, dado que perdió el tren en 1789, en el siglo XIX resultó influido moderadamente, pasó de largo en los fenómenos descolonizadores del siglo XX, y sigue empeñada en debates ridículos que en ninguna otra parte son ya necesarios, desde un punto de vista esencialista y conservador, curiosamente compartido por partidos que se dicen de izquierdas, y que asumen sin problema dogmas creados a imagen y semejanza de los de corte religioso.
Por lo demás, blog interesante y artículo que mueve a reflexiones.
Un saludo.

Fecha: 01/12/2007 10:12.



Autor: Malo maloso

Interesante reflexión 39escalones.
Se podría debatir mucho sobre lo que comentas, aunque me quedaré con una sola cosa: ¿Catalogas el proceso descolonizador de Éire (que aún no ha concluido) como un "fenómeno extraño y anacrónico"? Por otra parte, el proceso de descolonización de Éire (como digo, sin concluir) no tiene nada que ver (pero nada nada) con la formación de Yugoeslavia o Rusia.
Es cierto que el nacionalismo tiene un origen conservador e incluso reaccionario, lo que no quiere decir que la izquierda haya con el tiempo asumido muchos de sus postulados, incluido el derecho a la autodeterminación.
Como cuenta un nacionalista (éste sí) de derechas, Joseba Arregi en "La pelota vasca" el PNV en la llamada transición estaba en contra del derecho a la autodeterminación, porque se trataba de un término "marxista".

En fin, que hay mucho por debatir en este tema, pero que desde luego es un topicazo rancio y desfasado que la izquierda no pueda ser nacionalista. Saludos.

Fecha: 06/12/2007 10:52.


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Autor: 39escalones

La cuestión es que Eire sí era en efecto una colonia y otros pretendidos territorios que buscan deliberadamente una equiparación imposible entre casos distintos nunca lo han sido.
Por otro lado, me gustaría saber cómo encajas el nacionalismo en la izquierda, que por definición, se ocupa de resaltar las semejanzas entre los individuos frente a los privilegios de clase, con el axioma de que el adversario del campesinado es la burguesía, y no la idea contrapuesta, es decir, que campesinado y burguesía nacionales, se oponen al campesinado y burguesía de las otras naciones. A lo que tú llamas "rancio y desfasado", se le llama coherencia.

Fecha: 17/12/2007 19:14.


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Autor: 39escalones

Además, compañero, la extrañeza y el anacronismo de los casos irlandés, escandinavo, ruso o yugoslavo, no se se refieren a los casos concretos. Al caso irlandés me refiero por lo tardío de la fecha y su falta de correspondencia con los fenómenos nacionalistas del XIX, que en Irlanda fracasaron. En el caso escandinavo me refiero a las distintas uniones y separaciones entre Noruega, Dinamarca, Suecia y Finlandia (y de ésta con Rusia) que se dan hasta que el mapa actual se conforma en 1918 con la separación de Noruega, Dinamarca e Islandia. Y con Rusia y Yugoslavia me refiero a las desmembraciones de los años noventa. Eso explica la extrañeza y el anacronismo de estos procesos que sí, son diferentes, pero que responden a situaciones sin resolver que en España no se han dado ni siquiera por analogía.
Saludos.

Fecha: 17/12/2007 19:21.


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