Frente a la costa mediterránea, en el marco de la Copa de la reina de Vela (yo creía que el ajedrez era el único deporte con reyes, pero no es así, la vela tiene reina); un barco carísimo se hunde ante los ojos atónitos de la tripulación. El cincuentañero patrón del barco, llora. Millones de euros yacen en el fondo del mar. No hay víctimas. Los informativos expresan su consternación, no en vano -en ocasiones- al frente de la nao iba el ocioso ciudadano Felipe Borbón.
Frente a la costa mediterránea, un poco más al sur, una patera llena de desheredados es interceptada, corría peligro de hundirse, no se sabe cuántos días llevaban a merced del mar, ni cuántos pasajeros salieron de no se sabe a ciencia cierta qué puerto. Muchos murieron, algunos eran bebes. Se unen a las miles de historias anónimas y de esperanzas que yacen bajo el mar que separa la riqueza y la miseria. Un bebé, ya huérfano, es rescatado y aparece en los periódicos con los ojos muy abiertos. No llora. En la geografía de la pobreza, los niños apenas lloran. Los informativos ponen de manifiesto que la inmigración es un problema. No eran gente ociosa, venían a intentar trabajar.
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Autor: emule
Fecha: 16/07/2008 12:02.
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Autor: Adrián
Fecha: 16/07/2008 12:22.
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Autor: Charo
Fecha: 16/07/2008 18:29.