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Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2014.

27/12/2014

EL JUSTICIA DE ARAGÓN

En ocasiones, desde la tiniebla de la ignorancia o a la luz del ansia centralista, se clama por su desaparición, entendiendo que es una figura poco menos que decorativa y sin sentido, existiendo un “Defensor del Pueblo”. No me detendré en cuestiones jurídicas suficientes por sí mismas para justificar su existencia, pues ambas figuras tienen competencias diferentes, sino en razones históricas.

 El Justicia de Aragón fue en origen un “juez medio” entre el rey y el reino, o entre los nobles entre sí y nada tiene que ver con la Constitución o con la idea de que es una especie de “defensor del pueblo de provincias”, como a veces se afirma. En Aragón es una institución que surge en el siglo XII. El primer Justicia fue Pedro Jiménez, en 1115. Fue, desde 1283, quien asumió la Presidencia de las Cortes y fue adquiriendo papeles de garante del derecho foral, lo que consta en las Cortes de 1300.

Posteriormente en 1348 es el intérprete de ese derecho y debía ser consultado en caso de duda. Otra función era la de “manifestación”, es decir, el amparo frente a jueces parciales para lo que tiene una cárcel especial de protegidos o manifestados.

Con los Austrias (s.XVI), cuando el Rey ya no sólo es de la Corona de Aragón, sino de un Imperio casi universal, el Justicia va asumiendo el papel de institución representativa del Reino, por eso Juan de Lanuza, asume las funciones de defensa de los fueros y libertades de Aragón frente a Felipe I de Aragón (II) del Imperio.

 El Justicia protegía a quienes se "manifestaban", es decir pedían protección al ser detenidas y tratadas en modo contrario a los fueros. Esta peculiaridad, previa a la Ilustración, solo es comparable al "habeas corpus" de la carta magna inglesa.

 Hubo una revuelta popular y fuerista para que el exsecretario de Felipe I, Antonio Pérez, acusado de asesinato, fuese devuelto a la cárcel de la Manifestación, de la que había sido trasladado por orden real a la de la Inquisición. Felipe I entró con tropas en Aragón y Juan de Lanuza se colocó al frente de la resistencia para detener esta invasión, cuya acción declaró “contrafuero”, fue vencido y decapitado sin proceso previo un 20 de diciembre de 1591. Por eso ese día es el Día de los Derechos y Libertades de Aragón. Por eso, desde 1935 los aragonesistas depositan flores en su memoria a los pies del monumento erigido en la Plaza de Aragón de Zaragoza.

Es una figura que suscitó admiración en toda Europa para los pensadores políticos franceses del XVI y para los revolucionarios británicos del XVII.

La jurisdicción del Justicia, independiente del soberano, en plena Edad Media y Moderna, por el que nadie podía ser detenido ni torturado si el Justicia garantizaba la comparecencia en juicio y acatamiento de la sentencia es una figura única en esa época.

La institución desapareció con el primer Borbón, Felipe IV (V de Castilla) en 1707, pero siguió viva en el imaginario colectivo de Aragón.

En 1904 se erige el monumento al Justiciazgo en la Plaza de Aragón por suscripción popular..

Los restos de Juan de Lanuza fueron trasladados en 1914 de la Diputación a San Cayetano, donde descansan en una gran manifestación popular y también en esa época se erige el monumento.

La institución se recuperó en el último tercio del siglo XX y el actual es el sexagésimo noveno Justicia de Aragón.

Por todo ello es una institución que está siempre en el punto de mira de los centralistas. Quizá, lo que sobra en Aragón son las competencias del Defensor del Pueblo, figura muy posterior y ajena a los aragoneses, competencias que perfectamente podría asumir el Justicia de Aragón. Nada que no ocurra en la República Federal Alemana, donde no existe un Defensor del Pueblo Federal, sino uno por cada Estado Federado, modelo adecuado para los territorios de la Corona de Aragón.

 

27/12/2014 09:52 Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

28/12/2014

EL IRREAL MENSAJE REAL

Cuentan que en 1932 el rey Jorge V a través de la BBC lanzó el primer mensaje navideño “para todos aquellos súbditos del Imperio Británico que solo los pueden alcanzar las voces por el aire”. Desde ese momento, todos los Jefes de Estado y de Gobierno se han ido apuntando a tan efectiva forma de dirigirse a sus ciudadanos (en las Repúblicas) o súbditos (en las Monarquías), primero por la radio, después por la televisión.

Cada 24 de diciembre, el Rey se dirige a sus súbditos españoles y, al día siguiente, la prensa cortesana y los partidos monárquicos se deshacen en alabanzas. Siempre es excelso en la forma y excelente en el fondo; este año hemos cambiado de Rey, pero el discurso es muy parecido y los excesos cortesanos y laudatorios también. Solo hace falta tirar de hemeroteca: los epítetos ¡¡¡¡son los mismos!!!!.

Seguramente, el texto lo revise o lo redacte el Gobierno conjuntamente con la Casa Real y siempre contiene algunos elementos que el Gobierno quiere comunicar y, por lo tanto, podrían estar sujetos a la legítima crítica política, pero la figura del Rey es intocable, está por encima del Bien y del Mal y, como un semidios, no está sujeta a la crítica para el coro de aludadores. La Monarquía está basada en una ficción absurda, irreal y antidemocrática. Un miembro de la Casa Real no se equivoca, siempre acierta. Al fin y al cabo, la Monarquía es un vestigio del pasado imposible de casar con las ideas de Igualdad. Un miembro de la Casa Real es un ser sin mácula adornado de cuantas virtudes imaginarse pueda. No tienen defectos, no se divorcian (interrumpen la convivencia), no se corrompen (los presuntos corruptos son los consortes) y siempre causan admiración en cualquier lugar donde van. Un miembro de la nobleza es desigual por definición, por derecho de sangre, por hechos de armas familiares pretéritos, por traiciones, por intrigas, por lo que sea, y está por encima de sus súbitos. Lo cual, para mí, es un disparate conceptual.

Por ejemplo, el primer Borbón que accedió al trono de Francia (Enrique IV) lo hizo abjurando del protestantismo y convirtiéndose al catolicismo, traicionando a sus súbditos y sus ideas –se le atribuye la frase: “París bien vale una misa”-; la entrada de los Borbones en el Estado Español fue por derecho de conquista, a sangre y fuego, derogando la tradición “federal” como marco de convivencia –los Fueros y Libertades de Aragón, por ejemplo- y constituyendo el inicio del fracaso del Estado Español como proyecto común. A partir de allí, es una dinastía preñada de palurdos, corruptos, iletrados y felones (Carlos IV y Fernando VII, que renunciaron a sus derechos dinásticos a favor de José I y faltaron a su palabra, el propio Fernando VII que juró defender la Constitución y lo primero que hizo fue derogarla; Isabel II y los negocios oscuros de miembros de la Casa Real en obras y adjudicaciones); personajes que no dudaron en apoyar cualquier dictadura (Alfonso XIII, que auspició la Dictadura de Primo de Rivera –al que llamaba el “Mussolini español” y se autodenominaba “falangista de primera hora”; el pretendiente Juan ferviente fascista desde los años treinta, relacionado con el nazismo y con una fortuna de origen no del todo claro; el propio Juan Carlos I, franquista mientras vivió Franco y “demócrata de toda la vida” cuando hizo falta, siguiendo la honda tradición familiar de traicionar las propias ideas, ayer espejo de virtudes y hoy escondido en un retiro dorado del que nada se dice…

No conozco a Felipe Borbón, pero estoy seguro que tendrá virtudes… y defectos, como tú y como yo.

Ni más, ni menos.

28/12/2014 09:58 Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

30/12/2014

¿Por qué el año empieza el 1 de enero?

Hoy en todo el Mundo occidental el año empieza el 1 de enero, pero no siempre ha sido así….

Todo empezó en Aragón.

En el marco de las guerras Púnicas entre las dos grandes potencias del momento, los romanos llegaron a la Península Ibérica (Ampurias) en el 218 a.C. con el fin de cortar los suministros a los cartagineses. Pero, pronto, se internaron hacia el Valle del Ebro. No siempre imponiéndose por las armas sino (casi siempre) por medio de acuerdos con los pobladores de ese espacio, los romanos favorecían el comercio, mejoraban las técnicas agrícolas y ganaderas, impulsaban las infraestructuras, pero –eso sí- a cambio del sometimiento y el pago de tributos a Roma. Lo que, en ocasiones, fue fuente de conflictos, como el levantamiento de los habitantes de Complega (junto al Moncayo) frente a Roma (180 a.C.).

En esa época, el Valle del río Perejiles era la vía de comunicación natural entre el Valle del Ebro y la Meseta y allí se asentaba la ciudad celtibérica de Ségeda (en torno a la actual Mara, en la Comunidad de Calatayud). Ségeda quiere decir “la poderosa”, pues era núcleo urbano clave, siendo la mayor de los pueblos celtíberos y con cierto desarrollo económico y científico (tenía un observatorio astronómico). Tal fue su importancia que, con el tratado de Graco (179 a.C.), Roma le concedió la capacidad de ser la primera ciudad celtibérica en acuñar moneda de plata y ejercer un dominio urbano en un amplio territorio a cambio de pagar impuestos  y no crear nuevas ciudades en su amplio territorio.

Con el florecimiento de la ciudad, ésta creció en población, y los segedenses decidieron ampliarla (155 a.C.) y –como cuenta el historiador griego Diodoro Siculo-, “el Senado romano, desconfiando de su creciente poder, envió emisarios para impedirlo en nombre de los tratados (…). Contestó a esto uno de los ancianos llamado Caciro, que los tratados prohibían construir nuevas ciudades, y que ellos no fundaban una ciudad sino que reparaban una ya existente, con lo que nada hacían ni contra los tratados ni contra la común costumbre de todos los Hombres”. Era el mes de diciembre.

En ese tiempo, el calendario anual se iniciaba el 1 de marzo, el mes que empieza la primavera, el ciclo anual natural. Por eso septiembre se llama así: era el séptimo mes; octubre el octavo, noviembre el noveno y diciembre el décimo.

Por otro lado, sabían los segedenses que Roma no disponía de suficientes tropas en Iberia para vencerlos y que, para organizar una leva en el Imperio, debían celebrarse elecciones anuales de magistrados, lo cual tenía lugar a principios de año (en marzo), lo que suponía que tenían casi nueve meses (el periodo desde la organización de la leva, organización del ejército, embarcar las tropas, llegar al Valle del Ebro,…) para levantar la muralla y organizar la defensa y, además, la llegada de las tropas romanas coincidiría con el fin del otoño e inicios del crudo invierno de las Sierras Ibéricas, lo que dificultaría la adaptación romana frente a los segedenses.

La respuesta de Roma fue tan contundente como sorprendente. Rompiendo la tradición, decidieron empezar el año inmediatamente, el 1 de enero, con lo que se adelantaba la elección de magistrados, la organización del ejército y la llegada a Segeda (que sería en torno al verano). Nombraron cónsul a Fluvio Nobílior y formaron un ejército consular completo (hasta 30.000 efectivos –dos legiones romanas de 6.000 soldados, otros 6.000 auxiliares itálicos y un cuerpo de caballería de 5.000 jinetes-, el doble de lo habitual en las grandes guerras de la época).

El historiador Apiano nos cuenta que “los segedanos, sin dar remate a la construcción de la muralla, huyeron”. Y organizaron una sangrienta emboscada donde los muertos de ambos bandos fueron cercanos a los 20.000. “estos sucesos tuvieron lugar el día de la procesión a Vulcano (el 23 de agosto). Por eso, desde aquel tiempo, ningún general romano quiso comenzar un combate voluntariamente ese día”.

La guerra continuó y los pueblos celtas e íberos de la Península Ibérica fueron sometidos y paulatinamente romanizados.

Pero esa, es otra historia.

Jorge Marqueta Escuer.

30/12/2014 11:45 Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.
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