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Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2015.

08/11/2015

ARRABALES, RABALS, RAVALS, SOBBORGHI.

El barrio del Arrabal zaragozano, como ocurre en otras ciudades de lo que fue la Corona de Aragón, está íntimamente ligado a la historia de la Ciudad.

 

En el caso de Zaragoza, tras la fundación romana de la ciudad, extramuros de la misma hubo “villas” agrícolas en los fértiles alrededores cesaraugustanos, ciudad situada en un desierto beneficiada por la confluencia de dos ríos, el Ebro y el Huerva.  Algunas de esas villas se asentarían en lo que hoy es el Arrabal, punto de confluencia de las vías que venían desde el Pirineo y desde el Mediterráneo y que entraban por la ciudad por el actual Puente de Piedra, (en ese momento probablemente de piedra y madera), y que era el punto fundamental y más cómodo para cruzar el río en el Valle Medio del Ebro y puerta de entrada a Cesaraugusta, importante ciudad romana en el cuadrante noreste peninsular.

 

No obstante, como ocurre en otras ciudades de la Corona de Aragón, el desarrollo del Arrabal como barrio es medieval. Desarrollándose un barrio a ambos lados de la actual calle de Sobrarbe, eje fundamental del mismo, calle que todavía en el mapa de Gironza de 1850 es denominada calle Mayor y en un mapa de 1861 redenominada calle Mayor del Arrabal. Denominación que también se repetirá en algunos barrios del arrabal de otras ciudades de la corona aragonesa.

 

Es entonces, s. XII, en época de Jaime I el Conquistador, cuando se erige, junto al puente, el Hospital de leprosos y albergue de peregrinos de San Lázaro, el principal centro sanitario de la Corona aragonesa, y uno de los principales del mundo, en el momento de mayor esplendor de nuestra Corona. Hoy desaparecido, pues fue dañado en las guerras napoleónicas y la desidia y la incultura posterior, durante el siglo XIX, hizo que desapareciera. Conviene aquí desterrar un mito. Las guerras napoleónicas, obviamente, tuvieron un efecto negativo sobre el patrimonio de la Ciudad, pero fue a lo largo del siglo XIX, cuando la incapacidad para valorar lo que se podía perder, la incipiente especulación urbanística, la incultura y la desidia propia de las clases dirigentes del Estado con la victoria de Fernando VII Borbón, la España negra y el Antiguo Régimen frente a la Ilustración en esas guerras hizo que buena parte de nuestro patrimonio no fuera restaurado, ni conservado y se fuera perdiendo paulatinamente a lo largo del siglo XIX y aún bien entrado el XX . Como muestra, recordemos que en 1890 aún se conservaba buena parte del Hospital de San Lázaro, como atestigua Cosme Blasco en sus “Memorias de Zaragoza”, quejándose amargamente de que “allí  contemplase todavía, y por desgracia van ya desapareciendo del todo, entre la indiferencia de mi amado pueblo zaragozano, aquellos restos testimonio mudo de muchos y trascendentales sucesos”. Lo mismo cabría decir del resto del patrimonio artístico desaparecido a lo largo de los dos últimos siglos (Palacio de la Diputación del Reino en La Seo, Monasterio de Santa Engracia, dañado en la guerra napoleónica y derribado en 1836, en época de Isabel II Borbón, etc.). Duele ver grabados decimonónicos (bastantes años después de acabada la guerra napoleónica) que son un compendio de ruinas en proceso de degradación, deterioro y abandono hasta su desaparición.

 

En todo caso, como decía, los barrios del Arrabal (Rabal en aragonés, Raval en catalán, Sobborgo en italiano), están estrechamente ligados a la evolución urbanística de algunas ciudades de la Corona de Aragón. Como en Barbastro, en Albarracín, en Tarazona, en Teruel, en Barcelona, en Palma de Mallorca, en Gandía, en Elche, en Alicante, en Napoles, en Palermo….

 

¿Por qué no hermanar nuestro barrio del Rabal con el resto de rabals, ravals, sobborghi de las ciudades hermanas de la antigua Corona de Aragón?

08/11/2015 08:57 Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

22/11/2015

TURISMO Y ORDENACIÓN DEL TERRITORIO

La Carta Europea de Ordenación del Territorio define ésta como la expresión espacial de las políticas económicas, sociales, culturales y ecológicas de la sociedad.  El objetivo, por tanto, de la ordenación del territorio debe ser buscar la organización territorial que mejor responda a las necesidades de una sociedad, de un país, no siendo el turismo una actividad menor en esa planificación territorial, sin obviar la interrelación sistémica de todas las variables y elementos que actúan sobre un territorio.

 

Resulta innegable la relación de la actividad turística con la ordenación territorial, en el sentido de que los elementos que constituyen un destino turístico, un paisaje, una ciudad (su atractivo, su conservación, su ordenación, su accesibilidad en relación con la movilidad) son lo que acaban haciendo atractivo un producto turístico y tienen más que ver con la ordenación territorial que con la propia planificación turística.

 

No es casual que en la Ley de Turismo de Aragón (Decreto Legislativo 1/2013, de 2 de abril, del Gobierno de Aragón, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley del Turismo de Aragón) dedique un título, el segundo, a la ordenación territorial de los recursos turísticos, previendo la posibilidad de aprobar directrices especiales de ordenación de los recursos turísticos, sometidas, lógicamente, a las estrategias de ordenación territorial de Aragón.

 

Ni tampoco es casual que en la actual organización del Gobierno de Aragón se haya optado por incluir la competencia de Turismo dentro del Departamento de Vertebración del Territorio, Movilidad y Vivienda.

 

El turismo es una compleja realidad y ello hace que tenga una serie de interrelaciones con distintas disciplinas que enriquecen los puntos de vista y son más eficaces para la resolución de los problemas que a nuestra sociedad se plantean, como la cultura y la conservación del patrimonio histórico y cultural.

 

Téngase en cuenta que la popularización del turismo ha ido paralela a la democratización de otras facetas de la actividad humana, como la cultura, que de ser un placer minoritario se ha pasado a una cultura de masas o como lo ocurrido con la información, que si tradicionalmente estuvo restringida a círculos minoritarios hoy podemos hablar de posibilidades información universal, apoyadas en las nuevas tecnologías.

 

Como en el resto de las actividades, a tan espectacular desarrollo del turismo han contribuido el incremento de los medios de transporte y la tecnología de los mismos, la entrada en vigor de la legislación social de las vacaciones pagadas, la progresiva instauración de la sociedad del ocio y el desarrollo cultural y económico de los distintos pueblos, de tal forma que es previsible un incremento todavía mayor de esta actividad en las próximas décadas conforme se vayan integrando en el orden económico mundial espacios geográficos que hoy quedan al margen (el turismo es una actividad propia de los países desarrollados, es decir de una minoría de la población mundial).

 

Por otro lado, dada la importancia de nuestra actividad no es de extrañar que la ciencia haya mostrado un creciente interés por la investigación turística, especialmente en dos áreas del conocimiento científico: la Economía y la Geografía.

 

Podemos concluir que el turismo, que ha despertado el interés de la ciencia, cuenta con un largo pasado, pero es claramente una actividad de futuro. Un país moderno debe ser sensible a este hecho, debe tener en cuenta nuestra actividad “per se” y cuando considere otras actividades, puesto que entre el turismo y éstas se establecen una serie de complejas interrelaciones que no sería conveniente desdeñar y que pueden ser decisivas en el desarrollo del turismo de nuestras comarcas.

22/11/2015 11:42 Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.
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