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Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2018.

04/03/2018

DÍA DE LA MEMORIA DEMOCRÁTICA DE ARAGÓN.

 

Ayer, 3 de marzo, se conmemoró el Día de la Memoria Democrática de Aragón. La fecha recuerda el bombardeo fascista sobre la población civil de Alcañiz que causó entre 500 y 1.000 fallecidos (la cifra exacta se desconoce) en una localidad que entonces no llegaba a los 9.000 habitantes.

Es lógico y necesario que recordemos a quienes murieron bajo las bombas del fascismo, que defendamos nuestra democracia, que en el Estado español tenía forma republicana en ese momento, como es natural conocida nuestra historia contemporánea.

Está en la línea del Remembrace Day de los países de la Commonwealth o del Jour de la paix et d’hommage à tous les morts pour la France, que se celebran cada 11 de noviembre; está en la línea del Memorial Day de los EEUU del último lunes de mayo.

Es un recuerdo que nos incumbe a todos los que creemos en la democracia (siempre mejorable, pero indispensable). No es ni de izquierdas ni de derechas, es de todos y todas.

Lamentablemente, lo que en otras democracias es normal, en Aragón y en España, tras la victoria fascista y un periodo de genocidio y represión sistemática que se alargó hasta cuatro décadas, todavía hay sectores incapaces de comprender que defender la democracia no va contra nadie, que no se trata de reivindicar otra cosa que la democracia, que no se hace con rencor, ni odio, ni para reabrir heridas que nunca se cerraron y, mucho menos, para intentar cobrar subvenciones como dijeron de forma irrespetuosa varios representantes del PP en el Congreso. Se hace por respeto y por defender el sistema democrático que nos atañe a todos.

Todavía hace un año el Jefe del Estado, Felipe Borbón, afirmó en un discurso que “son tiempos para profundizar en una España donde nadie agite viejos rencores o abra heridas cerradas”.

Todavía existen monumentos de homenaje al fascismo en varias localidades, todavía existe un homenaje monumental al fascismo como el llamado “Valle de los Caídos”, todavía personajes como Mariano Rajoy dicen no entender por qué se cambia el nombre de calles que homenajean a fascistas y se fotografía junto a homenajes al dictador.

Todavía España es el segundo país del mundo con más fosas comunes, “desaparecidos” en un contexto de desprecio a los derechos humanos y “muertos en las cunetas”, tras Camboya. Nosotros por el fascismo, los camboyanos por el comunismo.

El reto es que los que quieren la impunidad y el olvido sean cada vez más minoritarios, que la sociedad en su conjunto se reconozca en el homenaje a la democracia y a la memoria.

La memoria es un derecho imprescriptible e inalienable y el reconocimiento a quienes lucharon y quienes murieron por defender la libertad y la democracia, una obligación ética de cualquier sociedad democrática. De toda.

Tenemos derecho a conocer nuestro pasado, no olvidar que la democracia siempre está amenazada por la intolerancia, sea fascista, nazi o
estalinista, aunque se transvista de populismo o de fanatismo religioso.

04/03/2018 18:25 Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

11/03/2018

EL 8 DE MARZO, UN DÍA PARA LA HISTORIA.

Sin entrar en las típicas guerras de cifras, se puede afirmar que la del 8 de marzo es la mayor manifestación que ha conocido Aragón. Superior a la que hubo reclamando la autonomía en 1978, que hasta ahora era la más numerosa, y más que las habidas en 1981, tras el golpe de Estado, y las de 1992 y 1993 por la autonomía y contra los trasvases.

Fue un momento histórico. Los cambios sociales estallan así. Nada será igual tras este 8 de marzo. Es un salto cualitativo fundamental.

Solo unos meses antes, en el marco del juicio a “la manada” y la infame estrategia machista de su defensa, apenas unos centenares nos concentramos ante el Tribunal Superior de Justicia de Aragón para solidarizarnos con la víctima. Ni siquiera hubo gente para cortar el tráfico.

Las manifestaciones del 8 de marzo no habían pasado de ser dignas y las del 25 de noviembre contra la violencia de género no han pasado de concentraciones.

Pero en 2018, Aragón (y el Estado) dio un salto cualitativo, que existía potencialmente, pero que se hizo patente.

El movimiento feminista ha sabido integrar a buena parte de la sociedad con un matiz intergeneracional clave para impulsar el cambio social y acometer profundos cambios en un sistema construido sobre la desigualdad y, en buena medida, la dominación de la una parte de la sociedad sobre las mujeres.

Era obvio que cualquier cambio social pasaba por el feminismo, lo que se demostró es que cualquier cambio social será liderado por el feminismo.

Hubo quienes no lo supieron ver y hoy se reclaman “feministas de toda la vida” e incluso alguno se ha ofrecido, con un cinismo repugnante, a liderar estas reivindicaciones, como si el movimiento feminista necesitara un liderazgo y, además, que éste proviniera de quién lo minusvaloró y despreció.

En todo caso, no deja de ser un síntoma del cambio cualitativo experimentado. Me recuerdan a los “demócratas de toda la vida” de finales de los setenta e inicios de los ochenta, que guardaban en su armario la camisa azul falangista o formaron parte de los cuadros del franquismo que acababa de desaparecer, pero cuando se experimentó el cambio social, quebrantaron sus principios inquebrantables sin ningún problema. No son creíbles, ni aliados y, en cuanto tengan la menor oportunidad, volverán a la hostilidad (como está ocurriendo con los valores democráticos), pero demuestran la fuerza experimentada por las reivindicaciones feministas. Hay mucho postureo y temor a quedar al margen de la sociedad que se está construyendo.

A nadie extrañe que, algunos, a los que cogió con el pie cambiado, acabaron el día con un lazo morado en la solapa aunque unas horas antes despreciaron las movilizaciones y hablaban de que no iban a hacer huelga en uso de la libertad individual (la derecha siempre que quiere defender privilegios tira de “libertad”, véase la “libertad de enseñanza”, por ejemplo, eufemismo para defender la financiación y privilegios de la Iglesia Católica y su papel en la educación de los ciudadanos); de que no iban a dejar de trabajar, sino que harían “huelga a la japonesa”, trabajando más (demostrando que además de defender el machismo no sabían lo que es una huelga a la japonesa, que no es trabajar más, sino trabajar “a reglamento”, con extrema minuciosidad); de que era una “huelga política” (claro, todas lo son, buscan igualar derechos); de que en relación con la brecha salarial… “mejor no entrar en eso” (para ellos eso era una cuestión menor, un ripio de las feministas, que no merecía estar en la agenda política) y otros exabruptos machistas.

Pero todos ellos son la anécdota, lo importante es que fue un momento histórico, con un fuerte componente de clase, de lucha por la Igualdad, -uno de los valores republicanos (en una España donde la Jefatura del Estado se hereda con prevalencia del varón sobre la mujer)-, un momento en que el movimiento feminista demostró que es el motor del cambio social del siglo XXI.

Queda mucho camino por recorrer, pero el 8 de marzo de 2018 se subieron varios escalones de golpe hacia la Igualdad y la Justicia Social.

 

 

 

11/03/2018 19:32 Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.
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