Historias del tranvía

Un sábado de abril cualquiera, en la parada del tranvía de Zaragoza, recién estrenado, un grupo de jóvenes sonrientes como la tarde del día soleado entran en el vagón donde estábamos. Colgantes al cuello, azules como su ropa, como sus ideas, son las nuevas generaciones del PP que ante la crisis piden mantener las mismas soluciones que nos han llevado a la crisis: desregulación, ladrillazo y empleos más precarios (¿es posible?). Me acerco y les comento que sus jefes, sus mayores, a los que aspiran a suceder , están en contra del tranvía: !Tened cuidado, no vaya a ser que os vean y nos podáis subir puestos en vuestra competitiva vida política! En la siguiente parada bajan sin la sonrisa puesta, con la euforia contenida, pero con la esperanza de saber que algún día sus mayores también subirán al tranvía, no precisamente al verde que cantaba Petisme.

P.D.: De esta historia lo más real es que fueron los chunteros los únicos que ya en 1994 pidieron el tranvía, los demás se subieron al vagón después, mucho después...Y que si no hubiera sido por ellos jamás hubiera existido ese medio de transporte en Zaragoza

Lunes, 18 de Abril de 2011 18:03.

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