posindustrial

El final de una época y el inicio de otra. ¿Está usted preparado?

Los primeros pasos de la megacrisis (primera parte)

La euforia neoliberal de los años 1990 y los delirios militaristas que le siguieron son hoy desdibujados recuerdos, sus impactos mediáticos se han agotado. Así como en ese remoto pasado abundaban los expertos que profetizaban el milenio burgués ahora muchos de ellos anuncian la próxima llegada de una megacrisis mundial mucho más potente que la de los años 1970. En una nota publicada en agosto del 2005 Stephen Roach, economista jefe de Morgan Stanley, alertaba sobre la inminencia de la “primera crisis energética de la era de la globalización” y los numerosos puntos débiles de la economía norteamericana ante dicho fenómeno (1). Sin embargo un mes mas tarde y en el mismo newsletter Roach colocaba en el primer nivel de peligrosidad al déficit del balance de cuenta corriente de Estados Unidos (2). Por su parte “The Economist” apuntaba también en agosto hacia otro detonador: la burbuja inmobiliaria mundial con centro en Estados Unidos, cuyo desinfle sería inevitable a no muy largo plazo (3), aunque durante ese año la revista también puso el acento en el déficit de cuenta corriente, la deuda publica, el déficit fiscal y otros males de la superpotencia.    
    

 

Una rápida recorrida por las principales fuentes de información económica internacional nos llevaría a engrosar la lista de amenazas: la fragilidad del dólar, el circulo vicioso comercial-financiero establecido entre Estados Unidos y China (el primero acumulando deudas y déficits y el segundo dólares y bonos del Tesoro norteamericano) o la desaceleración de la Unión Europea (donde el motor alemán aparece con crecientes dificultades económicas, sociales y políticas). Y mirando más allá de la economía asoman las consecuencias del fracaso de la ocupación de Irak que podría desatar una reacción en cadena; por ejemplo enlazando la caída del dólar con la reconversión de grandes reservas dolarizadas hacia otras monedas, el encarecimiento recesivo del crédito en Estados Unidos y la contracción de su consumo interno impactando sobre la demanda global.

 


Varios meses antes de concluir el 2005 el FMI repronosticaba a la baja las tasas de crecimiento de varios países centrales (Alemania, Italia, Inglaterra, Japón, etc.), los burócratas del Fondo diversifican las culpas: Katrina, los déficits norteamericanos, la suba del precio del petróleo... (4), dejando entrever que el 2006 no sería mejor.

 


La incertidumbre aumenta cuando son recordados los errores de previsión que antecedieron a la última megacrisis desatada a partir del shock petrolero de 1973-1974. Los pocos economistas de renombre convencidos de que se avecinaba una crisis mundial de gran envergadura apostaban en su mayoría a las turbulencias monetarias agravadas desde 1971 cuando el presidente Nixon decidió no entregar más oro a cambio de dólares, sepultando así el sistema monetario construido luego de la Segunda Guerra Mundial.

De todos modos esas previsiones eran marginales, la mayoría aplastante de economistas, políticos y comunicadores endiosaban los mecanismos keynesianos capaces según ellos de controlar cualquier perturbación seria. Cuando la crisis estalló casi todos anticiparon el comienzo de una era de mayor regulación estatal del mercado en Occidente acompañada por el fortalecimiento internacional del bloque soviético, pero ocurrió lo contrario; el keynesianismo clásico entró en declinación, emergió triunfante el neoliberalismo y las desregulaciones de todo tipo, la URSS desapareció... en síntesis, se produjo una enorme bifurcación que no entraba en la visión conservadora de los expertos. Una sorpresa similar sucedió en la época de la primera guerra mundial una de cuyas principales víctimas fue el capitalismo liberal considerado entonces eterno por los formadores de opinión de Occidente. Ahora que estamos ingresando en una era de alta inestabilidad predominan nuevamente los errores de percepción; el grueso de los medios de comunicación (administradores del “sentido común”) dan por sentado que las transformaciones estructurales del capitalismo de las tres últimas décadas son irreversibles mientras que una minoría crecientemente influyente apunta hacia un cierto retorno del pasado keynesiano; es casi seguro que ambos se equivocan.

 


Expansión del parasitismo

 

Como la economía mundial gira en torno de Estados Unidos (su consumo interno sobredetermina la evolución de la demanda mundial) resulta útil observar las grandes transformaciones (y desequilibrios) que allí se están produciendo.

 


En primer lugar aparece una sorprendente combinación de elitización social, consumismo y declinación del la cultura productiva. Desde la Segunda Guerra Mundial se había afianzado la desconcentración deingresos; a lo largo de los años 1960 y 1970 el 1% de mas rico de la población acaparaba aproximadamente el 8 % del Ingreso Nacional, pero en torno de 1980 cambió la tendencia y se desarrolló un proceso de rápida concentración actualmente en curso, en el 2000 ese 1 % ya absorbía el 16 % del Ingreso Nacional (ver el gráfico “Estados Unidos: concentración de ingresos”). Contrariamente a lo que enseña cierta ortodoxia económica la concentración por arriba no engrosó la corriente del ahorro y la inversión sino la del consumo que en términos reales creció al 4 % anual entre 1985 y 2003 mientras que el Producto Bruto Interno lo hacíaal 2,2 % (5). La tasa de ahorro personal se fue contrayendo hasta llegar ahora a niveles negativos (ver el gráfico “Caída del ahorro personal en Estados Unidos") sin ser compensada por el ahorro empresario y estatal que también declinaron, en consecuencia el ahorro nacional neto (empresario, público y personal) que representaba en promedio el 7,5 % del Ingreso Nacional en el período 1960-2000 cayó al 1,5% durante 2001-2005, como resultado de ello las inversiones fueron crecientemente financiadas por capitales externos.   
      

 

Paralelamente se expandió el comportamiento especulativo en detrimento de la cultura productiva, entre 1952 y 1979 (época keynesiana) los ingresos financieros representaron en promedio un 10 % del ingreso de las familias pero entre 1980 y la actualidad (hegemonía neoliberal) dicho porcentaje casi se duplicó, recordemos que cuando ocurrió la crisis de 1929 entre un 3 % y 4 % de la población estadounidense estaba involucrada en negocios bursátiles, esa cifra rondaba el 50 % hacia el año 2000.  

 

Frente a ello se reducía la masa de obreros industriales, no se trató de un fenómeno exclusivamente norteamericano sin embargo en ninguno de los países desarrollados el mismo se manifestó de manera tan aguda. Por otra parte la flexibilización laboral alentada a partir de la presidencia de Reagan (1981-1989) deterioró a largo plazo la "cultura empresaria" de importantes segmentos de trabajadores frenando el dinamismo de los procesos innovativos industriales. La competitividad ganada en el corto plazo por las empresas (desaceleración de las presiones salariales) fue perdida en el mediano y largo plazo al hacerse más caros y menos creativos los sistemas de innovación, los productos norteamericanos comenzaron a ser cada ves menos competitivos frente a los de países desarrollados como Alemania o Japón que podían ofrecer mayor calidad y en ciertos casos también mejores precios, pero también frente a bienes tecnológicamente menos sofisticados fabricados por naciones emergentes como China con bajos costos, principalmente salarios.

 


Desequilibrios externos

 

Llegamos así a una segunda tendencia visible: la expansión incesante de los desequilibrios externos. El balance comercial se fue degradando, todavía en los años 60 era positivo pero al comenzar los 70 aparecieron algunas cifras negativas al comienzo modestas pero en 1977 se produjo el primer gran déficit de 27 mil millones de dólares, que trepó a 57 mil millones en 1983 y a 109 mil millones en 1984, persistió por lo general en esos niveles durante el resto de la década y en la mayor parte de la siguiente y en 1998 saltó a 165 mil millones comenzando una vertiginosa carrera ascendente: 378 mil millones en el 2000, 494 mil millones en el 2003, 617 mil millones en el 2004 (6), arrastrando en su caída al balance de cuenta corriente (7) cuyo déficit llegó a representar el 5,7% del Producto Bruto Interno norteamericano en 2004.

 


En el pasado los ingresos de las inversiones en el exterior contrarrestaban en parte los desequilibrios comerciales que Estados Unidos pagaba entregando dólares, es decir con un costo directo ínfimo, pero con el correr del tiempo esos papeles se fueron transformando en activos norteamericanos en manos extranjeras que produjeron beneficios que en una porción significativa salían al exterior. Hacia 1950 los activos en el exterior de los estadounidenses equivalían acerca del 11 % de su Producto Bruto Interno y a comienzos del 2005 llegaban al 36%, indicador de la expansión global de esa economía, pero paralelamente crecieron los activos de extranjeros en los Estados Unidos. Si también los comparamos con el Producto Bruto Interno norteamericano veremos que representaban el 6 % en 1950, el 22 % en 1985 y el 78 % en 2005 (8): dos dólares en activos norteamericanos poseídos por extranjeros contra un dólar de activos en el exterior en manos norteamericanas. Sin embargo el balance entre ingresos y egresos de fondos de esas inversiones sigue siendo todavía favorable a los Estados Unidos (9)... pero cada vez menos. En 1960 ese saldo representaba el 70 % de las entradas de fondos por inversiones en el exterior, pero en 1980 había bajado al 40 %, en 1992 al 22 % y en 2004 oscilaba entre el 9 % y el 10 % (ver el gráfico: “ Estados Unidos: Declinación del saldo de negocios con el exterior”).       

 


Este panorama se ve agravado a causa de la creciente dependencia energética, desde comienzos de los 1970 viene cayendo la extracción interna de petróleo, en consecuencia la economía es cada ves más sensible a los vaivenes de una producción mundial que estaría llegando a su cenit lo que acelera la suba de los precios (10).        

 

Deudas y déficit fiscal

 

A las dos tendencias negativas descriptas se suma una tercera, si nos remitimos a las últimas cuatro décadas los superávit fiscales constituyen una rareza, desde los años 70 los déficits fueron creciendo hasta llegar a niveles muy altos a comienzos de los 90 y luego Clinton se despidió con algunos superávits significativos, pero desde la llegada de Bush hijo el déficit regresó alcanzando cifras sin precedentes: 160 mil millones de dólares en 2002, 380 mil millones en 2003, 412 mil millones en 2004. La combinación de recortes tributarios a las empresas e incrementos de gastos militares no fueron compensados conmayores ingresos aportados por la reactivación, en consecuencia la deuda pública que había frenado su empuje hacia finales de la era Clinton avanzó incontenible y ahora llega a ocho billones de dólares (ver el gráfico“Deuda pública de los Estados Unidos”), integrando una deuda total (pública, personal y empresaria) superior a los 37 billones de dólares, equivalentes a más de tres veces el Producto Bruto Interno de Estados Unidos y superior al Producto Bruto Mundial. Luego del enfriamiento económico de 2001 la Casa Blanca consiguió con estos desequilibrios, la reducción de la tasa de interés y una política de crédito fácil impulsar el consumo y hacer subir el ritmo de crecimiento... perotambién logró expandir el déficit comercial, las deudas y una burbuja especulativamucho más grande que la desinflada a comienzos de la década actual.                         

 


Esto ha hecho a Estados Unidos mucho mas dependiente del ahorro internacional, los ingresos de capitales externos oscilan entre 2000 y 3000 millones de dólares diarios, sin ellos el Estadono cerraría sus cuentas, las empresas no conseguirían sostener sus inversiones y los consumidores no podrían seguir gastando al ritmo actual. Resultado: las deudas privada y pública de los norteamericanos con el exterior rondaban en 2004 los 4,5 billones de dólares (en 1995 llegaban a 1,5 billones) y los bancos centrales extranjeros que en 2003 compraron el 14 % de los bonos a largo plazo del Tesoroadquirieron el 28 % en 2004 (11). 

 


Complicidades

Los estadounidenses consumen, importan y acumulan deudas como nunca antes lo habían hecho alentados por un gobierno que imprime cerca de 1 billón y medio de dólares por año (12); el resto del mundo, en especial los países asiáticos, colocan esos billetes en sus reservas, los cambian por bonos del Tesoro norteamericano contribuyendo a paliar el déficit fiscal de la superpotencia (financiando de ese modo sus aventuras militares) o invierten en Estados Unidos una parte de sus dólares. A simple vista nos encontraríamos frente a un mega parásito que se alimenta del ahorro y la producción del planeta, sin embargo eso es una verdad a medias; chinos,japoneses, alemanes o ingleses no están haciendo beneficencia a cambio de nada, en realidad lo que hacen es sostener al primer mercado del mundo cuyo desinfle los golpearía duramente. Es el lugar donde chinos y japoneses venden una parte sustancial de sus exportaciones, y donde los europeos colocan grandes masas de capitales. Además la financierización de la economía no es un fenómeno exclusivamente norteamericano, se trata de un proceso global. Dos ejemplos: la deuda pública de Japón equivale al 140 % de su Producto Bruto Interno y el área más caliente de la especulación financiera: los negocios con “derivados” (que ascenderían según cálculos recientes aunos 180 billones de dólares: cerca de cinco veces el Producto Bruto Mundial)(13) si bien tienen su centro motor en Estados Unidos, conforman una trama donde se mezclan de manera indiferenciada especuladores europeos, japoneses, chinos, latinoamericanos, estadounidenses o rusos.

 


El desajuste financiero global.

 

Esto nos lleva hacia el primer posible detonador de una futura megacrisis: el desajuste financiero global.

 


El déficit del balance de cuenta corriente de Estados Unidos equivale al 70 % del conjunto de déficits en cuenta corriente del mundo... y la tendencia es creciente, el flujo de fondos externos que sostiene a la superpotencia no puede mantener de manera indefinida su ritmo actual, incluso antes de declinar podría sufrir algunas fluctuaciones que harían crujir a un sistema sumamente frágil. Es de buen tono en los medios académicos y tecnocráticos hacer referencia a la necesidad de un ajuste fuerte en Estados Unidos apoyado en una marcha forzada hacia el equilibrio fiscal que seguramente enfriaría el consumo y por consiguiente las importaciones, reduciendo en consecuencia el déficit del balance de la cuenta corriente. En realidad se trata de una aspiración de difícil cumplimiento, porque si ello llegara a ocurrir arrastraría hacia la recesión a la economía mundial, chinos y japoneses se enfrentarían a la contracción de su principal mercado y ellos también entrarían en crisis. Los europeos (en especial los países líderes de la región) no tendrían donde colocarparte de sus exportaciones pero sobre todo una porción sustancial de sus excedentes financieros, ahora han entrado en una período de crecimiento bajo pero en ese momento caerían en la recesión. En síntesis; si el desajuste sigue, tarde o temprano causará un sacudón financiero grave, pero si es corregido la economía mundial sufrirá una depresión gigantesca.

 


La declinación del dólar

 

Estrechamente vinculado al fenómeno anterior pero con vida propia descubrimos un segundo detonador: el dolar, su futuro incierto.Viene declinando respecto del euro, del yen y del oro más allá de algunas recuperaciones efímeras. Japón acumula reservas (en su mayor parte dolarizadas) por más de 850 mil millones de dólares, las reservas chinas rondan los 700 mil millones de dólares, les siguen otros países asiáticos. Recientemente Corea del Sur anunció su voluntad de diversificar sus reservas, Japón hizo los mismo, India ya lo viene haciendo y China duda en comenzar el proceso. Todos saben que si venden masivamente dólaresel precio del billete caerá en picada lo que causaría una contracción catastrófica del valor de sus reservas mucho antes de que puedan reconvertirlas, en consecuencia intentan una complicada operación consistente en deslizarse muy suavemente hacia otras divisas y activos buscando no provocar el derrumbedel dólar. Pero la debacle podría comenzar impulsada por otros factores, por ejemplo un avance significativo de la desdolarización del mercado petrolero; si una parte importante de importadores y exportadores deja de aceptar dólares privilegiando al euro se produciría una fuerte declinación del dólar con su secuela recesiva en Estados Unidos. Irán anunció recientemente la próxima instalación en Teherán de una bolsa de comercio petrolero funcionando en euros y compitiendo con las de Nueva York y Londres que operan en dólares, además la creciente convergencia entre China, Rusia e Iran podría derivar en la constitución de un bloque industrial-energético euroasiático que apuntaría hacia la desdolarización de los intercambios comerciales.
20/06/2006 19:40 Enlace permanente.

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