posindustrial

El final de una época y el inicio de otra. ¿Está usted preparado?

Pensamientos para tiempos crepusculares

(adaptado con mayor o menor fortuna de las artes marciales)

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El conflicto en este mundo es uno de sus componentes, y no va a desaparecer nunca. No se puede eliminar como pretende el pacifismo ingenuo. Ahora bien, lejos de regodearnos en la sangre y la destrucción, sí es posible encauzar el conflicto por caminos mejores que el enfrentamiento violento.

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En caso de llegar a un enfrentamiento hay que comportarse de la manera más noble posible...siempre que el adversario comparta esa visión heroica de la vida. En una pelea callejera contra un yonki armado con una navaja, no cabe mucho juego limpio, sino acabar con la amenaza de la manera menos trágica posible para ambos contendientes.

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La gente profana en las artes marciales se imagina que un maestro está pensando todo el día en golpes y defensas, y que es osado para demostrar su valor. Nada más fantasioso. El experto en la lucha si es sabio evita darse a entender. Sólo los necios pasean por zonas peligrosas o van provocando para pelearse por ahí. Hace tiempo leí una entrevista a un karateka en el periódico. Cuando le preguntaban la mejor forma de escapar de la violencia nocturna, él respondió algo así: “Yo no tengo problemas por la noche, porque me acuesto pronto”. Y aunque suene ridículo, es cierto: gran parte de los actos de violencia suceden interviniendo alguno de estos factores: alcohol, tumultos y/o nocturnidad.

En un enfrentamiento callejero, la mayoría de los “expertos” en artes marciales no tienen muchas más oportunidades de salir enteros que un tipo de 50 años que no hace ejercicio. Esto es así porque se confían demasiado en una serie de movimientos espectaculares en un tatami, mientras que en el mundo real el adversario no espera con la boca abierta al siguiente movimiento. Hay que actuar siempre con el factor sorpresa.

No hay nada deshonroso en salir corriendo ante una amenaza seria, siempre que tengas oportunidades razonables de escapar. Por ejemplo, ante varios atacantes sería de tontos esperar a que viniesen de uno en uno a sacudirte, como en las películas. Ante la amenaza de una paliza inminente, sólo cabe golpear al cabecilla y salir pitando mientras se pueda.

La mayoría de las personas agresivas con las que me he encontrado no deseaban realmente atacar físicamente en un principio. Hay pocos delincuentes que lleguen a emplear por método la agresión física. Los psicópatas abundan en el cine, no en la vida real. Casi siempre, el agresor es ocasional: un borracho, alguien malhumorado o muy presionado por situaciones externas.

Por tanto, es posible por medio del autocontrol influir al agresor verbal o gestual antes de que se pase a mayores en la mayoría de ocasiones. Con una persona sola se puede intentar el diálogo sereno antes de pasar a peores. Cuando hay un grupo hay que dirigirse al que parezca líder (de facto o no) y convencerlo para que se calme e influya en los otros...sin miedo, pero siempre alerta.

Cuando alguien mueve mucho el cuerpo y las manos acercándose a uno puede indicar agresión inminente...aunque el comportamiento humano no siempre es previsible.

En cierta ocasión un viajero solitario iba por el Amazonasen una embarcación, cuando desde otra barca le abordaron unos epígonos de los piratas del Caribe. Armados con machetes y escopetas, le exigieron todo lo que llevaba encima y le instaron a saltar de la barca para llevársela ellos. Nuestro antihéroe no perdió la calma, y viéndoles tan zarrapastrosos, les contestó que él era pobre como ellos, y que sin la barca no podría seguir el viaje. Estuvo un buen rato hablando con el que parecía el jefe de los bandidos, que le preguntó de dónde venía y adónde iba. La conversación derivó de la tensión hacia la trivialidad, y pasado un buen rato los delincuentes abandonaron la barca del viajero, llevándose el dinero en metálico, baratijas y algo de ropa. Pero pudo continuar el viaje.

Ante los delincuentes habituales, no hay que ser ni muy sumiso ni muy agresivo. Lo primero lleva a la humillación total, y lo segundo a recibir una paliza o algo peor. Hay que aparentar indiferencia y templanza, como hizo el viajero del Amazonas.

La no violencia absoluta está bien (para el que le guste) para quienes se enfrentan a agresores bien disciplinados, como policías o soldados. Se supone que el golpear a una persona desarmada que se deja genera un conflicto moral entre las órdenes recibidas y la conciencia moral. Eso es la teoría.

Resulta algo ingenuo pensar que la mayoría de los agresores organizados tenga un resto de conciencia capaz de oponerse al “deber” cuando vemos casos como el de los nazis, por ejemplo. Ante una víctima deshumanizada (el judío para los nazis) o de otro contexto cultural al que no se reconoce como par (occidentales/islámicos) es más que dudoso que funcione la no violencia absoluta.

Más dudoso todavía es que funcione ante agresores desorganizados en un contexto de descomposición social en el que el nihilismo lo ocupe todo. En todo caso, cada cual es libre de morir como quiera si eso le hace feliz.

 

Muchos de los pacifistas absolutos a quienes he planteado mis dudas sobre sus métodos y filosofía se han mostrado extremadamente agresivos (verbalmente) con uno. Hacían un gran esfuerzo por contenerse, mientras que uno simplemente intentaba dialogar sin más. Me consideraban violento por el mero hecho de hacer observaciones que les disgustaban. Yo no me sentía violento, eran ellos los agresivos. Nada más agresivo que un “antiviolento” cuya militancia ideológica es especialmente combativa. Valga la paradoja.

Practicar la no-violencia es muy difícil; es algo reservado a gente realmente ‘santa’, que esté dispuesta a morir por motivos muy elevados (invariablemente religiosos o similares). Son personas que ya han muerto antes de morir, mentalmente, y por tanto no tienen realmente ,miedo a la extinción del cuerpo.

La “ahimsa” consiste en no imponer nada a los demás, ni las ideas, ni acusarlos de nada. Esto requiere un esfuerzo casi sobrehumano para soportar errores y afrentas ajenas sin tratar de combatirlos y una tremenda disciplina para evitar los defectos propios, lograr la virtud total y trasmutar la agresividad en una fuerza superior que transforme el ego.

Creo que Buda; Jesús y unos pocos más lo lograron...según sus adeptos

El 99,9% de las personas no estamos a ese nivel ni lo estaremos.

 Lo único que podemos hacer es evitar la violencia mientras podamos, y luego portarnos de la manera más correcta posible.

 

Todos queremos vivir en condiciones mentales normales, y todos intentamos evitar la muerte mientras podemos. Pero la vida por la vida no es un valor absoluto. Existe la muerte digna como alternativa a una vida indigna; ahora bien, una vida indigna no se lava con un final “digno”.

Si pones en orden y sosiego la mente cada mañana y cada noche, y consigues vivir como si tu cuerpo ya estuviese muerto, entonces conseguirás la libertad: no temerás la muerte. No la buscarás como hacen los insensatos, pero tampoco la temerás.

La persona que no ha aceptado previamente y con determinación la inevitable muerte está provocando con seguridad que vaya a morir de mala manera.

 

Cuando nos encontramos en calamidades o situaciones difíciles, no basta con decir simplemente que no perdamos la calma. En los malos momentos, lo que hay que hacer es lanzarse hacia delante con valor y alegría. Sólo estamos saltando una barrera, y es como el dicho famoso: “Cuanto más agua, más alto el barco”.

Alégrate moderadamente en los buenos momentos, y entristécete con moderación en los malos.

Cuando uno se siente muy feliz, corre gran peligro de caer en la arrogancia. El que se deja llevar por la euforia en los buenos momentos, en los malos se desalienta y no reacciona.

Vale más superar alguna desdicha de joven para aguantar mejor la madurez, porque si uno no experimenta alguna adversidad, su carácter no se templará. Al que siempre le han ido bien las cosas le sucede que se vuelve engreído y arrogante; cuando la fortuna se olvida de él, se lleva más golpe que quien es templado en su carácter. El que cuando es desdichado se desalienta no sirve para nada.


 

Cuando hay una emergencia, la gente se aturde y no hay nadie que encienda una luz.

 

En los malos tiempos, con amenazas o desastres, con pocas palabras será suficiente. EN los tiempos felices, también con pocas palabras será suficiente. Hay que pensar bien las cosas y hablar luego.

Una buena manera de ver las cosas es contemplar el mundo como si fuese un sueño. Si tienes algo así como una pesadilla, despiertas y te das cuenta de que sólo ha sido un mal sueño.

Dicen que el mundo en que vivimos no se diferencia en nada de eso.

 

No te bases en la fuerza de otro, ni confiés siempre en tu propia fuerza

La meditación en la inevitable muerte hay que efectuarla todos los días.

Cada día, cuando el cuerpo y la mente están en paz, uno debe meditar en que su cuerpo es destrozado por flechas, balas, lanzas y espadas, arrastrado por riadas, arrojado en medio de un gran fuego, alcanzado por el rayo, pereciendo en un  terremoto,cayendo por un precipicio de 1.000 pies, muriendo de enfermedad.

(Hagakure)
21/06/2006 21:05 Enlace permanente.

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