posindustrial

El final de una época y el inicio de otra. ¿Está usted preparado?

EL ELEMENTO CIENTÍFICO

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“Los ricos preparan las guerras, los políticos las empiezan, los curas las bendicen y los científicos las engrasan con nuevas armas”.

 

Cuando señalamos los graves problemas que afectan a la sociedad actual, nunca falta el humanista (facción “ciencias puras”) que nos da como solución mágica la “educación científica” para alejar la barbarie creciente que nos rodea. Pero esta es una ilusión más del progresismo, humanismo bondadoso o como se le quiera llamar. Antes que nada, hay que analizar el estado actual del estamento científico. Esto es

primordial. (...)

¿Es la ciencia un poder autónomo?¿Son los científicos intelectuales independientes o los obreros VIPS de la megamáquina?

Y es que la ciencia, tal y como es entendida

por la mentalidad moderna, se caracteriza ante todo

por su utilidad material. Esa es la razón de que su objetivo

prioritario esté al servicio de la tecnología y, a través

de ésta, de la industria. Las motivaciones y aplicaciones

científicas son, pues, eminentemente industriales.

, como no podía ser de otra forma en la civilización

mercantilista actual, y su logro más depurado lo constituye

la máquina. No vamos a ponernos histéricos contra las máquinas como hacen los risibles neoprimitivos, puesto que antes del industrialismo había máquinas pero no dominaban la sociedad. La cuestión es el dominio del industrialismo, del culto a la mercancía abundante e “inagotable” que esclaviza tanto a los obreros de abajo como a los científicos que proveen de nuevas mejoras de producción a la megamáquina. Inundar el mundo de mercancía (y de su subproducto: la basura) es la consigna implícita en la sociedad industrialista.

 Y es ahí donde reside la Única superioridad

efectiva de la moderna civilización occidental y

lo que le confiere su carácter particularmente aberrante: ninguna otra civilización dejará tantos “restos arqueólogicos” tras de sí (somos optimistas: esperamos que haya algo humano después de esta sociedad). Ni restos tran peligrosos como residuos nucleares, armas bacteriológicas y tóxicos varios.

La ciencia es la punta de lanza visible de esta locura por producir y consumir, si bien no es la única que colabora (ahí están los medios de “comunicación” con su publicidad continua, por ejemplo). Esto puede dejar bastante en evidencia toda esa pamplina del humanismo de los científicos (salvo que se enfrenten abiertamente al sistema, lo cual es harto raro).

Por lo demás, y a mayor abundamiento

más del 60% de los recursos dedicados actualmente a la

investigación científica se destinan al ámbito militar,

aunque algunos de sus logros tengan una posterior

aplicación en el campo civil. Es cierto que ha habido algunas tímidas protestas de científicos, sobre todo en el peculiar mundo de la universidad, contra la investigación militar, pero no nos engañemos: muchos programas civiles pueden tener (a la inversa) uso militar; y el control que tiene un científico sobre su trabajo no es mucho mayor que el del tipo que lleva paquetes opacos de un sitio a otro en su camión: igual lleva un biberón que una bomba, sin saberlo.

Todas estas tlagrantes evidencias no impiden que

la ciencia y todo lo relacionado con ella esté rodeado

en el presente de un halo de respetabilidad y de asepsia,

como si tales características fuesen algo que esa

actividad garantizara ya de por sí. Ahora mismo, si quien escribe les presenta sus buenas carreras universitarias en ciencias puras (o en lo que sea) y sus proyectos y premios varios, seguro que prestarían más atención a este rollo que si digo simplemente: “trabajo en un almacén descargando camiones”. Damos por supuesto inconscientemente que quien no tiene muchos estudios o hace un trabajo manual está embrutecido en contraposición con el que lleva a cabo un “trabajo intelectual”. Pero precisamente el que no piensa en su trabajo puede hacerlo (si no es adicto a la tele) en sus escasos ratos de ocio; mientras que los “intelectuales profesionales” están absorbidos por sus “altas labores” y a menudo no se plantean en serio otras cuestiones. Sin embargo, damos por sentado que los universitarios, y los científicos, tienen autonomía mental a priori.

Pero lo cierto, sin

embargo, es que, al margen de todas sus limitaciones,

el elemento científico es algo tan instrumentalizable y

susceptible de una sórdida utilización como cualquier

otra cosa o, para ser más exactos, y dadas las propias

peculiaridades de esta época, más susceptible aÚn que

las demás. Debido a su largo tiempo de estudio, los científicos (como todos los universitarios por lo demás) han recibido un adoctrinamiento extra en las consignas del sistema. (...).

 sólo desde la estupidez puede

concebirse que, en un mundo dominado por la tecnología,

el Poder no habría de hacer uso (y uso privilegiado)

de la ciencia para asegurar su hegemonía.

Sería una empresa inacabable citar la multitud de

ejemplos que ilustran lo dicho con anterioridad respecto

a lo que, en realidad, no es sino un proceso sin solución de continuidad. Pongamos algunos ejemplos:

- Un miembro del Departamento de

Energía estadouidense, Elley Weiss declaró

recientemente que durante los últimos 70 años miles de

personas fueron expuestas a radiaciones, sin duda en

aras de la ciencia y del progreso, sin que ninguna de

ellas supiera que estaba siendo utilizada como conejillo

de indias. En el mismo sentido se pronunció el secretariode

Enegía, Hazel O’Leary, quien hizo referencia a

los innumerables experimentos nucleares realizados en

su país con seres humanos durante la época de la llamada

"guerra fría". Todo lo cual no deja de ser sino la

punta de un gigantesco iceberg.

Por lo demas, la absoluta falsedad de esa infundada

opinión que adjudica a la ciencia y a la comunidad

científica una pretendida independencia del Poder, no

sólo se pone de manifiesto en el ámbito político o en el

militar, sino en todos los demás. De hecho, las dificultades,

las presiones y el ostracismo son algo con lo que

habitualmente tropiezan dentro del mundo científico

quienes pretenden rebatir las tesis oficiales, tesis detrás

de las cuales se esconden en no pocas ocasiones sórdidos

intereses y ambiciones mezquinas.

- Kary B. Mullis, premio Nobel

de Química en 1993 y, sin duda, el más destacado de

entre los varios científicos que cuestionan seriamente

los postulados oficiales acerca del Sida. [Nota: no afirmamos que tenga razón en sus hipótesis, sino que tiene todo el derecho a defenderlas en público]

El Dr. Mullis ha

expuesto reiteradamente sus dudas sobre el hecho de

que el virus de la inmunodeficiencia humana sea el

único causante de esa enfermedad, señalando que los

investigadores desconocen cómo dicho virus destruye

el sistema inmunológico de los afectados y subrayando,

además, que resulta bastante anómala la relación

causa- efecto entre la presencia del virus y la aparición

del Sida. Pues bien, la reacción de los defensores de la

tesis oficial, que no se hizo esperar, ha sido de una

virulencia tan extrema y sospechosa como injustificada,

ya que se trata de una simple opinión, y de una opinión

autorizada, además. Tal vez sea conveniente añadir

que entre los orquestadores de esa violenta campaña

contra las tesis disidentes aparecen no pocos asalariados

de alto rango académico de la poderosa industria

farmaceútica, así como de la pestilente

Organización Mundial de la Salud.

- Otro caso próximo que ilustra la presencia de turbios

intereses económicos en el aséptico mundo científico

fue destapado en febrero de 1994 por Duilio

Poggiolini, ex-director general del Servicio

Farmaceútico italiano. Este personaje, procesado por

corrupción y estafa en relación con la célebre tangentópolis,

declara ante el tribunal que le juzgó que el premio

Nobel de Medicina concedido en 1986 a la investigadora

Rita Levi Montalcini, fue consecuencia del pago

de ocho millones y medio de dólares efectuado por la

Multinacional Fida Farmaceútica a los miembros de la

Academia sueca, al objeto de asegurarse inmensos

beneficios económicos y publicitarios que acompañan

al preciado galardón. Poggiolini declaró, además, que

existe un poderoso Holding mundial que condiciona la

concesión de los Nobel. Naturalmente, y como era de

esperar, la reacción de los estamentos académicos y

empresariales ante esas afirmaciones fue negarles toda

credibilidad, aduciendo que era un procesado por

corrupción quien las hacía. Un argumento tan manido

como inconsistente, ya que son precisamente esos

corruptos de alto nivel quienes mejor conocen las actividades de sus correligionarios.

 
 

No menos infundado y extendido es otro eslogan

que atribuye a los miembros de la comunidad científica

unas connotaciones de integridad moral que ni se

corresponden, ni tienen porqué corresponderse con la

realidad, ya que la degradación y la putrefacción son

circunstancias que afectan por igual e indistintamente a

todos los estamentos sociales. Se trata, pues, de una de

esas fantasías a las que gustan de aferrarse los modernos

occidentales para adquirir así una absurda sensación

de seguridad. No nos detendremos aquí en argumentaciones

para demostrar que nada tiene que ver el

caudal de conocimientos técnicos de un individuo con

su cualificación moral. Se trata de algo tan obvio que

pretender demostrarlo resultaría ridículo. Tampoco

convendrá insistir en que detrás de todo proyecto de

dominación, sea cual fuere su naturaleza, siempre se ha

encontrado un nutrido elenco de científicos. Eso es

pura evidencia, y algo con lo que cuentan quienes se

dedican a planificar el futuro, como gusta de hacer el

ínclito Rockefeller: "de lo que se trata es de sustituir la

autodeterminación nacional que se ha practicado

durante siglos en el pasado por la soberanía de una

élite de técnicos y de financieras mundiales". Pero como

quiera que la más flagrante realidad no es prueba para

los necios, tal vez sea oportuno acudir a un testimonio

autorizado. Y ninguno mejor que el de alguien que

haya conocido el mundo científico desde dentro.

Afortunadamente, y pese a ser ésta una época de hipocresía

y de parodia, nunca falta la excepción a la

norma, excepción que en este caso está representada

por el que fuera premio Nobel de Biología, James D.

Watson. Bajo el título "La doble hélice", este biólogo

publicó una obra en la que aparece fielmente retratada

la élite de la comunidad científica, cuya primera respuesta

fue tratar de impedir su publicación,lo que no

pudo conseguir, dedicándose entonces a boicotearlo

por todos los medios a su alcance. Y lo que se encuentra

a medida que se van desgranando las páginas del

libro en cuestión no es otra cosa que individuos sin

escrÚpulos enfangados en una pugna de vanidades, de

poder y de recompensas económicas, una camarilla de

miserables, en suma, para quienes lo Único que cuenta

son sus ambiciones y rencores personales. Algo, por lo

demás, que no debería escandalizar a nadie, pues es la

tónica predominante en las altas esferas de todos los

ámbitos. En las altas, y en las menos altas también.

Pero no es sólo la integridad moral de la élite

científica lo que Watson pone en entredicho en "La

doble hélice". También su capacidad intelectual sale

malparada. Y bien puede valer una de sus frases como

muestra: "contrariamente a la idea popular sostenida

por los medios de comunicación y por las madres de

los sabios científicos, un número considerable de éstos

son, no ya mezquinos de espíritu, sino también completamente

idiotas". Esto Último es algo que, a buen

seguro, sorprenderá a muchas personas, para quienes

capacidad mental e inteligencia son una misma cosa,

aunque en realidad ambas cualidades tengan muy poco

que ver. Lo cierto, sin embargo, es que basta con oír las

opiniones de esos "genios" de la ciencia y de la tecnología (vgr los risibles delirios místico-progresistas de Eudald Carbonell. gran explorador de la prehistoria, pero pésimo filósofo)

sobre los asuntos de mayor trascendencia para

comprobar que la mayor parte de ellos reproducen los

mismos tópicos y las mismas sandeces que puedan

escucharse en cualquier ambiente social. Así pues

aunque sólo sea en esto, habrá que estar de acuerdo con el tal Watson.
22/06/2006 20:27 Enlace permanente.

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Autor: eliezer

nose si sera la pregunta que estoy buscando ok

Fecha: 08/06/2010 21:25.


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Autor: ginger

maso

Fecha: 07/08/2010 18:55.


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Fecha: 22/08/2011 04:08.


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Fecha: 22/08/2011 04:10.


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Autor: issa

no me convense

Fecha: 29/11/2011 22:21.


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