posindustrial

El final de una época y el inicio de otra. ¿Está usted preparado?

Retos ecológicos (1ª PARTE)

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A finales de los años sesenta y comienzos de los setenta del siglo XX, se definió el problema que, para muchos, debe guiar la praxis en la actualidad: el ecocidio (la destrucción del medio ambiente). El siglo XXI, auguran, será ecologista o no será. Pero así como el desafío ambiental/ecológico es problematizado, esos mismos años surge una personalidad síntesis de la época burguesa y del totalitarismo, patrón cultural fundamentalmente antiecológico: el narcisismo masificado, la libertad del ser humano mediatizada en función de los intereses del mercado. El siglo XXI aún no nace porque todavía no define sus características: individualismo consumista o ecosocialismo, derroche o frugalidad. Se puede argumentar que la ’dictadura del mercado’, sus manifestaciones políticas, económicas, artísticas, etc., son una muestra de que el siglo XX aún no concluye, que la mediatización de la cultura es el apogeo del siglo en cuestión. Difiero: las políticas neoliberales no demuestran la fortaleza del sistema capitalista, la manera como son aplicadas y mantenidas (desmantelando las estructuras Estatales que garantizaron en mayor o menor medida el bienestar social; otorgando subsidios a ciertos sectores; fortaleciendo monopolios; obstaculizando el comercio equitativo y el pleno empleo, etc.) expone su debilidad e inconsistencia, de hecho, son la inflexible reacción de organismos financieros y partidos conservadores del primer mundo al colapso económico de la década de los años setenta. Por otra parte, desde los años sesenta una nueva sensibilidad social, crítica de los excesos del totalitarismo, está presente en el arte, la filosofía, las ciencias sociales, algunas organizaciones políticas e incluso empresariales: se habla de derechos de la mujer, de igualdad, de emancipación.

Todo cuestionamiento es señal de crisis. El siglo XX murió joven, dejando más preguntas que respuestas. El período actual es un umbral sin nombre con muchos calificativos (sociedad posmoderna, sociedad tardomoderna, capitalismo tardío, sociedad de consumo, sociedad de la información, sociedad posindustrial), definido a partir de la negación, no de la propuesta. Las muertes prematuras son las que más impactan.

En este ensayo intentaré demostrar que la indefinición que vivimos se debe a un vacío teórico. La noción que pretende erigirse como el paradigma del siglo XXI ha sido mal construida: el desarrollo sostenible no problematiza la esencia del siglo XX, el fundamento de la civilización contemporánea: el uso del petróleo y su finitud. La sociedad global no depende de la biosfera, sino de la litosfera: no es una civilización creada a partir de los procesos naturales, sino de sistemas políticos y tecnológicos elaborados gracias al fácil acceso a los hidrocarburos existentes en la corteza terrestre. La reflexión sobre la sostenibilidad debe enriquecer su enfoque biologista/ecologista (la capacidad de carga del planeta) considerando el factor energético neguentrópico (la capacidad de organización y resolución de problemas de un sistema social) y cientificotécnico (la capacidad humana de crear productos sintéticos y de regenerar o restaurar la naturaleza). Si bien la degradación ambiental es en buena medida consecuencia del uso del petróleo, el mantenimiento de los asentamientos humanos en la actualidad depende de él. Los límites del crecimiento (de la industrialización) no están en el deterioro de la Tierra, sino en la escasez del recurso que ha permitido su expansión: la humanidad sufrirá realmente los efectos del ecocidio (agotamiento de recursos, pérdida de la biodiversidad, contaminación, erosión) cuando carezca de: 1) energía para activar las máquinas que reemplazan los procesos naturales y transfieren, restauran o ’maquillan’ los daños ambientales; 2) los elementos que permiten crear productos y alimentos sintéticos; 3) el sistema político que gestiona la resolución de problemas. Para la sociedad industrial el petróleo es tan vital como el agua, es un error no problematizar su agotamiento: el siglo XXI será testigo del fin de la sociedad del hidrocarburo.

La redefinición del problema de la sostenibilidad (teorización de una sociedad pospetróleo considerando la degradación socioambiental, nuestra dependencia de la litosfera, los límites del mundo y las perversidades y fragilidad del sistema neoliberal) exige plantear modelos (sociales, políticos, económicos, ambientales, culturales, etc.) que partan de un análisis de las posibilidades energéticas/tecnológicas y de los marcos ideológicos existentes. 

El problema de la sostenibilidad debe redefinirse considerando el factor ’petróleo’, principal recurso energético y materia prima base de la producción de alimentos en las sociedades industriales. Hablar de petróleo es hablar de complejidad social, de orden (Estado), de bienestar, de subsistencia, de extracción de minerales, de alimentos, de agua. La sociedad global depende de la industria energética y la petroquímica, no de bosques prístinos y manantiales transparentes.

Crítica al discurso del ’desarrollo sostenible’
 

No hay en la actualidad gobierno, empresa, organización no gubernamental, universidad o instituto de investigación que no haya hecho suyo el concepto desarrollo sostenible. Este desiderátum global, fruto del pensamiento ambiental y progresista surgido en la década de 1960, busca armonizar las prácticas del desarrollo (crecimiento económico y bienestar social) con la conservación de los recursos naturales y la biodiversidad y la gestión de un medio ambiente sano teniendo en cuenta las necesidades de los que habitan la Tierra en el presente y de los que vivirán en el futuro. Discurso integrador: pretende superar las pugnas existentes entre los diferentes sectores y movimientos sociales, partidos políticos, gobiernos y organismos empresariales. Discurso camaleónico: adquiere el color de quien lo utiliza.

La propuesta del desarrollo sostenible es formulada oficialmente en

1987 por la Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo (CMMAD) (constituida por el secretario general de las Naciones Unidas en 1983) a través del documento titulado Nuestro futuro común (conocido también como Informe Brundtland). La idea es hacer sostenible el desarrollo, crear una nueva era de crecimiento económico para solucionar los problemas del mundo, principalmente de los países subdesarrollados. Para la CMMAD, los límites a este proyecto son humanos: la tecnología y la organización social; el desafío es mejorarlas y gerenciarlas para no sobrepasar la capacidad de carga de la biosfera y efectuar una gestión eficiente. Nuestro futuro común define el problema, el Programa 21 (Agenda 21), estrategia internacional presentada en 1992 durante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (Cumbre de la Tierra) celebrada en Río de Janeiro, ratificada en 1997 en la XIX Sesión Especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas (Río+5) y en 2002 en la Conferencia Mundial sobre Desarrollo Sostenible celebrada en Johannesburgo, establece las medidas a seguir para instrumentar las políticas recomendadas. Los ejes del programa: globalizar y mantener el modelo económico basado en el comercio internacional; la cooperación; la transferencia de tecnología; la educación.

Ahora bien, el sentido del problema de la sostenibilidad ha cambiado con el tiempo. Si la mirada actual impulsa el crecimiento económico, la visión existente a principios de los años setenta era radicalmente diferente, de hecho sugería un freno al crecimiento. Los autores de Los límites del crecimiento buscaban definir un modelo que representara un sistema mundial que fuera sostenible sin un súbito e incontrolable colapso, capaz de satisfacer las necesidades materiales básicas de todos sus habitantes, por lo que invitaban a tomar medidas enérgicas para evitar una situación que pudiera comprometer la convivencia pacífica y la supervivencia humana durante la segunda mitad del siglo XXI; la clave del proyecto: aplicar controles deliberados al crecimiento, tanto poblacional como económico. El último capítulo de la obra expone ideas relacionadas con el estado de equilibrio global (estado estacionario o crecimiento cero), cuya definición básica consiste en que la población y el capital sean esencialmente estables, para lo cual se debe mantener un equilibrio cuidadosamente controlado de las fuerzas que tiendan a aumentarlos o disminuirlos. Esta propuesta ha sido duramente criticada por conservadores y progresistas; si bien se ha logrado controlar el crecimiento poblacional en algunos países (a pesar de la oposición de organizaciones religiosas, destacando la Iglesia Católica), frenar el crecimiento económico es considerado indeseable, ya que, se argumenta, es la base para superar la pobreza y transitar a sistemas tecnológicos no contaminantes y más eficientes en el uso de energía y recursos naturales. Sin embargo, la crítica al crecimiento económico ininterrumpido ha cobrado nueva fuerza. El modelo neoliberal es identificado como la causa de los problemas que pretende solucionar. Las reformas estructurales que impulsan el libre comercio –fundamento teórico del crecimiento económico– provocan una mayor degradación ambiental y aumentan tanto la miseria como la inequidad social. Un PIB alto no es garantía de sostenibilidad. El Programa 21 presenta una contradicción que no puede pasarse por alto: en el parágrafo 24 del capítulo 2 (Cooperación internacional para acelerar el desarrollo sostenible de los países en desarrollo y políticas internas conexas) señala la necesidad de acelerar el crecimiento económico para aumentar el consumo; mientras que en el parágrafo 3 del capítulo 4 (Evolución de las modalidades de consumo) identifica como las causas principales del deterioro ambiental mundial las modalidades industriales de producción y consumo... Ya en 1973 Angus Hone advertía sobre los riesgos del comercio internacional como política de desarrollo: 1) las políticas proteccionistas y el ritmo de crecimiento de las economías desarrolladas serán las determinantes clave del crecimiento de las exportaciones de los países subdesarrollados; 2) los precios unitarios de las exportaciones, ya sean alimentos, fibras, metales o productos manufacturados, tenderán a caer si un número considerable de países en desarrollo adoptan las políticas ’racionales’ que fomentan la exportación. No sólo factores sociales y ecológicos, sino económicos, evidencian los límites del modelo exportador.

La visión del estado estacionario parte de otra racionalidad: busca garantizar las necesidades materiales a un cierto nivel dentro de los límites ecológicos y energéticos, no maximizar el consumo; hace una crítica a las carencias y –aquí marca su diferencia con la racionalidad instrumental– a los excesos.

El problema de la sostenibilidad es definido a finales de los años

sesenta y principios de los setenta bajo una perspectiva biologista/eco-

logista (las ciencias sociales comienzan a analizarlo sistemáticamente en la década de 1990). El tema es la ecología humana: cómo las poblaciones humanas afectan la capacidad de carga (carrying capacity) de los ecosistemas, por lo que se investiga el impacto y los efectos de la expansión de la sociedad industrial. Los estudios realizados advierten sobre el riesgo de un colapso global a largo plazo debido al agotamiento de recursos y a la contaminación. La lista de asuntos a resolver es larga: sobrepoblación, desertificación, deforestación, contaminación (atmosférica, de mantos freáticos y océanos, de suelos), manejo inadecuado de recursos renovables, agotamiento de recursos no renovables, pérdida de la biodiversidad, sustancias tóxicas y radiactivas, calentamiento global, crecimiento desordenado de los asentamientos humanos... La interrelación de estos problemas con aspectos económicos (pobreza, desempleo, inequidad), sociales (alimentación, salud, vivienda, educación, marginación) y políticos (democracia, autonomía, acceso a la información) dificultan aún más la construcción de acuerdos para buscar soluciones a nivel local, regional, nacional y global. Además de la falta de voluntad política y financiamiento, se carece de un marco epistemológico que permita definir y entender esta complejidad. La perspectiva biologista/ecolo-gista llega a su expresión más alta, bajo mi perspectiva, con la herramienta (indicador) de medición del impacto humano en la Tierra propuesta por Mathis Wackernagel y William Rees: la huella ecológica –definida como la superficie de tierra y agua biológicamente productivas que requiere un individuo o una población, usando tecnología convencional, para obtener los recursos que demanda y para que se asimilen los desechos que genera; está en función de los valores humanos, las expectativas materiales, el ingreso y el nivel tecnológico o metabolismo industrial (cantidad de energía y materia utilizada para fabricar bienes y prestar servicios).


28/06/2006 22:35 Enlace permanente.

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Autor: nicolas

les falta aprender

Fecha: 03/07/2007 17:21.


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Autor: ELSY

me parese q es una informacion muy buena la q estaan presentando en esta pagina espero q nos sigan brindado una muy buena informacion

Fecha: 03/10/2007 22:59.



Autor: GEP durmiente

Gracias...

Fecha: 07/10/2007 10:44.



Autor: Anónimo

ORGANIZACION BIOLOGISTA

Fecha: 07/05/2008 00:52.


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Autor: manolito

estoy leyendo Sociedad postindustrial y lo considero un libro de interes para la salud terrestre.Muy directamente marca a los culpables de la actual situacion, la cura,y el camino hacia la no destruccion del modo de vida humano. Ni la burguesia y menos aun las grandes compañias multinacionales les va a parar nada, pero que se difundan sus hechos y responsabilidades me parece el ultimo suspiro sincero de quienes tenemos que sufrirlo y pagarlo.El mal ya está encaminado y su destino es la destruccion total de las especies de superficie, y en estas incluiremos, grupos etnicos, pobres extremos,y especie mas vulnerables humanas.El capital y sus servidores, la burguesia, la nobleza, el totalitarismo, la injusticia,el desempleo,la hambruna y la guerra social de unos contra los que nada tienen, es lo que terminará con las especies creadas para servirse de ellas y que hoy ya no les valen.Se puede asesinar con balas y bombas y tambien con hambre, desempleo,y sometimiento a condiciones de vida infrahumanas. Ustedes creen que se puede vivir con una pension de invalidez de 197,60 €? y además comprar la medicacion crónica que cuesta 50 €.Pero éstos donde viven? en los mundos de Yupi?.La desproporcion social ha creado unos efectos indeseables y paradojicos y el establecimiento de fines se apoyan en unos medios que ya en el siglo XVIII eran injustos.Va a terminar siendo verdad que los ricos viven en el cielo y los pobres en el infierno.No que vayan si no que vivan, si es que llegan a vivir o supervivir a esta IIIª Guerra Mundial.Como encuentren un planeta con vida en el sistema solar,se va todo al garete.

Fecha: 16/04/2010 19:35.


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Autor: aadriiaaniitaa...

me ha servido de mucha ayuda este doc. muchas gracias...

Fecha: 26/10/2010 18:09.


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