posindustrial

El final de una época y el inicio de otra. ¿Está usted preparado?

Sectas en “el fin del mundo”

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Cuando empiecen a ponerse las cosas feas de verdad, habrá quien se aproveche de los incautos.

 

El rebote del  nihilismo y del hedonismo va a ser brutal; la reacción está empezando, desde la ofensiva vaticana, hasta la pseudo-alternativa de los Códigos da Vinci.

En el contexto nihilista en el que están inmersas las sociedades modernas nada tiene de extraño el aumento de la frustración y, como consecuencia, del número de personas que vuelven sus ojos hacia lo religioso, o para ser más exactos, hacia lo prodigioso, defraudadas por no haber logrado acceder a la felicidad que el paraíso consumista parecía ofrecerles. Sería equivocado, sin embargo, calificar de espiritual la naturaleza de este impulso, puesto que no siempre lo es. Muy al contrario, el objetivo en muchos casos no suele ser otro que alcanzar por conductos no convencionales la riqueza y el éxito hasta entonces esquivos, recurriendo para ello a la vía sobrenatural. Si hay más pobreza y privaciones en el futuro, junto con desastres “naturales” más frecuentes y caos social, ya podemos imaginar lo que medrarán.

(...), lo que buscan en la actualidad buena parte de las personas que acuden a los consultorios de videntes y magos, o se adscriben a algún nuevo culto, no es otra cosa que resolver sus problemas materiales, es decir, alcanzar la dicha aquí y ahora, y casi siempre, además, a través de los medios usuales establecidos al efecto: el dinero, el éxito y el poder. Su supuesta religiosidad obedece a razones predominantemente utilitarias, y tiene muy poco de afán trascendente. Esto es especialmente habitual en los adultos, aunque entre los más jóvenes sí pueda advertirse con más frecuencia una búsqueda sincera de lo que el mundo moderno no les ofrece.

Así están y, previsiblemente, así continuarán las cosas mientras la bonanza económica perdure. Todo apunta, sin embargo, a que el deterioro de la propia situación material que ya se observa proseguirá su curso, e incluso de manera acelerada a poco que algún percance lo propicie, en cuyo caso las actuales circunstancias experimentarían un notable cambio. Pues en coyunturas de grave incertidumbre, en las que todo parece tambalearse, el sentimiento religioso, como todos los de elevada naturaleza, suele ser la apariencia bajo la que se manifiestan realidades muy distintas, como la desesperación o el miedo, lo que hace que tales situaciones sean especialmente idóneas para los manipuladores. Es probable que en un futuro de colapso económico el integrismo cristiano y las sectas de pirados hagan su agosto en la podrida Europa, hasta el punto de que los islamistas barbudos parezcan colegialas en un patio de recreo.

 

Tras esta breve. introducción, vamos al análisis de los distintos cultos y sectas que se encuadran en este fenómeno, al que muy bien podría calificarse como espiritualidad de consumo.

Lo primero que conviene matizar al hablar de los grupos sectarios es que, siendo su objetivo inmediato siempre el mismo, existen connotaciones que distancian a algunos de ellos de los demás. En efecto, aunque la obtención de dinero constituya el denominador común, no todas otorgan el mismo destino a sus ingresos. Así, mientras que en una mayoría de casos el dinero únicamente supone para sus dirigentes un medio de acceso a un alto nivel socio-económico, en algunos otros sólo es el trampolín para alcanzar metas aun más ambiciosas que se resumen en una palabra: poder.

(...)será preciso detenerse con especial atención en la sociedad norteamericana, donde han surgido muchos de ellos y donde se manifiestan con mayor intensidad que en ninguna otra parte (y no por casualidad).

Un primer bloque, el más numeroso y arraigado en aquel país, lo constituyen las iglesias de los cristianos re-nacidos, tam­bién conocidas como iglesias del vídeo y de la televisión, por ser éstos los medios a través de los cuales han alcanzado una difusión espectacular. Sus adeptos suelen ser personas de economía modesta, cuyos objetivos se cifran en alcanzar el bienestar y el éxito material por la vía del prodigio sobrenatural.

Al igual que en las corrientes protestantes clásicas, el mensaje de este tipo de sectas se corresponde con lo que ha dado en denominarse el evangelio de la riqueza, en virtud del cual el bienestar físico y el triunfo económico son dones que Dios concede a sus elegidos. Concepto que constituye, a todas luces, una flagrante falsificación del cristianismo, aunque todavía veremos otras aún mayores. En consonancia con esta mentalidad, los dirigentes del protestantismo evangélico no se recatan en llevar una vida ostentosa, que es tolerada e incluso bien vista por sus fieles, quienes, al fin y al cabo, aspiran a lo mismo. Más aún, la mayoría de ellos piensan que si sus pastores no vivieran mejor que el ciudadano medio .es que algo marchaba mal. Nada seduce más a quienes buscan el éxito material que el propio éxito. El líder ha de ser, por lo tanto, un triunfador, pues sólo quien triunfa en su vida puede indicar a los demás el camino a seguir.

Como consecuencia de todo lo dicho, las prédicas y los sermones de estos farsantes de la fe están plagadas de historias que dan cuenta de cómo individuos salidos de la nada se han enriquecido gracias a su firme creencia en Dios.[Lo que no entiendo es cómo Larry Flint y otros notorios ateos están también forrados]

 Para imitarlos y recorrer, el mismo camino, Jerry Fallwell, cabecilla de una de estas iglesias, pide a sus seguidores que entreguen el 10% de sus ingresos, afirmando que "Cristo no ocupa el corazón de un hombre hasta que no tiene su cartera". Nada más oportuno que recordar aquí ese conocido aserto según el cual "los romanoshicieron del cristianismo una buena religión, los alemanes una buena teología, y los americanos un buen negocio".

 


Como es fácil de suponer, cuanto mayores sean los poderes de un predicador, mayores serán también sus beneficios. Las curaciones milagrosas juegan, por ello, un importante papel en este lucrativo negocio, y ningún medio mas idóneo para obrar milagros fraudulentos que la televisión. Gracias a ella, los predicadores de las ondas ya no tienen que recurrir a trucos de prestidigitación, como se ven obligados a hacer los que actúan en público. Así, mientras invoca la ayuda de Jesús para resolver los problemas financieros o físicos de sus fieles, lo que es común en los espectáculos evangélicos, el pastor suele recibir "la revelación", y empieza a ver cómo se curan distintas dolencias o se resuelven determinadas dificultades económicas a lo ancho de todo el país. Dado que los programas de este tipo son vistos por millones de personas, nada tiene de raro que alguna de ellas mejore de sus dolencias o resuelva sus apuros monetarios coincidiendo más o menos con el programa de turno. Su agradecida reacción será llamar a la emisora para contar el "milagro", que el equipo comercial del predicador se encargará de divulgar oportunamente. Aunque parezca inaudito, estos fraudes son posibles; basta para ello con que haya, de un lado, un osado sin escrúpulos, y de otro, un montón de personas con el obsesivo deseo de mejorar sus condiciones materiales.

Un segundo grupo de este entramado pseudoreligioso estaría integrado por un cúmulo de sectas cuya inspiración proviene de la más variada gama doctrinal. Figuran entre ellas algunas escuelas dedicadas a la práctica de diversas técnicas de control mental, que han evolucionado hasta convertirse en movimientos casi religiosos, como es el caso de la Cienciología. Pese a su gran diversidad, lo que todas tienen en común, además de constituir un lucrativo negocio para sus dirigentes, es un enorme potencial destructivo, cuyas consecuencias inmediatas sufren los infortunados que caen eh sus redes. Ya no sólo se trata de que les estafen, como en el caso de las iglesias evangélicas, sino de algo mucho peor. Y es que no solamente son explotados hasta extremos rayanos en la esclavitud, sino aniquilados como personas y convertidos en autómatas mediante técnicas muy precisas de lavado de cerebro. Y como telón de fondo, al margen de las circunstancias subjetivas propias de cada caso, la misma causa originaria de siempre: el inmenso absurdo de un sistema de vida que no genera sino alienación, desesperación y extravío.

Los nIños de Dios, Hare Krishna, la Misión de la Luz Divina, Bhagwan Rajneesh y el Movimiento Moon son algunas de las sectas más relevantes de este grupo. Aunque no podremos detenernos en el estudio detallado de las peculiaridades de cada una, sí convendrá dedicar algunas líneas a la citada en último lugar, el Movimiento Moon, no sólo en razón de la envergadura que ha adquirido, sino fundamentalmente por la especial naturaleza de su ideología.

Fundado por el coreano Sun Myung Moon, su doctrina proclama ua especie de sincretismo en el qu se entremezclan @l cristianismo, el budismo, el hinduismo y un conglomerado de conceptos espiritistas y ocultistas, raZón por la que también se autodenomina Iglesia de la Unificación. Para llevar a cabo una aproximación a los conceptos de esta secta, nada mejor que acudir al propio manual de su doctrina, que, entre otras cosas, dice: "los cristianos creen que el Mesías debe ser pobre y humilde, pero él no vino para eso. El Mesías debe ser el más rico. Sólamente él está capacitado para tener el dominio de todas las cosas. De lo contrario, ni Dios ni el Mesías pueden ser felices".

Por si lo anterior fuera poco, la doctrina Moon considera que Jesucristo, pobre, perseguido y finalmente crucificado, fracasó en su misión, motivo por el cual preconiza un nuevo advenimiento mesiánico, asegurándose, eso sí, de que esta vez se vea coronado por el éxito. Los métodos y medios a emplear poco importan cuando se persigue tan elevada causa.

De manera que la muerte redentora de Jesucristo constituye, para la ideología Moon, el fracaso de Dios; fracaso que el fundador de la secta y sus acólitos pretenden subsanar levanfando un inmenso imperio económico que sirva, a su vez, de trampolín para alcanzar el poder, lo que evitará que Dios fracase de nuevo. Tal es su concepto de la grandeza y omnipotencia divina. Lógicamente, la pregunta obligada es: ¿quién, que no sea un demente o un desalmado, puede concebir que Dios necesite el dinero de los hombres, sus turbios manejos y el poder así conseguido para imponerse sobre el Mal?

Los miembros gregarios de esta secta invierten bastante más tiempo en incrementar la fortuna del reverendo Moon que enrezar o meditar. Sus agotadoras jornadas comerciales (entre 12 y16 horas diarias) y las tasas de ventas que se les exigen en nada envidian a las de los más agresivos vendedores profesionales. Al objeto de mejorar su eficacia, se les inculca la práctica del "engaño celestial", consistente en asegurar cuando venden o piden que el dinero será destinado a obras de caridad, lo que ayuda a ablandar el corazón de sus clientes. La obsesiva búsqueda de dinero para incrementar su poder la justifican los dirigentes de la secta afirmando que así preparan el advenimiento del nuevo mesías; la mejor forma de hacerlo, dicen, "es utilizar el dinero de Satán para construir el reino de los cielos". Sostienen, por último, que la victoria final del reverendo Moon se producirá por la lucha ideológica o, si es preciso, por la violencia, ya que los que no se sometan voluntariamente sufrirán el azote del napalm y del arma nuclear. Hay materia abundante para proseguir, pero no parece que sean necesarias más explicaciones.

Para terminar, un tercer grupo lo componen una pléyade de corrientes mentales, filosóficas y religiosas que conforman la espiritualidad de lo que ha dado en llamarse New Age (Nueva Era). Se trata de decenas de cultos y movimientos esotéricos, ocultistas y neo-gnósticos contenidos, pese a su disparidad, en un espacio ideológico común. Su mensaje, fuertemente impregnado por las doctrinas orientales Cinduismo, taoísmo, budismo), va especial­mente dirigido a aquellas personas que no encuentran satisfacción en las religiones tradicionales de Occidente, a las que responsabilizan d la situación actual.

El movimiento. Nueva Era, que nació,

 como no podía ser de otra forma, en los Estados Unidos (concretamente, en Nuevo Méjico) no supone otra cosa que una traslación de la mentalidad post-moderna al terreno espiritual. El tipo de personas que frecuentan estos círculos

raramente buscan una fórmula milagrosa para lograr el éxito socio-económico (comó ocurre en otras sectas) por la sencilla razón de que la mayor parte de ellas ya lo han conseguido. Estas corrientes, mucho más elitistas y minoritarias que las anteriores, se nutren principalmente de gentes acomodadas. A ellas acuden yuppies, profesionales del espectáculo y del mundo artístico, intelectuales vanguardistas, personas adineradas y, en general, la burguesía postmoderna, que descontenta y de vuelta ya de los placeres materiales, busca una nueva vía de satisfacción más allá de lo estríctamente sensorial.

 

La base filosófica de este neoespiritualismo es profundamente individualista. Cada cual debe aplicarse la doctrina que más le convenga. Los expertos en New Age aseguran que las propuestas espirituales se irán multiplicando en los próximos decenios, todo ello muy acorde con la dispersión característica de estos tiempos. Se trata de encontrar la felicidad individual dentro de uno mismo, pero de una manera muy concreta, presente y terrenal, aunque todo se esté desmoronando alrededor. Se trata, en suma, de una modalidad adulterada de las ya muy desvirtuadas doctrinas orien­tales, cuyo proceso de desfiguración se completa al trasladarlas a la mentalidad predominante en la actualidad. Como en breve veremos al reproducir el pensamiento y las prácticas de sus más destacadas figuras, la pseudoespiritualidad de la Nueva Era consiste, salvo contadas excepciones, en una especie de panteísmo hedonista que rinde culto a la vida biológica como un fin en sí misma, y no en razón de su trascendencia metafísica. Nótese el enorme parecido entre la New Age ocultista y la hipótesis Gaia de Lovelock, ese ecologista tronado defensor de la energía nuclear.

De todos modos parece que con la creciente crisis político económica y sobre todo tras el 11S la New Age está perdiendo mucho fuelle, mientras que las sectas cristianas se han crecido.

Luego están los neopaganos en Europa del Norte sobre todo. En principio, no tiene nada malo vestirse de vikingo y hacer rituales folclóricos para el que gusten esas cosas, pero el problema es que el asunto puede derivar en ocasiones hacia movidas ideológicas, ejem...problemáticas. La fuerte inclinación hacia las doctrinas orientales se acompaña en Europa de una fiebre esnobista por revitalizar ciertas tradiciones paganas, en las que las fuerzas de la naturaleza son objeto de adoración. Con estos cultos ha florecido igualmente el politeísmo, lo que constituye una prueba más de la dispersión y regresión características de la época moderna, patentes en este ámbito como en todos los demás. En los peores casos, hay una creciente moda por lo satánico que desborda los tradicionales grupúsculos necrománticos. O directamente se va a lo neonazi con ropajes esoteristas (o al nazi-satánico-pagano-esoterismo!). Huelga decir lo que pueden hacer estos dementes en momentos de crisis general.

No entramos en lo que es el submundo de las sociedades secretas porque no es el tema de esta web, y porque su estudio está muy mediatizado por paranoias políticas (la derecha acusa a sociedades secretas “izquierdistas” y la izquierda sólo señala a las de “derechas”, aunque todo grupo en la sombra sólo tiene una ideología: el poder sin apariencia de tal). Recomendamos un entretenido libro llamado “Las sociedades secretas en la cita del Apocalipsis” de Jean Robin; para quien aguante términos en lenguas muertas y demás.

A diferencia de tenebrosas conspiraciones, hay un grupo de poder fáctico que se exhibe a la luz del día. Tiene su sede en Roma; muchos de sus enterradores han caído antes que  este “imperio romano” a su manera. En efecto, la Iglesia católica parece un titanic en perpetuo naufragio, que nunca termina de hundirse. Es evidente que la Iglesia Católica (y en mayor medida aún casi todas las iglesias surgidas de la reforma protestante) ha vulnerado la esencia del

mensaje evangélico que sale en la biblia (haya sucedido tal cual se cuenta o no la vida de Jesús), tirándose piedras al propio tejado. Ahí está su abyecta alianza con los poderes económicos y políticos, alianza que ha hecho de la religión un instrumento de opresión, cuando su finalidad original era exactamente la contraria.

(...) Por sus chanchullos, no puede extrañar el descrédito actual de la Iglesia Católica y, por extensión, de lo que ésta representa, lo que es mucho más lamentable. Aunque no existiesen intereses anticristianos en gran parte de la sociedad actual, la propia Iglesia se haría propaganda negativa con su práctica cotidiana. Y no me refiero a los casos de pederastia, que haberlos haylos, sino a su doble rasero en cuanto toca los temas económico-sociales.

Por el momento, la connivencia a la que antes aludíamos llega a tales extremos que a veces resulta complicado saber si la jerarquía vaticana simplemente colabora con el Sistema o, más allá de eso, forma parte del mismo. De dilucidar tal cosa será de que nos ocuparemos a continuación, aportando al efecto los datos necesarios para que cada cual extraiga sus propias conclusiones.

A veces parece que el Vaticano es un poder más del sistema, en cuanto a que se ha visto metido en el gran casino global (el caso Gescartera, vgr.), pero este análisis, casi siempre hecho por la izquierda anticlerical, no está tan claro como parece. Más parece que el Vaticano juega siempre a dos cartas, con un plan A visible (arrimarse al más fuerte de la actualidad) y un plan B en la manga (el recambio por si acaso). Antes de la II Guerra Mundial, Pío XI condenó explícitamente el nazismo (Mit breneder sorge), pero tenía buenas relaciones con Mussolini (aliado de Hitler). Pío XII aparentemente hizo buenas migas con los nazis, pero probablemente fue para salvar el pellejo de los polacos (esto no es nada heroico, pero aclara bastante el fondo de la política vaticana). Durante la Guerra Fría, el Vaticano mantiene el anticomunismo, pero la excomunión de Pío XII a la izquierda no impide después que Juan XXIII se acerque a sectores progresistas...Y así hasta llegar a Juan Pablo II, campeón del anticomunismo pero que se permite alguna crítica bajo mano al capitalismo (sin mucha bulla), como desmarcándose. Si mañana llega un nuevo totalitarismo o se colapsa el sistema, es probable que saquen del baúl de los recuerdos a Tomás de Aquino y todo lo medieval...Atención a Benedicto XVI.

Reducida la práctica religiosa a una serie de convencionalismos rutinarios, en nada se diferencian por su comportamiento y mentalidad la inmensa mayoría de quienes se dicen creyentes de los que no lo son. De hecho, el creyente habitual suele ser un individuo sustentado en un dios a su  medida que le exime de hacer el bien a cambio de una fe de conveniencia y algún que otro acto devoto. Actos devotos convertidos en un show exhibicionista, como sucede con la romería del Rocío, a la que van reconocidas fulanas y fantoches de la prensa rosa para salir en las revistas. O el caso de la procesión del Pilar de Zaragoza, en la que el personal en gran parte parece ir a una fiesta de disfraces, mientras pega gritos habla con el teléfono móvil y fuma sin parar

en tan piadoso acto mariano.

Por lo demás, quien desde la izquierda vea estos síntomas como señales del próximo hundimiento de la religión debería ser más perspicaz y percatarse que en el país de los ciegos el tuerto es rey. En la situación actual, el catolicismo y la religión en general es el tuerto; ha perdido mucho poder, pero sigue teniendo fuerza, y por lo demás en cuanto venga una crisis económica fuerte va a volver a la carga. Los ciegos son el resto de movimientos sociales, sean sindicatos, partidos, etc, cuya capacidad de convocatoria e influencia real son mucho menores de lo que se piensan.

Para cerrar esta ceremonia de la confusión, la Conferencia Episcopal española habla de persecución religiosa en cuanto se toca el tema de la religión en los colegios. Realmente, más parece que la progresía y el gobierno PSOE sean los perseguidos por una Iglesia que ya tira la piedra sin esconder la mano.

 
 

 
 

Indicios comunes a todas las sociedades en decadencia

 

1.      Erotismo difuso de la sociedad (sexo exhibido más que practicado).

2.      Obsesión por el espectáculo.

3.      Gusto obsesivo por el lujo.

4.      Incremento de los impuestos incesante.

5.      Culto al Estado o a sus jefes.

6.      Desprecio por la religión y las ciencias que no sean prácticas.

7.      Obsesión por el deporte y desprecio al intelecto.

Todo esto lo vemos en Roma imperial, en Bizancio,en la Roma contra la que clama Lutero, en la China de la dinastía manchú, en el mundo actual. Curioso ¿no?
30/06/2006 18:42 Enlace permanente.

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